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Memorias sobre Carmen Berenguer CULTURA|OPINIÓN

Memorias sobre Carmen Berenguer

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Fernanda Moraga García
Por : Fernanda Moraga García Académica de Licenciatura en Letras de Universidad Andrés Bello.
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Nace como poeta junto a un grupo de escritoras deslumbrantes y diversas que transformó para siempre el campo literario chileno, en especial el de las mujeres.


“Fui una muchacha que vivió un tiempo de muchas convulsiones en su tiempo. Una joven inconformista que no le gustaba cómo estaban las cosas y pensaba ayudar a remediarlas. Una chica vital y rebelde a quien no le gustaba estudiar, vibraba con los nuevos sonidos del rock, usaba jeans y leía a Sartre. Le gustaba escribir y soñaba que algún día sería escritora. Una mujer que se atrevió a escribir metáforas de la vida. Una escritora que hizo una obra que ha recreado su tiempo, utilizando todos los recursos disponibles en el lenguaje, por medio del graffiti, la visualidad, los ruidos de fondo. Mi poesía no dice nada. Ése es un rap”.

Con esta impresión sobre su oficio de poeta, Carmen Berenguer (1946-2024) incentivaba, años atrás, a jóvenes lectores. Ahora lo traigo a colación, porque creo que representa la intensidad y la creatividad con que asumía la relación ineludible entre vida y poesía. Perteneciente a una de las promociones de poetas más importantes en Chile, la de los 80, Carmen Berenguer siempre se destacó por su activismo cultural y político, el que anudó a una palabra poética contundente, irónica, punzante, arrebatada y original. Desde su primer libro Bobby Sands desfallece en el muro (1983), hasta Plaza de la dignidad (2020), irrumpe con una verdad poética descarnada sobre la injusticia social y la maldad de los poderes patriarcales.

La muerte la tomó este recién pasado 17 de mayo sin recibir el merecido Premio Nacional de Literatura, tan intencionalmente esquivo para las mujeres en nuestro país. “En Chile les molesta que una mujer gane un premio”, dijo alguna vez.

Únicamente cinco escritoras lo han obtenido en más de 80 años de su existencia: Gabriela Mistral (1951), Marta Brunet (1961), Marcela Paz (1982), Isabel Allende (2010) y Diamela Eltit (2018). Y entre ellas, solo una poeta.

Sin embargo, igualmente fue reconocida con el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda (2008) y el Premio a la Trayectoria en el Festival de Poesía La Chascona (2017).

Carmen Berenguer nace como poeta junto a un grupo de escritoras deslumbrantes y diversas que transformó para siempre el campo literario chileno, en especial el de las mujeres. En ese escenario organizó, junto a otras autoras como Diamela Eltit, uno de los encuentros de escritoras más importantes realizado en Chile.

Se trató del Congreso Internacional de Literatura Femenina Latinoamericana que se llevó a cabo en 1987 y en el que participaron, además de las organizadoras, Eliana Ortega, Ida Vitale, Nelly Richard, Soledad Bianchi, Lucía Guerra, Beatriz Sarlo, Eugenia Brito, Josefina Ludmer y Raquel Olea, entre otras. Por primera vez, la crítica literaria feminista y las escritoras se sentaban a dialogar y reflexionar acerca de la escritura de mujeres en América Latina. De esta forma, Carmen Berenguer es una figura imprescindible dentro del pensamiento crítico y artístico en nuestro país.

Entre sus libros, aparte de los mencionados, están Huellas de siglo (1986), A media asta (1988), Sayal de pieles (1993), Naciste pintada (1999), Mama Marx (2006), La casa de la poesía (2008), Maravillas pulgares (2012), Mi Lai (2015) y Obra poética (2018). Y algunas recopilaciones antológicas: La gran hablada (2002), Chiiit, son las ventajas de la escritura (2008), Lásbica (2018) y Un nuevo relieve (2020).

Sin duda, Carmen Berenguer tendrá larga vida irreverente a través de su poesía y su memoria, porque «impenitente (…) se larga a aullar la loba».

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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