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Aluviones en Chile central: una lección sobre la (carencia de) resiliencia ecosistémica

por 5 febrero, 2021

Aluviones en Chile central: una lección sobre la (carencia de) resiliencia ecosistémica
Las contribuciones de los bosques y matorrales esclerófilos a las personas incluyen, entre muchos otros, la estabilización de suelos, mediante la formación de raíces profundas, lo que permitiría disminuir la probabilidad de aluviones ante episodios extremos como las lluvias del fin de semana recién pasado. Pero, lamentablemente, nos enfrentamos a ecosistemas históricamente degradados junto con políticas públicas incapaces de identificar a estos ecosistemas, y su diversidad biológica, como aquellos que contribuyen al bienestar y la seguridad humana. 
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Los aluviones ocurridos en el último episodio de lluvias que tuvimos en la zona centro-sur de Chile fueron de una magnitud pocas veces vista. Con precipitaciones de verano que no tienen registro alguno en los cerca de 150 años de datos meteorológicos que posee el país, resultaron en una serie de aluviones que afectaron principalmente a la localidad de San Alfonso y el Melocotón en el Cajón del Maipo. Con las tareas de reconstrucción en pleno proceso, este episodio no nos debe dejar indiferente. Siendo Chile uno de los países con los mayores índices de riesgo y vulnerabilidad climática, es necesario comenzar a plasmar en políticas públicas acciones concretas que permitan hacer de Chile un país más resiliente ante episodios extremos de clima, los que cada vez serán más frecuentes. 

Como país, debemos comenzar a discutir seriamente, a través de acciones basadas en evidencia científica robusta, acciones que permitirán en el futuro contar con ecosistemas resilientes, sociedades resilientes y una batería de herramientas que los mismos ecosistemas nos prestaban antes de haberlos perturbado a los niveles en los que los encontramos actualmente.

Pero ¿qué es resiliencia? Desde un punto de vista ecosistémico, la resiliencia podría ser entendida como la capacidad de los ecosistemas y sistemas socio-ecológicos de lidiar con perturbaciones. Dentro de este panorama, la ciencia ya ha identificado a la diversidad biológica como un componente relevante que permite otorgar a los ecosistemas de mayor resiliencia ante eventos como, por ejemplo, lluvias extremas. 

En este contexto, el escenario de Chile central y el ecosistema mediterráneo de esta zona emerge como uno de los ecosistemas más perturbados del país por la acción humana. Irónicamente, es también un punto relevante de conservación biológica planetaria por la cantidad de plantas únicas (endémicas) que se dan en esta región del país. La perturbación de estos ecosistemas se traduce, entre otras cosas, en bosques y matorrales degradados, valles y cerros con menor cobertura de vegetación lo que, en resumidas cuentas, produce una menor resiliencia de estos ecosistemas y sistemas socio-ecológicos ante eventos extremos. 

Si bien la vulnerabilidad de las poblaciones que allí viven se relaciona con temas como la planificación urbana y la identificación de zonas de riesgo, es necesario comprender que la diversidad biológica, en este caso los bosques y matorrales esclerófilos (formaciones vegetacionales típicas de Chile central) pueden otorgar de mayor resiliencia a los sistemas socio-ecológicos, como los presentes en el Cajón del Maipo. 

Las contribuciones de los bosques y matorrales esclerófilos a las personas incluyen, entre muchos otros, la estabilización de suelos, mediante la formación de raíces profundas, lo que permitiría disminuir la probabilidad de aluviones ante episodios extremos como las lluvias del fin de semana recién pasado. Pero, lamentablemente, nos enfrentamos a ecosistemas históricamente degradados junto con políticas públicas incapaces de identificar a estos ecosistemas, y su diversidad biológica, como aquellos que contribuyen al bienestar y la seguridad humana. 

La restauración de estos ecosistemas emerge indudablemente como una evidente solución basada en la naturaleza. Con costos probablemente menores a lo que pueden ser soluciones técnico-ingenieriles, reforestar con especies nativas y restaurar el ecosistema de Chile central permitiría en el mediano-largo plazo contar con una serie de servicios ecosistémicos que nos permitirían lidiar de mejor forma con episodios extremos de clima. 

Como país, debemos comenzar a discutir seriamente, a través de acciones basadas en evidencia científica robusta, acciones que permitirán en el futuro contar con ecosistemas resilientes, sociedades resilientes y una batería de herramientas que los mismos ecosistemas nos prestaban antes de haberlos perturbado a los niveles en los que los encontramos actualmente.

Matías Guerrero Gatica. MSc. Ciencias Biológicas, Universidad de Chile.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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