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Punk, derecha y mercado

por 2 abril, 2019

Punk, derecha y mercado
Es muy probable que en la última edición de Lollapalooza los Fiskales sucumbieran ante las garras de la comercialización y que los ejecutivos que sellaron el contrato con la banda punk estén hoy día celebrando los resultados comunicacionales de la apuesta (que probablemente verá un incremento de sus ventas en su próxima edición). A los ejecutivos de Lollapalooza poco les importa que las ganancias provengan de la “explotación comercial” de Paloma Mami en tanto “objeto de deseo” o del punk subversivo de Fiskales.
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La presentación de la banda Fiskales Ad-Hok, el domingo pasado en Lollapalooza, volvió a mostrar la versión más ácida del punk “vieja escuela”, surgido en las periferias urbanas de Santiago en la segunda mitad de los ochenta, en plena dictadura militar.

En aquel período, mientras Los Prisioneros representaban el sentir de las mayorías con “La voz de los 80”, disco grabado y lanzado en 1984 al calor de las “jornadas de protesta” iniciadas un año antes, los Fiskales expresaban la voz de los marginados que preferían el caos de la “anarquía y rebelión”, tal como revelaron en su primer e inclasificable demo “Matarratas”, lanzado justamente “el año decisivo”, en 1986.

En aquel entonces, los objetos cortopunzantes no se plasmaban en el espacio simbólico de una animación, sino que se infligían en la propia carne de los opositores políticos de la dictadura, tal como en el “Caso Degollados”, acaecido en 1985 y conmemorado hace pocos días. Este contexto explica por sí solo un tema como “Policía Secreta”, incorporado en el demo debut: “Te marcaron con tortura mucho más de quince años, te culiaron con dolor, te asustaron y patearon, en la gloria ultraderecha ¡con la DINA o CNI!”.

Punk a la vena.

En más de tres décadas, los Fiskales no han variado un ápice su apuesta discursiva, aunque sí sus contornos musicales. Ejemplos existen por doquier. En el disco homónimo lanzado en 1993, se incluía en la pista 13 el antihimno “El cóndor”, canción que, entre otras ideas, alimenta la esperanza de que el ave que flanquea el escudo nacional “cagara en el Congreso, en La Moneda y en nuestra santa Iglesia sana”, además de la subversiva idea de “mear en un casco militar” o “quemar una bandera de Renovación Nacional”. En la primera década del siglo XXI, publican el disco Lindo momento frente al caos (el título habla por sí solo).

Para todo aquel que ha seguido la biografía musical de Fiskales, la presentación del pasado domingo replica la apuesta histórica de la banda, más allá de mostrar en el fondo del escenario a representantes de la derecha atravesados por una lanza durante los breves y electrizantes minutos que duró el tema “Mi cadáver”.

La biografía musical de Fiskales ha tenido argumentos de sobra como para que la derecha haya lanzado sus dardos en más de una ocasión. Entonces, ¿cómo se explica la reacción que ha tenido la derecha tras la actuación de la banda punk? ¿Y por qué ahora? Bosquejemos dos respuestas.

Una primera respuesta a estas preguntas puede sonar un tanto obvia, y se explica por “el escenario” donde se alzó el domingo pasado el punk de los Fiskales. La derecha puede permitirse ser denostada en un antro marginal de la capital, más no en un espectáculo como el de Lollapalooza, donde asisten segmentos sociales capaces de comprar una entrada que equivale al valor de un sueldo mínimo.

Un segundo factor que permite explicar la reacción de la derecha, es ubicando sus encendidos tuits dentro del marco táctico desplegado por la totalidad del sector: desde el las fuerzas oficialistas hasta su posición más extrema representada en José Antonio Kast. El mencionado marco táctico se encuentra caracterizado por un “efectismo comunicacional” que se nutre de este tipo de polémicas para captar la adhesión de la ciudadanía. Aún se encuentra fresca en la memoria de la opinión pública la actuación de JA Kast cuando puso "entre las cuerdas" a Gabriel Boric, reflotando un video en el que el diputado frenteamplista recibía como obsequio una polera con la cabeza de Jaime Guzmán baleada.

Para Kast, la presentación de Fiskales en Lollapalooza es el mejor abono para seguir aumentando sus niveles de popularidad, sobre todo, cuando un gran segmento de la población lo que más quiere es orden. La “hipersensibilidad millennial” no es exclusiva de las nuevas generaciones. De hecho, son “los mayores” los que le sacan mayor provecho. Tanto al Gobierno como a José Antonio Kast les resulta mucho más cómodo “jugar” comunicacionalmente en un “terreno” que aliente la polarización, a diferencia de un “campo” tematizado por cuestiones políticas más sustanciales, tales como la tramitación de las reformas tributaria, Isapres, laboral o pensiones.

Finalmente, y más allá de las reacciones de la derecha, la última actuación de Fiskales nos permite replantear una cuestión decisiva respecto a las formas culturales que asume la “subversión antisistema”, en particular, aquella que se da “dentro” de la reproducción ideológica ofrecida por el mercado neoliberal.

Quizás, el artista que más nítidamente evidenció esta “contradicción” ha sido, precisamente, Jorge González, quien ya en “La voz de los ochenta” concluía que dos de las principales corrientes musicales que levantaron sus voces de protesta en las décadas del 60 y 70, los hippies y los punk, tuvieron la ocasión de romper el estancamiento, sin embargo, en las garras de la comercialización murió toda la buena intención.

Es muy probable que en la última edición de Lollapalooza los Fiskales sucumbieran ante las garras de la comercialización y que los ejecutivos que sellaron el contrato con la banda punk estén hoy día celebrando los resultados comunicacionales de la apuesta (que probablemente verá un incremento de sus ventas en su próxima edición). A los ejecutivos de Lollapalooza poco les importa que las ganancias provengan de la “explotación comercial” de Paloma Mami en tanto “objeto de deseo” o del punk subversivo de Fiskales.

Parece que, en esta pasada, se impuso (nuevamente) la derecha y el mercado.

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