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“Dos gardenias y otros cuentos” de Eduardo Contreras: la cadencia de un bolero CULTURA|OPINIÓN

“Dos gardenias y otros cuentos” de Eduardo Contreras: la cadencia de un bolero

Rita lo bautiza como Harry Belafonte. Lo cita a su casa e inician una relación marcada por la experiencia de ella y la casi ninguna de él, en una pasión inagotable que llegará a su fin, a pesar del amor que ambos se tienen, en la mejor tradición bolerística.


“Esas dos gardenias que serán tu corazón y el mío…”, decía la letra de este antiguo y famoso bolero de autora cubana de mediados del siglo XX, con innumerables versiones que resonaron durante muchas décadas. Este conjunto de quince relatos de Eduardo Contreras, ingeniero, autor de numerosos cuentos y novelas, tallerista dedicado, se desliza con la cadencia de un bolero por una amplísima y notable temática, que va relatando ese mundo interior y exterior que conocimos en toda Latinoamérica, luego de las cruentas dictaduras que asolaron el continente y cambiaron nuestras vidas de innumerables maneras.

La vida trastocada por un exilio que cambiaría la historia persona y social para siempre, la comunicación realizada desde nuevos lenguajes aunque fuera el mismo idioma, la nueva vida cotidiana acomodándose entre el pasado y el presente -lo perdido y lo que está en construcción-, sociedades diferentes que exigen el manejo de nuevos códigos, nuevos usos y costumbres. Y así, reiniciar las etapas vitales de cada integrante de la familia para, quizás en algún futuro, regresar al país natal para un nuevo comienzo.

Sobre ese sustrato se despliegan relatos que van contando esta nueva vida; varios de ellos están centrados en amores adolescentes marcados por la inseguridad y el temor, pero acicateados también por el fuerte impulso sexual que inicia el camino hacia terrenos desconocidos que deberán nutrirse de nuevas rutinas y cotidianeidades, el asesinato y el relato policial, historias de un mundo que tiene otra historia y otros héroes, la vida desde el quehacer de un arma de fuego…

En muchos relatos se aprecian las huellas indelebles de esos viajes no deseados, con el exilio en mundos desconocidos de los que hay que tratar de apropiarse de alguna manera; el regreso a parajes que debían ser familiares, pero que hay que aprender a reconocer y a hacer parte de esa vida resquebrajada por acontecimientos difíciles de olvidar, de recordar, de reincorporar en esas sucesivas “nuevas vidas” que hay que aprender a reconocer como las propias, pero en las que perviven también signos de ese otro pasado del que también somos parte.

“La otra venganza” relata en pocas y sorprendentes páginas el encuentro de alguien a quien el protagonista ha buscado incansablemente, ambos miembros de La Obra; las razones no son políticas, sino pasionales, pero la historia se resuelve por vías que van surgiendo de manera impredecible y sorprendente.

“Se acabó lo que se daba” ahonda en la sentencia de muerte que llega de manera inesperada por los resultados de un examen médico. Y la salida del lugar, que despliega crecientes sorpresas, nuevas oportunidades, encuentros, en un momento en el que se ha anunciado la muerte segura y pronta. Y ahí vamos aprendiendo cómo nuestras vidas se van relatando – desarrollando entre la imaginación y la realidad; lo sorpresivo siempre, como un sello que nos hace entender que solo el cambio es permanente y que la realidad es un ejercicio, un juego de interpretación y reinterpretación que creemos que tiene el poder de restructurarnos la vida.

“Hathor” nos hace entrar a un mundo de seres inmortales que, en algún momento fueron mortales, pero que luego pudieron cruzar los siglos; el protagonista estuvo en el imperio romano, en las Cruzadas, en la Edad Media, ha conversado con Lovecraft y ha preparado innumerables veces su propio entierro para renacer luego en otro ser. Ahora escribe su vida en un computador. Ha buscado incansablemente a Octavia -que fue discípula de Hathor, diosa del amor-; de pronto la ve y la reconoce. Y ya no quiere dejarla ir, a pesar de saber el costo que tendrá para ambos, pero es el único camino deseable y posible.

Volvemos a sorprendernos con “En la mira”, relato protagonizado por un revólver calibre 38, que describe hechos y personas con extraordinaria lucidez, mientras asiste a asesinatos varios y emite juicios a diestra y siniestra. Su mundo está poblado de gruesos fajos de billetes, drogas, relaciones sexuales intensas en las que quien se siente traicionado no duda en acudir a la exactitud y rapidez del revólver al que, al parecer, le espera un largo periodo de inactividad.

Y vamos llegando a las gardenias, el relato que da nombre al libro. Es un intenso relato de amor y pasión, que reafirma con palabras de Leonardo Padura que “nunca antes había pensado que la música amelcochada y lacrimógena de un bolero podía tener tal poder de seducción; jamás, hasta ese momento, había sentido aquella necesidad física que me estaba provocando Violeta del Río”.

El protagonista es un cubano en Chile -un exiliado también-, en un bar conocido del centro de Santiago, que le recuerda un antiguo restaurante en el que había conocido a Rita en los sesenta. Escucha que anuncian a la “gran estrella de esta noche. Desde Cuba, ¡la gran Margarita Lanier! Piensa que no puede ser, porque él tenía 18 y ella, ahora, no podría tener menos de 80 años. Fantasea que podría ser la hija, la nieta… Está enfermo y debe ir al baño seguido. Despierta en la calle, en Rosas con Morandé, donde una señora trata de ayudarlo.

En la parte dos del relato, su amigo Pepe lo ha llevado al hospital, le cuenta que lo han operado y tiene cáncer a la próstata. Le pide que le cuente de Rita y el cubano le confiesa que se enamoró de ella el mismo día que la conoció. Durante varias noches fue a escucharla cantar, mientras ella lo miraba y cantaba como si solo lo hiciera para él.

Rita lo bautiza como Harry Belafonte. Lo cita a su casa e inician una relación marcada por la experiencia de ella y la casi ninguna de él, en una pasión inagotable que llegará a su fin, a pesar del amor que ambos se tienen, en la mejor tradición bolerística. Y aquí se produce un momento verdaderamente epifánico, en que “Dos gardenias para ti” se despliega haciendo realidad los anhelos más profundos, esa vida que de pronto se ilumina con breves, mágicos, inolvidables esplendores.

Los invito a entrar en el mundo de estos relatos que tocan temas profundos para todos los seres humanos: el amor y el desamor, la fidelidad y la traición, la violencia y la extrema bondad, la llegada sorpresiva al lugar deseado, en el que sentimos que es posible abandonar la vida, contentos de haberla tenido.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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