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La metamorfosis de la DC

por 11 abril, 2019

La metamorfosis de la DC
Lejos de explicar esta situación como actos fallidos o torpezas, llama la atención la similitud de esta estrategia con la expuesta hace algunos años por un grupo de ex militantes DC: un partido bisagra, es decir, pequeño y hegemónico, por tanto instrumental a los intereses de unos pocos que lo administran. Parece lógica, entonces, la intención permanente de llegar a acuerdos solo en una dirección, con quienes ostentan el poder, en este caso la derecha política –que en nuestro país es lo mismo que la derecha económica– y quedar fuera de todo interés con su histórico espacio natural, la centroizquierda.
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He oído con bastante frecuencia últimamente la frase "esto es hacer política”. Si bien desde un punto de vista retórico la política es el arte de gobernar y también el de conversar, deliberar y convencer, hoy por hoy no queda claro que eso sea realmente lo que está sucediendo.

El "convencer" es muy importante, sin embargo, es lo que más se diluye en la transacción política tan de moda en estos tiempos. En su definición, la transacción es comercial, o sea, es el acuerdo generalmente de compra y venta de algo, la utilidad, el motor de la transacción, pero en ningún caso la convicción. Por lo tanto, se puede llegar a acuerdo con cualquiera o transar con cualquiera.

Estas definiciones descritas se aproximan horrorosamente al estado de situación que se encuentra viviendo la Democracia Cristiana.

Visualizo un daño evidente, el cual es transformarla de un partido doctrinario a uno instrumental, sin sentido de ideas, sin principios ni convicciones, sin liderazgos naturales y, lo peor a mi juicio, sin capacidad de diferenciarse de otros. Es decir, dará lo mismo adherir a la DC o a cualquier otro colectivo político.

La falta de comunión interna y externa que ello provoca, confunde a sus militantes y ciudadanos, por tanto, la representación en cada rincón del país va desapareciendo progresivamente.

En este estado líquido en que se está transformando la política, a corto plazo no existirá ningún partido político, de los que hoy conocemos, que vaya a contar en forma mayoritaria con la confianza de los ciudadanos. Puede que esto sea irrelevante para los que hoy conducen, pero el cariño que le tienen al poder necesariamente los inquietará, ya que dejarán de tener adhesión en forma progresiva, pues la mayor cantidad de electores se encuentra en ese 80% de la población que se siente abusada por los poderosos.

Lejos de explicar esta situación como actos fallidos o torpezas, llama la atención la similitud de esta estrategia con la expuesta hace algunos años por un grupo de ex militantes DC: un partido bisagra, es decir, pequeño y hegemónico, por tanto instrumental a los intereses de unos pocos que lo administran. Parece lógica, entonces, la intención permanente de llegar a acuerdos solo en una dirección, con quienes ostentan el poder, en este caso la derecha política que en nuestro país es lo mismo que la derecha económica y quedar fuera de todo interés con su histórico espacio natural, la centroizquierda.

Esta estrategia, cuyo mentor en buena parte es Gutenberg Martínez, es de mucha utilidad y tentación para quienes dirigen los destinos de cualquier colectivo político. Sin embargo, se corre el riesgo de que la institución tenga corta vida, porque se transforma en desechable, ya que sus demandantes ciudadanos que son los que se sienten abusados permanentemente requieren instituciones permanentes, sólidas y confiables que los defiendan, que interpreten su aflicción.

En este estado líquido en que se está transformando la política, a corto plazo no existirá ningún partido político, de los que hoy conocemos, que vaya a contar en forma mayoritaria con la confianza de los ciudadanos. Puede que esto sea irrelevante para los que hoy conducen, pero el cariño que le tienen al poder necesariamente los inquietará, ya que dejarán de tener adhesión en forma progresiva, pues la mayor cantidad de electores se encuentra en ese 80% de la población que se siente abusada por los poderosos.

Con todo esto, no puedo sino estar en contra de esta metamorfosis de la Democracia Cristiana y de la política en general, porque vulnera el respeto a la política y su honorabilidad.

Tomar conciencia de esta triste era de la política y tratar de reivindicar sus valores de origen, es la única forma de no volver a un caos sin conducción, episodios negros de nuestra historia que nadie quiere que sus hijos o sus nietos vuelvan a vivir.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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