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Prosur o la ebullición de un continente en disputa

por 22 marzo, 2019

Prosur o la ebullición de un continente en disputa
Latinoamérica no solo “es un pueblo al sur de Estados Unidos”. Para este, aquel también es un pueblo inmensamente rico en recursos naturales, vitales para su improbable perpetuación como Estado hegemónico a nivel mundial, cuestión que ha entendido a la perfección el gigante asiático, China. Junto a este factor decisivo en la configuración de la geopolítica latinoamericana contemporánea, es claro que la declinación de Unasur se explica por el evidente debilitamiento de los proyectos progresistas y/o de centroizquierda en el Cono Sur, derivado en la propia desintegración del organismo, el cual ha quedado reducido a cinco países (de un total de doce) tras el retiro del Gobierno de Ecuador hace poco más de una semana.
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Fue el Presidente de Colombia, Iván Duque, el primero en plantear públicamente en enero de este año el proyecto de un nuevo organismo regional que agrupase a los países de Sudamérica. Su nombre: Prosur. La iniciativa estaba siendo trabajada de manera conjunta con el Gobierno de Sebastián Piñera.

Dos objetivos geopolíticos son los que alientan la creación de Prosur. El primero: aumentar la presión internacional contra el Gobierno de Nicolás Maduro, aprovechando el avance de la derecha en distintos países del Cono Sur y que, en el actual escenario venezolano, se encuentra representado en la figura del autoproclamado presidente encargado, Juan Guaidó.

El segundo: dar el “tiro de gracia” a uno de los principales organismos multilaterales creados por iniciativa de los gobiernos progresistas y/o de centroizquierda que surgieron y predominaron en Latinoamérica durante la primera década de siglo XXI, Unasur, iniciativa que germina en 2004 y se consolida el 2008 con la aprobación de su Tratado Constitutivo.

Obviar alguno de estos factores impide observar la creación de Prosur como un campo de lucha, que escenifica el estado de la correlación de fuerza configurado a nivel continental. Respecto al primer objetivo, ha de señalarse la sincronía que existe entre las primeras referencias públicas de Duque respecto su creación y la autoproclamación de Guaidó el 23 de enero, día en que comenzó su “meteórico ascenso” en la política internacional, por supuesto, respaldado por los principales agentes gubernamentales y estatales de EE.UU., empezando por su presidente Donald Trump.

Un mes después, en el contexto de la ofensiva más importante desplegada por las fuerzas nacionales e internacionales que promovieron el derrocamiento del gobierno de Maduro, el 23 de febrero, los presidentes de Colombia y Chile aprovecharon de dar a conocer la programación inaugural de la cumbre Prosur, que se realiza hoy en La Moneda.

Si bien el avance que ha tenido la derecha a nivel continental ha sido fundamental para levantar Prosur mediante las victorias electorales de Mauricio Macri, Sebastián Piñera, Duque y la “estrella política del momento”, Jair Messias Bolsonaro, la consolidación de este foro  y la derecha en el continente se evaluará en el mediano plazo, tras la resolución del “súper octubre” de este año, con las elecciones presidenciales en Bolivia, Uruguay y Argentina.

El 23-F quedaría marcado como el “fracaso de Cúcuta”. La antigua táctica del “caballo de Troya”, expresada en el ingreso de la “ayuda humanitaria”, sería puesta en evidencia en las mismísimas páginas virtuales del New York Times.

En aquella oportunidad, las fuerzas injerencistas perdieron la batalla, mas no la guerra. Intensificar la presión regional sobre el Gobierno de Maduro, significa intensificar la línea trazada por el Grupo de Lima, organismo creado en agosto de 2017 y que –no está de más recordar– contó con el activo patrocinio de la Cancillería liderada en ese entonces por Heraldo Muñoz, actual timonel del PPD.

Por supuesto, la exclusión anticipada de Venezuela del nuevo organismo, se erige como la más contundente prueba de la inseparable correspondencia que existe entre la creación de Prosur y la intensificación de la crisis desatada en el país caribeño.

De manera complementaria, el segundo objetivo fundante de este foro ha sido reemplazar de manera definitiva a Unasur. Tal propósito se asemeja a la imagen de aquel sepulturero que viene a “poner la lápida” al más ambicioso proyecto del progresismo latinoamericano y que se planteaba un desafío geopolítico colosal: contrarrestar la influencia de EE.UU. en Latinoamérica.

Latinoamérica no solo “es un pueblo al sur de Estados Unidos”. Para este, aquel también es un pueblo inmensamente rico en recursos naturales, vitales para su improbable perpetuación como Estado hegemónico a nivel mundial, cuestión que ha entendido a la perfección el gigante asiático, China.

Junto a este factor decisivo en la configuración de la geopolítica latinoamericana contemporánea, es claro que la declinación de Unasur se explica por el evidente debilitamiento de los proyectos progresistas y/o de centroizquierda en el Cono Sur, derivado en la propia desintegración del organismo, el cual ha quedado reducido a cinco países (de un total de doce) tras el retiro del Gobierno de Ecuador hace poco más de una semana.

La idea de reemplazar Unasur por Prosur incorpora implícitamente una virtud geoestratégica para las derechas a nivel continental: permite dejar fuera de la iniciativa al segundo coloso latinoamericano, México, liderado actualmente por el Gobierno de izquierda de Andrés Manuel López Obrador, quien en sus primeros 100 días de mandato ha alimentado las expectativas del pueblo mexicano, bordeando un 80% de aprobación a su cometido.

AMLO ha decretado formalmente en su país “el fin de la política neoliberal”. Sin México, las opciones de fortalecer la vía alternativa a la planteada por la derecha en el continente, para intentar resolver la crisis en Venezuela –el denominado “Mecanismo de Montevideo”– queda en una posición de desventaja, a pesar del apoyo explícito que ha encontrado en países como Rusia y China.

Si bien el avance que ha tenido la derecha a nivel continental ha sido fundamental para levantar Prosur mediante las victorias electorales de Mauricio Macri, Sebastián Piñera, Duque y la “estrella política del momento”, Jair Messias Bolsonaro, la consolidación de este foro  y la derecha en el continente se evaluará en el mediano plazo, tras la resolución del “súper octubre” de este año, con las elecciones presidenciales en Bolivia, Uruguay y Argentina.

Detrás de Prosur existe la ebullición de un continente en disputa.

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