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CULTURA|OPINIÓN

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Arte político en tiempos de pandemia

por 5 julio, 2020

Arte político en tiempos de pandemia

Bolsa de basura Rodrigo Cabezas (2020)

La imaginación es la apelación que nos hace la obra en cuarentena de Rodrigo Cabezas. Un dibujo muy reciente que circula por las redes sociales y que nuestro artista tituló Bolsa de basura. En el dibujo vemos una bolsa negra repleta con un contenido que no tenemos la más mínima chance de ver, apelando así a imaginar su contenido. Evidentemente, una bolsa de basura tiene por función contener aquello que no queremos conservar o que ha dejado de ser útil. La bolsa de basura es un elemento de asepsia y una imagen estética para evitar ver y oler lo horrible.
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Hay una interesante serie de dibujos dando vueltas por las redes sociales. Se trata de dibujos vectoriales que el artista Rodrigo Cabezas está realizando al ritmo de la pandemia, es decir, una tarea en un tiempo de letargo, de espera, de incertidumbre, un tiempo entre paréntesis. Tiempo lento de pandemia en contraste con el tiempo vertiginoso previo del pueblo chileno una vez que despertó el 18 de octubre de 2019.

Tiempo lento pero politizado en extremo. Tiempo lento que, por una parte, aprovecha el gobierno neoliberal para poner candado a cualquier posible puerta entreabierta que el pueblo pueda o sienta el derecho de abrir, como la posibilidad legal del retiro de fondos de las AFP, el congelamiento de cobros de servicios básicos, etc., cuestiones sensibles y necesarias para hacerle frente a la pandemia. Incluso, como hemos visto en estos días, el tiempo de cuarentena lo aprovecha Piñera para reducir aún más la ya escueta democracia chilena con la “ampliación” del poder presidencial para vetar o declarar admisible o no cualquier proyecto de ley. Admisibilidad que es, por ahora, de competencia del Parlamento. En otras palabras, agrandar legislativamente al presidente y achicar el Parlamento, en un juego político que no busca el equilibrio democrático, sino todo lo contrario, la asimetría en el poder, un acto político, por donde se le mire, antidemocrático.

Pero la cuarentena ha resultado reflexiva, creativa. La proyección de la palabra “HAMBRE” en un costado del edificio de la Telefónica por el colectivo de arte DeLight Lab la noche del 18 de mayo, fue un acto político social. De algún modo hizo más visible aún la extrema vulnerabilidad de las clases marginadas, en un momento en que muchos conciudadanos padecían lo peor de la exclusión: el neoliberalismo económico chileno defendido a ultranza por el gobierno de Piñera atravesó, dramáticamente, el límite de lo vital.

Tiempo lento, por otra parte, que el artista Rodrigo Cabezas en cuarentena aprovecha preparando las imágenes y los símbolos para no dejar de habitar, con la imaginación política, la Plaza de la Dignidad. Así lo demuestran sus bocetos digitales, una suerte de collages vectoriales que nos recuerda, a su vez, los collages y grafitis callejeros como parte de las manifestaciones populares de las protestas, un estallido de formas y colores que representa muy bien la transversalidad social de la revuelta. Son bocetos de comienzos de la cuarentena, momento en que los ciudadanos comenzamos el tiempo lento de un paréntesis de acción política callejera. Situación y tiempo que el gobierno usó para cubrir con pintura gris y beige las variadas y originales expresiones de arte-político en el centro de Santiago, un acto reaccionario de borradura de los símbolos populares, cuyas manifestaciones más radicales, algo así como ready-mades asistidos colectivos, son las intervenciones a los monumentos nacionales de próceres y patriarcas que, ahora sabemos, no representan a los ciudadanos.

Pero la cuarentena ha resultado reflexiva, creativa. La proyección de la palabra “HAMBRE” en un costado del edificio de la Telefónica por el colectivo de arte DeLight Lab la noche del 18 de mayo, fue un acto político social. De algún modo hizo más visible aún la extrema vulnerabilidad de las clases marginadas, en un momento en que muchos conciudadanos padecían lo peor de la exclusión: el neoliberalismo económico chileno defendido a ultranza por el gobierno de Piñera atravesó, dramáticamente, el límite de lo vital. La intervención urbana del colectivo Delight Lab fue de tal impacto mediático y periodístico, incluso de cobertura internacional, que el gobierno de Piñera mediante la ejecución del intendente de Santiago, ordenó, en extrañas circunstancias que se investigan, la censura de las proyecciones. Las intervenciones urbanas de los grafitis lumínicos de DeLight Lab en pleno centro de Santiago tuvo tal potencia política y social que el colectivo recibió incluso amenazas de muerte.

En ese contexto, los dibujos vectoriales de Rodrigo Cabezas nos resultan de notable significación en medio de la pandemia. Se trata de una serie de dibujos en blanco y negro que tiene como tema las políticas gubernamentales para paliar el hambre de los más vulnerables, como por ejemplo, la repartición (con una dudosa logística) de cajas de alimentos. Los dibujos de Cabezas ponen el acento en la “imagen gubernamental” mediante la cual se pretende blanquear la indolencia ante las necesidades vitales de los excluidos del sistema, y que caben en una caja de cartón. Apropiado para un presidente capitalista, minimizar los costos y maximizar la renta (política). Significativo es el dibujo de la caja de cartón de alimentos cerrada, cuestión que se nos presenta como una metáfora de la vida precaria y el recordatorio inexorable de lo finito.  En ese sentido, el artista se vincula de manera profunda con el género pictórico de las naturalezas muertas y el tema de la vanitas. Las naturalezas muertas nos presentan, desde Caravaggio a Warhol, una época determinada mediante su mundo objetual propio, y ver a través de ese mundo de objetos, una metáfora de lo efímero. En ese derrotero, la serie de “paquetes” de mediados de 1960s del pintor hiperrealista Claudio Bravo, nos inquieta al presentarnos una paradoja de la visión, es decir, vemos el tema de la pintura: unas hojas de papel sujetas con una cuerda o cintas adhesivas formando un paquete cerrado, pero nos inquieta no saber sobre su contenido. Aquí es donde entra la imaginación para abrir y encontrar las cosas posibles -e imposibles- que contienen esos paquetes. Precisamente, la imaginación es la apelación que nos hace la obra en cuarentena de Rodrigo Cabezas. Un dibujo muy reciente que circula por las redes sociales y que nuestro artista tituló Bolsa de basura. En el dibujo vemos una bolsa negra repleta con un contenido que no tenemos la más mínima chance de ver, apelando así a imaginar su contenido. Evidentemente, una bolsa de basura tiene por función contener aquello que no queremos conservar o que ha dejado de ser útil. La bolsa de basura es un elemento de asepsia y una imagen estética para evitar ver y oler lo horrible. Es un elemento de nuestro mundo objetual contemporáneo, sobre todo hoy como un elemento de contingencia sanitaria indispensable por el contexto de pandemia. Las bolsas de basura, además, tienen una inquietante relación con las bolsas asépticas de cadáveres, imagen redundante que lamentablemente se ha socializado por causa de la pandemia y la mala contención sanitaria del gobierno. Al parecer, y por las claves de nuestro específico contexto, el artista Rodrigo Cabezas promueve el uso de la imaginación política para proyectar nuestro deseo o fantasía de limpieza (social-política) en esa bolsa negra repleta y anudada, lista para el vertedero.

Juan Francisco Gárate. Licenciado en Arte PUC. Magíster en Filosofía Política USACH  

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