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CULTURA|OPINIÓN

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Libro de fotografía "La sopa derramada" de Luis Poirot: el testimonio que cualquiera quisiera fueren despojos del pasado

por 10 octubre, 2021

Libro de fotografía

Crédito: Luis Poirot

Las fotografías de Luis Poirot se han ido adaptando para transponer en ellas defectos y virtudes diversas, tanto así hasta convertirse en un campo imprescindible para el análisis de las prácticas artísticas actuales, y su malestar semiótico.
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«La imagen fotográfica es la reproducción analógica de la realidad y no contiene ninguna partícula discontinua, aislable, que pueda ser considerada como signo. Sin embargo, existen elementos retóricos (la composición, el estilo…), susceptibles de funcionar independientemente como mensaje secundario.»

Roland Barthes
La Cámara Lúcida

"La Sopa Derramada 1969-1973”, LOM Ediciones, del fotógrafo Luis Poirot, es un compendio de imágenes que sitúan a las ciudades de Nueva York (1961), Bolivia, Ecuador (1971) y Chile (1969-1973) en obras que no son sino el testimonio que cualquiera quisiera fueren despojos del pasado, nada más. Sin embargo, la miseria de la humanidad configura una estrategia estructurada y sincrónica que la hacen siempre inagotable.

El repertorio de imágenes –a veces elípticas, a veces metafóricas– nómadas del libro de Poirot se ve complementado por la tensión y el dilema de diferentes sinuosidades ontológicas que comprende el sugestivo racismo, la transtemporal pobreza y la sociedad chilena víctima de la masacre que inauguró el neoliberalismo latinoamericano.

Más allá de la esfera artística –imágenes en blanco y negro– y la identidad de la fotografía en cuestión, el objeto artístico no es una simple carnaza que seduzca a la avidez consumista de las hordas sonámbulas que ya infestan la memoria histórica y colecciones de arte contemporáneo. Ciegas ante el hecho de que la fotografía no es, ni tiene visos de llegar a ser, a diferencia del cine o de la música, una “industria cultural del imperio del píxel” el alterbiográfico de Poirot, quien celebra con su publicación cincuenta y ocho años detrás de la «cámara lúcida», es la palabra que se vuelve pictograma y la imagen, jeroglífico.

Verdades emocionales y literales

Cuarenta y ocho años después del golpe de estado cívico-militar, en una situación en que el arsenal militar existente podría haber destruido varias veces al país, resulta cada vez más evidente que dicho arsenal no solamente ha servido para contener eventuales ataques expansionistas extranjeros –“los elementos de disuasión”–, sino que ha funcionado –en la doctrina de seguridad del estado– como ”herramienta de persuasión” contra aquellos ciudadanos que confrontan el infierno final de la pobreza, la desigualdad y la falta de oportunidades.

En su personal introducción titulada «Desde mi Memoria», en tono confesional, Luis Poirot señala: «A comienzos de 1970, Allende se presentaba por cuarta vez a las elecciones presidenciales y la verdad es que poca era la certeza en su triunfo. Me ofrecí voluntariamente y sin honorarios para ser su fotógrafo en la campaña. Andábamos en un Peugeot 404 conducía su amigo-doctor-guardaespaldas Eduardo «Coco» Paredes, Allende a su lado y yo atrás con un par de cámaras. Hacía mucho calor ese mes de enero, mucha tierra y escasos árboles en las poblaciones que Allende recorría lentamente, explicando por qué no había que perder la esperanza. Era un verdadero profesor explicando las soluciones a ese presente ingrato. La Unidad Popular no existía todavía y él era solamente candidato del Partido Socialista. Al tiempo se formó la coalición de partidos de izquierda y llegaron recursos y expertos en campañas electorales. Me hice a un lado; no quería formar parte de esa cohorte».

Crédito: Luis Poirot

Más adelante recuerda, quien ha cumplido cincuenta y ocho años como profesional: "El 29 de junio se produjo la tentativa de golpe de Estado que se llamó 'El Tanquetazo' y que fue desarmada en persona por el general Prats. Como pude llegué esa mañana a La Moneda y por la puerta de Morandé me hizo entrar Coco Paredes. Yo no trabajaba en el gobierno, pero en mi cabeza siempre rondaba el fantasma de la guerra civil española relatado por un viejo dirigente anarquista refugiado en Chile. Pensé que había que documentar esos momentos. Era el único fotógrafo al interior de La Moneda y en algún momento Allende recorrió los pasillos del segundo piso, y al verme me dijo que me fuera, pues mi responsabilidad estaba con mi familia".



"La frustración y la ira acumulada por tres años de intentonas de la derecha habían rebasado los límites. La multitud gritaba «A cerrar el Congreso», «Descabezar las fuerzas armadas». Era una fuerza, supongo, parecida a la de aquel 14 de julio que terminó en Francia con la Bastilla y el régimen monárquico. Esa noche en la Plaza de la Constitución se quebró el largo diálogo entre Allende y su pueblo. Los llamados a la calma desarmaron la combatividad que había visto esa mañana, salieron a vender caras sus vidas con una bandera o un palo frente a los tanques, y ahora Allende les decía que gracias, pero que se fueran a sus casas".

¿Qué lecturas de las motivaciones del golpe de estado de 1973 son actualmente las hegemónicas dentro de los discursos políticos y mediáticos de distinto signo? El libro “La Sopa Derramada 1969-1973” impone a la mirada otra escritura, una gramática cultural que desafía la ortodoxia, por tanto, el catálogo propuesto no se expone como un espacio para el consenso, sino para el conflicto pues la violencia integra las estructuras imaginarias y simbólicas del fracaso intencionado de uno de los proyectos sociales y políticos más trascendentales de la vida republicana. Ello, tal vez, se explica porque las imágenes del golpe de estado diferencian entre la fotografía visceral, que se ocupa de las apariencias; la conductual, que mira el placer y la efectividad del uso; y el reflexivo, que se centra en la racionalización de la imagen. Aunque, huelga decirlo, ninguna funciona sola, están entrelazadas fuertemente con la estética, la cognición y las emociones.

Crédito: Luis Poirot

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