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China, China, China

por 22 marzo, 2019

China, China, China
América Latina también está plenamente atenta a sus vínculos y relacionamiento comprensivo con China. En momentos en que se lleve a cabo la Tercera Conferencia Internacional China y América Latina en CEPAL, a principios de abril, jefes de gobierno y de Estado de unos 40 países, incluyendo de nuestro subcontinente, estarán afinando los detalles de su participación en la segunda versión del Foro de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, a realizarse en Beijing y que será presidida por el Presidente Xi Jinping.
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Son contados con los dedos de una mano los países que generan el nivel de asombro, interés y curiosidad que China logra, tal vez, todos los días. Se trata de una nación que, crecientemente, influye en definiciones de la agenda fina en muchas capitales a nivel público, académico, científico, tecnológico, empresarial y, también, militar.

A modo de ejemplo, la semana pasada, en momentos en que en el Gran Salón del Pueblo –imponente inmueble emplazado frente a la Plaza Tiananmen–, el presídium de la segunda sesión de la XIIIª Asamblea Popular Nacional (APN), conformada por más de 2.900 delegados, decidía poner a votación una lista de proyectos de resoluciones, incluyendo una nueva ley de inversión extranjera, la cual forma parte de la sustancia actualmente abordada en las arduas negociaciones que se llevan a cabo entre Beijing y Washington para zanjar diferencias que tienen a las dos principales economías “frente a frente” y con efectos globales.

Patrick Shanahan, secretario de Defensa de la Administración del presidente Donald Trump, resumió en tan solo una palabra enunciada tres veces ante la prensa en el Pentágono, que el objetivo principal del presupuesto 2020 para las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos era: “China, China, China”.

Así, seguramente se verá un mayor despliegue de medios aéreos estadounidenses tales como bombarderos B-52 despegando desde Guam, y de plataformas navales de superficie y submarinas de la Séptima Flota zarpando desde su base en Yokosuka, Japón, para operar en la zona geográfica que hoy es identificada por no pocos como “Indo-Pacífico” y, en particular, en aguas del Mar del Sur de China. El papel, los análisis y los ejercicios, como también las operaciones a ser desarrolladas por otros con intereses no menores en la región –tales como Australia, India y Japón, agrupados estos junto a Estados Unidos al alero de “El Quad”– ocupan espacios de privilegio en las planas de diversos medios de comunicación internacional.

En tal línea, el desarrollo de la inteligencia artificial, robótica e iniciativas espaciales incluyendo el lanzamiento y posicionamiento en órbita de la estación china “Tiangong”, son temas que hoy marcan pauta. La parada militar que se realizará en octubre en conmemoración del 70º aniversario del establecimiento de la República Popular China, augura el paso de material de última generación como el misil balístico DF-41, el tanque liviano tipo 15 y drones, algunas versiones más antiguas de estos últimos, siendo presentados para potenciales clientes en Medio Oriente en la reciente exposición IDEX, realizada hace algunas semanas en los Emiratos Árabes Unidos.

En tiempos en que la Comisión Europea ha identificado a China como un “competidor económico” y un “rival sistémico que promueve modelos alternativos de gobernabilidad”, observadores señalan que el espíritu que marcará el debate en Bruselas apuntará a ser “no confrontacional”. Se apuntaría a darle forma a una nueva y más eficiente arquitectura para el relacionamiento entre la Unión Europea con China. Ante tal desafío, se haría hincapié en promover una interacción balanceada, empoderada esta por medio de un multilateralismo activo, con la ONU al centro y una República Popular China plenamente integrada, trabajando mancomunadamente los 28 estados miembros en la concreción de sinergias con Beijing en áreas tales como transporte, energía y conectividad digital.

Atento se está por estos días a los avances que registre la interacción entre los 10 países que conforman la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) con la República Popular China, en materias tales como alcanzar un código de conducta para la navegación.

Mientras, al otro lado del Atlántico, el secretario general de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), el noruego Jens Stoltenberg, ha adelantado a medios que dicha instancia se encuentra realizando consultas en varias capitales de los países que la integran para abordar distintos elementos asociados a la participación de firmas chinas, específicamente Huawei, en proyectos de telecomunicaciones, particularmente en aquellos referidos a la implementación de tecnología 5G. Lo anterior, en instancias que el general estadounidense Curtis Scaparrotti, comandante de la OTAN en Europa, ante la Comisión de Servicios Armados de la Cámara de Representantes advertía sobre los efectos que tendría para las comunicaciones de defensa, si acaso Berlín desarrolla sus redes con tecnología 5G de la empresa Huawei.

Ahora bien, a fines de la presente semana, los líderes de los 28 estados miembros de la Unión Europea sostendrán una reunión en Bruselas, donde bien se podría llegar a adoptar un plan de acción de diez puntos, el cual en teoría apunta a delinear los elementos concretos que debe contener una estrategia para avanzar una relación económica equitativa con la República Popular China.

En tiempos en que la Comisión Europea ha identificado a China como un “competidor económico” y un “rival sistémico que promueve modelos alternativos de gobernabilidad”, observadores señalan que el espíritu que marcará el debate en Bruselas apuntará a ser “no confrontacional”. Se apuntaría a darle forma a una nueva y más eficiente arquitectura para el relacionamiento entre la Unión Europea con China. Ante tal desafío, se haría hincapié en promover una interacción balanceada, empoderada esta por medio de un multilateralismo activo, con la ONU al centro y una República Popular China plenamente integrada, trabajando mancomunadamente los 28 estados miembros en la concreción de sinergias con Beijing en áreas tales como transporte, energía y conectividad digital.

En otro orden, esta semana podremos acceder a leer el contenido del libro La Iglesia en China – Un futuro por escribir, cuyo prólogo a cargo del secretario de Estado del Vaticano, cardenal Pietro Parolin, ha incorporado elementos que subrayan la firme voluntad por avanzar en el diálogo constructivo que se ha generado con mayor confianza con Beijing, particularmente después de la firma del Acuerdo Provisional sobre el nombramiento de obispos, el pasado mes de septiembre de 2018.

América Latina también está plenamente atenta a sus vínculos y relacionamiento comprensivo con China. En momentos en que se lleve a cabo la Tercera Conferencia Internacional China y América Latina en CEPAL, a principios de abril, jefes de gobierno y de Estado de unos 40 países, incluyendo de nuestro subcontinente, estarán afinando los detalles de su participación en la segunda versión del Foro de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, a realizarse en Beijing y que será presidida por el Presidente Xi Jinping.

Personalidades del sector privado de América Latina y del Caribe están aguardando asistir a la Segunda Exposición Internacional de Importaciones de China a realizarse en Shanghai y de la confirmación, por parte del Consejo Chino para la Promoción del Comercio Internacional (CCPIT), de una fecha para la puesta en escena este año de la XIIIª Cumbre Empresarial en Panamá.

Será una nueva ocasión para abordar desafíos y presentar propuestas concretas en materia de comercio, inversión e innovación, siendo, por ejemplo, el proyecto de una planta de energía solar a emplazarse en Cauchari, en la provincia de Jujuy, Argentina, una de las varias iniciativas que gradualmente están contribuyendo a transformar no solo matrices energéticas, sino que seguramente a ampliar horizontes y generar mayores confianzas por medio de los resultados que están generando alianzas estratégicas entre actores en nuestra región y China.

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