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¿Razones de Estado?

por 7 diciembre, 2019

¿Razones de Estado?
El enemigo poderoso e implacable que menciona Piñera, ¿puede serlo tanto que es innombrable? El Canciller Ribera ha deslizado la idea de que podría haber habido alguna clase de injerencia extranjera proveniente de “una potencia de Europa Oriental”. Venezuela y la administración Maduro tienen espaldas poderosas: Rusia, China, Turquía e Irán, entre otros. El único que cumple la definición ambigua del Canciller es Rusia. En todos los análisis estratégicos de alianzas, Rusia no aparece precisamente como “amigo” de Chile. Quizás, entre otras cosas, porque el Gobierno y la decidió irse con todo contra el gobierno del Presidente Maduro, con cuyo país Rusia tiene una alianza estratégica de tal magnitud y determinación que la administración Trump y el Pentágono han sido incapaces de romper o afectar significativamente. Así pues, parece que nos compramos, por obra y gracia de un presidente irreflexivo, además de inoperante y con aspiraciones mesiánicas, al menos a un enemigo poderoso e implacable que, por razones de Estado, es innombrable.
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El Presidente Piñera se ha referido, en distintas intervenciones, a la existencia de “un enemigo poderoso e implacable, que no respeta a nada ni a nadie”, en relación con los distintos hechos de carácter derechamente delictual ocurridos a contar del día 18 de octubre pasado y que se han traducido en incendios, saqueos y todo lo que hemos conocido y que, en menor escala, continúa ocurriendo.

Debido, en parte, a la aparente falta de claridad y especificidad de su denuncia y, en parte también, al descrédito que afecta dramáticamente la figura del Presidente, producto ello tanto de su carencia de liderazgo y determinación para enfrentar la situación de criminalidad desatada como también a la evidente falta de control sobre la fuerza policial – específicamente Carabineros – que ha incurrido en graves irregularidades y falencias en el control del orden público, es que su denuncia ha sido ampliamente criticada por su carácter ambiguo. “Más de lo mismo”, suele escucharse o leerse.

Sin embargo, en política se generan situaciones en las cuales no queda espacio para la especificidad, el detalle mucho menos, la verdad. Recuerdo acá el “caso pinocheques”, que estalló en 1991, durante la administración Aylwin. En resumen se trató de una operación financiera fraudulenta en la cual se pagó, con cheques del Ejército, la compra de acciones de una empresa de papel creada por el hijo mayor del dictador. Ante la petición de renuncia, Pinochet respondió con el acuartelamiento del Ejército (ejercicio de enlace, se le denominó). Y en 1993, al reactivarse la causa, se produjo el “boinazo”.  Durante el gobierno siguiente, de Frei Ruiz-Tagle, la causa penal debía ser revisada por la Corte Suprema. Sin embargo, ante nuevas demostraciones de fuerza de los militares (un “picnic” a las afueras de Punta Peuco), el presidente ordenó al Consejo de Defensa del Estado el cierre definitivo del caso. Adujo “razones de Estado”. Todos conocimos entonces el significado real tras ésa frase. ¿Temor? ¿Mal menor? ¿Real politic?

Volvamos al caso actual. El enemigo poderoso e implacable que menciona Piñera, ¿puede serlo tanto que es innombrable? El Canciller Ribera ha deslizado la idea de que podría haber habido alguna clase de injerencia extranjera proveniente de “una potencia de Europa Oriental”.

En una columna que escribí para El Mostrador, allá por la época en que la política exterior chilena estaba dominada por la fiebre anti Maduro, advertí del riesgo que representaba para Chile enfrascarse tan irreflexivamente en una cruzada respecto de la cual nunca en nuestro país existió una razón de peso que lo justificara. No recuerdo una marcha o manifestación convocada por movimientos o partidos chilenos para pedir la salida de Maduro. Fue, derechamente, una acción más en la línea de perfilarse (Piñera) como un adalid de la democracia y un líder de nivel internacional. Por esas paradojas que suelen darse, el apoyo y la popularidad del Presidente Maduro  hoy por hoy, es bastante mayor que la de nuestro Presidente, quien enfrenta incluso la incertidumbre de poder terminar su período.

Venezuela y la administración Maduro tienen espaldas poderosas: Rusia, China, Turquía e Irán, entre otros. El único que cumple la definición ambigua del Canciller es Rusia. En todos los análisis estratégicos de alianzas, Rusia no aparece precisamente como “amigo” de Chile. Quizás, entre otras cosas, porque nuestros “amigos” son Israel, EEUU, Colombia. Y, por qué no decirlo, porque Chile (más precisamente el Gobierno y la persona de Sebastián Piñera) decidió irse con todo contra el gobierno del Presidente Maduro, con cuyo país Rusia tiene una alianza estratégica de tal magnitud y determinación que la administración Trump y el Pentágono han sido incapaces de romper o afectar significativamente. Tanto es así que se suele afirmar que Venezuela tiene el patio trasero de EEUU dividido en dos.

Así pues, parece que nos compramos, por obra y gracia de un presidente irreflexivo, además de inoperante y con aspiraciones mesiánicas, al menos a un enemigo poderoso e implacable que, por razones de Estado, es innombrable.

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