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CULTURA|OPINIÓN

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"La balada de Candy Lips y un poema en Bolivia": una poesía amorosa entre épica y lírica

por 23 noviembre, 2021

En boxeo existe el «entrenamiento de sombra», este consiste en pararte frente a un muro e intentar golpear la proyección de tu cuerpo, la que intercepta la luz. Así imagino a Santiago Elordi, en su refugio lejos de Chile, escribiendo esta balada, esta historia, esta novela reducida en poema. Lo imagino dando una batalla, tal vez desesperadamente, por el amor como motor y esencia de la condición humana.
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Cada tanto, Santiago Elordi se asoma de forma misteriosa y luego desaparece. O ni siquiera se muestra, soló deja un rastro, del que no tendríamos noción si no fuera por una entrevista casual en algún diario donde aún se publica cultura. O simplemente deja un libro, que cae en tus manos de formas igualmente extrañas. ¿Vuelve a su refugio lejos de Chile?

La forma de esta última aparición es un libro naranja de la editorial Pequeño Dios. Editorial que declara por misión: «rescatar a nuestros héroes olvidados y levantar a las nuevas voces que colonizarán América. Los imperios caen, pero los poetas y sus mundos imaginarios resisten.»

El libro naranja es “La balada de Candy Lips y un poema en Bolivia”, anteriormente había publicado las novelas "Seven" y "La Panamericana" en la editorial española La Huerta Grande, novelas injustamente ignoradas en el medio nacional. Y si las nombro es porque de una forma u otra están conectadas con la poesía del autor. “Ni adentro ni afuera” repite el protagonista de Seven, el viejo McGregor, como filosofía de vida.

No encuentro un registro en la tradición chilena ni latinoamericana de una poesía amorosa entre épica y lírica como es el caso de este libro. Estamos acostumbrados a una poesía de amor donde un hablante subjetivo vuelca sus sentimientos. Este no es el caso, Elordi juega en torno al mito del andrógeno, ese ser, separado en dos por la rabia de Zeus. Separado en hombre y mujer, generando una búsqueda eterna, donde acechan las posibilidades del fracaso. En la «Balada», la pareja es simultanea, no hay uno sobre otro. Es la historia de dos amantes en la ruta, expuestos a los desafíos de la existencia.

Es una defensa del a-mor (sin-muerte), en un contexto de relaciones líquidas sin compromiso. De cierta forma, se aferran al pasado, como insurrección a los tiempos de ahora.

Junto a Beltrán Mena en los tiempos de Noreste: La vida peligrosa.

Sin mapas, sin radar ni carta astral
Sacamos algunas conclusiones:
De nada sirve prender velas
conocerse a sí mismo
de nada sirve subir
las pirámides Maya Quiché
si no tienes o llevas un amor en la ruta.

Con un ritmo sincopado, desprovisto de restricciones métricas o rimas rigurosas, nos damos cuenta que esa cadencia nos transporta como lectores a la sensación de viaje. Sentimos la sucesión de acontecimientos, de cambio de lugar, a veces de tiempo. Pero no basta con la sucesión de instantes. De fondo, en esa segunda dimensión que subyace bajo las imágenes, se desarrolla un proceso cuya unidad solo puede captarse mediante la experiencia interior. La complementariedad del viaje y el amor, en el sentido de la poesía trovadoresca, pero de forma moderna, de geografías reconocibles y a veces distópicas.

Éramos peregrinos del ansia
{...}
Abajo las ciudades sangran, cariño
Nos dijimos y bajamos a mirar.
Eran chicos máquinas
Aplastados como bolsas en la carretera

En "La balada de Candy Lips", como en "Un poema en Bolivia", la pareja sobrevuela un contexto geopolítico inestable, causado por el propio hombre. Sobrevuela los desastres ambientales, la intrusión de la tecnología en nuestra vida, la ubicuidad financiera, la deshumanización. No en busca de respuestas o soluciones. Es el viaje de los amantes (de todos los que quedan) a pesar del contexto, donde hay mito, leyenda, metafísica y paisaje. Los cuales aún son capaces de generar un canto, una canción reducida en poema.

Eso es lo que hace Elordi, describir el viaje de una pareja de amantes, recordándonos que hay una relación indisoluble entre escritura y amor. Lo que no es poco en estos días, cuando la escritura se ha volcado hacia la búsqueda de certezas, de corrección moral y la forma de expurgar nuestras faltas del pasado.

Los amantes no siempre se salvan, o muy pocas veces lo logran, pero en ese viaje hay algo necesario y liberador. Corren en contra del castigo de los dioses, en busca de “atiy”, “poder” en quechua. En busca de la posibilidad de ganar una batalla, no así la guerra. Y de esta forma, pasan a ser parte de la intemporalidad de los mitos.

Fue horroroso lo que vi.
Mi amor se desmaterializó en el aire
Desapareció entre nubes y estallidos.
Y sin ella la nave se hizo inmensa
Se volvió incontrolable.

(...)
Es la manera de recordar
que anduvimos buscando atiy
De no dejarse alcanzar, desaparecer con el fuego.



 

Diego Maquieira, John Ashbery, Santiago Elordi. Nueva York

 

En boxeo existe el «entrenamiento de sombra», este consiste en pararte frente a un muro e intentar golpear la proyección de tu cuerpo, la que intercepta la luz. Así imagino a Santiago Elordi, en su refugio lejos de Chile, escribiendo esta balada, esta historia, esta novela reducida en poema. Lo imagino dando una batalla, tal vez desesperadamente, por el amor como motor y esencia de la condición humana.

Mi historia, tu historia, nuestra historia.
Y nunca más se volverá a contar.
Tras los sueños merecemos el silencio.

 

Ficha técnica:
La Balada de Candy Lips y Un poema en Bolivia.
Pequeño Dios Editores -Serie Popular
49 pág.

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