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Cultura - El Mostrador

Biólogo marino y artista visual crean primer museo de historia natural en la Patagonia

por 18 febrero, 2019

Biólogo marino y artista visual crean primer museo de historia natural en la Patagonia
Como un verdadero hito fundacional se erige una ballena sei que será la primera pieza del nuevo galpón. La colección está formada por más de 400 piezas entre vertebrados, invertebrados marinos, plantas y hongos. El Museo de Río Seco está desarrollando distintos proyectos que han involucrado relaciones con el Instituto de la Patagonia de la UMAG, el Museo Nacional de Historia Natural (Quinta Normal, Santiago), el Centro Bahía Lomas (Universidad Santo Tomás), el Centro Regional Fundación CEQUA y la Universidad Sueca de Ciencias Agrícolas
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El Museo de Historia Natural de Río Seco (MHNRS) nace de la iniciativa de los hermanos Benjamín y Miguel Cáceres Murrie. El primero de ellos, biólogo marino, y el segundo, artista visual. Desde ambas disciplinas, los hermanos han dado vida a un rincón para apreciar la belleza natural de las especies que habitan en la Patagonia.

El ejemplar de ballena sei (Balaenoptera borealis) que será abierto al público prontamente y que marca la primera piedra en esta propuesta científico-artística fue encontrado en Bahía Inútil, sector ubicado en la costa occidental de la isla grande de Tierra del Fuego.

La especie que coronará el nuevo espacio de exhibición puede llegar a medir 18 metos de largo y posiblemente sea la más rápida de las ballenas, nadando a velocidades de 50 km/hr. Se suelen ver en grupos de entre dos a cinco individuos, pero en zonas de alimentación pueden observarse grupos más numerosos. Actualmente, la ballena sei se ve afectada por colisiones con embarcaciones y en el 2015 esta especie protagonizó el varamiento masivo más grande de misticetos del que se tenga registro en la historia, evento ocurrido en el golfo de Penas (Provincia de Aysén).

Según el Centro de Observación Cetácea (CCC), esta ballena está presente en todos los océanos del mundo, especialmente en latitudes medias. Se reconocen tres stocks de población en el Atlántico Norte, Pacífico Norte y Antártica.

Dentro de las instalaciones del MHNRS, se pueden observar más de un centenar de animales en exhibición de una puesta en escena que cautiva. Entre la colección abierta al público destacan falsas orcas, flamencos, pingüinos y lobos marinos, todos puestos en escena de una cuidada forma y con un fondo que invita a las interrogantes de tanta diversidad de vida.

Los límites entre el arte y la ciencia se respiran en cada una de las especies que se exhiben en el Museo de Historia Natural de Río Seco.

En el lugar, ubicado a unos 20 minutos de Punta Arenas, emplazado en las exbodegas de COFRIMA y donde funcionara el primer frigorífico de Magallanes -hoy propiedad de la empresa Algina S.A., que gentilmente autoriza el funcionamiento del Museo en áreas en instalaciones en desuso para la empresa-, se vive la interdisciplinariedad entre las artes visuales y las ciencias naturales. “Pienso que los límites entre el arte y la ciencia los da la funcionalidad. La ciencia no se puede dar el lujo de ser inútil, pero el arte sí. Ahora, esa inutilidad también es una utilidad para no ver estos animales solo como meros recursos naturales, sino también para ver toda su potencialidad estética, contemplativa”, advierte Miguel Cáceres.

“En este proyecto, en particular, los límites no existen. Más que profesionales, aquí hay personas, y cómo no nos fijamos esos límites, es probable que estos entre ciencia y arte estén dados de forma móvil”.

“Nosotros hemos decidido que sea de esa manera. Cada vez que se escribe un trabajo, se discute entre todos con distintas miradas y desde distintas profesiones: se habla de biología, pero también de estética; para nosotros la verdad es que de una manera bien intuitiva y tal vez ingenua, no fijamos esos límites. Vamos complementando nuestros conocimientos entre todas las disciplinas de una manera muy natural, muy bonita y que ha solidificado a nuestro equipo de trabajo”, cuenta.

La Asociación de Investigadores del Museo de Historia Natural Río Seco (AIMHNRS) tiene por objetivo fomentar y promover la cultura austral y conservar el patrimonio natural de la Región de Magallanes a través de herramientas multi, inter y transdisciplinarias para una comprensión de las tramas que tejen el conocimiento científico y sus expresiones a través de la cultura y las artes.

Muchas miradas en el mundo de la Cultura comentan que no existe una política con mirada de Estado. Esto, ad portas de un nuevo Ministerio de Ciencias, pone alarma entre los investigadores que ven cómo en lo cultural los recortes de presupuesto han sido significativos en los últimos años.

“El asunto es simple. Tiene que ver con políticas de financiamiento de largo plazo. Se crean ministerios que nacen desfinanciados y uno solo puede dudar de cómo van a funcionar o simplemente son cantos de sirena. ¿Cómo va a funcionar un Ministerio de Ciencia sin presupuesto? Es lo mismo que vivimos con el Ministerio de Cultura: se crea la institucionalidad y se crean nuevas seremías, las que obedecen a la separación entre cultura, arte y patrimonio; por otro lado se anuncian cambios para reformular el Consejo de Monumentos Nacionales en virtud de que nadie entiende bien qué… Entonces, son finalmente burocracias políticas que no están ni siquiera rozando el problema de fondo. Esto es, formación de capital científico y cultural y financiamiento basal, sin eso, no existe ninguna política posible y las que existen son de las propias instituciones y su trabajo con el que se demuestra que funcionan. Inyectando los dineros de manera correcta solo podría potenciarse este tipo de proyectos, produciendo también simbiosis entre propuestas afines que apunten a la consolidación”, sentencia.

Es de suma urgencia comprender que este tipo de iniciativas son destinadas al fortalecimiento educativo y sin ellos la difusión del patrimonio no llegarían a los que es necesario ofrecer cultura, y si va de la mano de las ciencias, mejor aún, debido a los fenómenos que estamos viviendo en materias de cambios en nuestro planeta.

El sueño familiar

Los hermanos Benjamín y Miguel Cáceres Murrie hicieron clic hace muchos años en sus cabezas para sacar adelante el proyecto que con los años sumó a la artista Aymara Zegers Müller y la bióloga marina Gabriela Garrido Toro, quienes conforman el equipo detrás de este hermoso proyecto de difusión científica y verdadera obra de arte con la que se expresan las diversas posiciones de los animales en su sala de exhibición.

Desde un profundo sueño saltaron a la convicción dando vida, como hemos dicho, a un rincón para apreciar la belleza natural de las especies que habitan en la Patagonia y zonas subantárticas.

Desde ese minuto en que junto a su padre pudieron apreciar la belleza del paisaje patagónico, los hermanos fueron dando forma a lo que hoy nos presentan en Río Seco. “A este lugar llegamos porque nuestro padre, Patricio Cáceres, estuvo a cargo de la restauración del faro San Isidro hace unos 10 años”, cuenta el artista Miguel Cáceres. “El faro había estado siendo saqueado en los últimos 20 años y no tenía ni siquiera suelo”, añade.

“Para que mi padre, que también es biólogo marino, pudiese levantar un lugar turístico, tuvo que por condiciones de la Armada de Chile armar a su vez un lugar museográfico en el lugar, ya sea de sitio o de cualquier cosa. Entonces, varios años atrás nos rondaba la idea en la cabeza a mí y a mi hermano desde nuestras respectivas disciplinas. Lo hacíamos de manera ingenua, pero pretendíamos hacer lo que nos ha apasionado siempre, que es la historia natural y sus objetos”.

Se trata de un espacio de convergencia entre disciplinas relacionadas con las artes y las ciencias que asimilan y reflexionan en torno al patrimonio natural y cultural de la Región de Magallanes y la Antártica chilena. Este espacio ha sido creado con el propósito de asimilar y divulgar las formas y metodologías del conocimiento en torno al Polo Austral, a partir del desarrollo de colecciones y gabinetes, los que principalmente se relacionan con la historia natural y material del extremo sur de Chile.

El estado del proyecto está en un proceso de expansión y formalización para dejar de ser una iniciativa familiar. “Estamos en una etapa de consolidación de una incipiente formalización institucional. Estamos trabajando en convenios con distintas instituciones, ya que contamos con una gran colección de piezas que invita a las personas a estudiar estas especies y con ello a dar el salto para ser un referente regional”.

Proyectos de futuro

El MHNRS está desarrollando distintos proyectos que han involucrado relaciones con el Instituto de la Patagonia de la UMAG, el Museo Nacional de Historia Natural (Quinta Normal, Santiago), el Centro Bahía Lomas (Universidad Santo Tomás), el Centro Regional Fundación CEQUA y la Universidad Sueca de Ciencias Agrícolas. “Paralelamente a estos esfuerzos interinstitucionales y colaborativos, estamos desarrollando a diario las colecciones de vertebrados, aunque el proyecto más relevante que se nos viene es el área de depósito, que profesionalizará nuestras prácticas, ya que vamos a poder contar con material de corte más científico, con capacidad de almacenar muestras en condiciones especiales de temperatura, luz, etc. Vamos a poder poner en resguardo más materiales en diversos estados y bajo distintos protocolos de conservación, y eso creemos que podrá motivar mayor interés en la comunidad de investigadores”.

Con este proyecto se podrán mantener tejidos para diversos análisis, algas y hasta incluso bacterias, por lo que el museo abrirá un gran capítulo para las ciencias con este depósito que funcionará como un verdadero laboratorio.

Finalmente, regresarán al faro San Isidro con un proyecto que pretende recuperar la memoria acerca de la caza de ballenas que se realizó en el estrecho de Magallanes a principios del siglo XX. “Iremos a bahía Águila, donde se arrojaban los restos de las ballenas como basura al mar. Ahí bucearemos y haremos una recuperación submarina de los huesos. Ese material óseo será parte de una muestra más fragmentaria, no como la que tenemos acá con los esqueletos completos, porque ahí no encontraremos animales completos, sino restos de ballenas a más de cien años que se les cazara y procesara. Será entonces una suerte de conchal, un conchal producto de la explotación ballenera. Además, estos restos se someterán a estudios genéticos y de isótopos estables, por lo tanto, vamos a poder comparar esa información con tejidos de ballenas actuales para ver aspectos de parentesco, comportamientos de alimentación, qué especies se cazaron versus las especies que hoy habitan en el estrecho, entre otras interrogantes”, explica. “Es un proyecto que podemos realizar gracias al patrocinio de la Fundación Cequa, que nos prestó gentilmente su figura institucional para poder postularlo. Será un proyecto muy interesante y emblemático para la región”, sentencia.

“Esta comparación de datos históricos y actuales podría darnos luces acerca de si efectivamente los cetáceos se están recuperando y podremos complementar estudios ecológicos para discernir si son nuevas poblaciones y de dónde vendrían, si vienen por el Pacífico o el Atlántico, cuál es el uso de hábitat que tienen”, añade.

Museos remotos

“Los museos son relevantes porque archivan y difunden información depositada casi siempre en objetos que tienen que ver con rasgos identitarios del territorio o localidad donde se fundan. Los primeros museos del mundo se fundaron con la idea de recopilar el material que se iba a constituir en un estado nacional; esa ambición territorial, basada en el colonialismo en un principio, es parte del espíritu de los museos. Se hace un museo para saber qué existe en un territorio. Hoy, los museos son menos colonialistas, por así decirlo, y están mucho más dedicados a la difusión del patrimonio, a desarrollar políticas de conservación y en torno a la formación de audiencias y la educación”, cuenta Miguel Cáceres.

A pesar de que el proyecto lleva poco tiempo abierto al público, la recepción ha sido muy gratificante para el pequeño equipo que le dio vida. “La gente se sorprende y se queda horas y hace muchas preguntas. También muchos de los visitantes vuelven”, sostiene.

Además, en el MHNRS se realizan  jornadas educativas para niños de la región en verano, gracias al financiamiento de la Fundación Mar Adentro. “Estas jornadas han ayudado a visibilizar más nuestro trabajo, pero aún falta para que lo conozcan los sectores más populares de nuestra región”, enfatiza. “Nuestro programa pedagógico se realiza a través de dos formas metodológicas para el reconocimiento del territorio magallánico: salidas a terreno y el aprendizaje de técnicas de registro y documentación del paisaje. Así, los jóvenes aprenden sobre los componentes de su entorno y los distintos tipos de interacciones entre lo natural y lo cultural”, comenta.

Recientemente, el museo fue escogido por la gente de Punta Arenas para formar parte de una nueva ruta patrimonial que está diseñando la Fundación Kauyeken.

 

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