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Proceso constituyente: “chuteando” lo de fondo para más adelante…

por 9 diciembre, 2019

Proceso constituyente: “chuteando” lo de fondo para más adelante…
Pese a la carta en blanco que la ciudadanía le entregó al Parlamento la noche del 15 de noviembre, este viernes concluyó la primera fase del proceso con una situación muy paradójica: las comisiones técnicas lograron un acuerdo total en las “formas” que tendrá el plebiscito de entrada, a diferencia de los parlamentarios que optaron por derivar el problema de “fondo” para más adelante. Los tres puntos clave –género, pueblos originarios e independientes– fueron rechazados por el oficialismo, por lo que la oposición intentará instalarlos por vía legislativa. Nuestros parlamentarios parece que no entendieron a cabalidad lo que se estaban jugado allí: el riesgo del descrédito final y, lo peor de todo, de volver a incendiar la pradera antes del 25 de junio.
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Hace veinte y tres días, la madrugada del 15 de noviembre, una foto histórica permitía a los chilenos amanecer con un estado de ánimo diferente. En la sede del Congreso en Santiago, un grupo transversal de parlamentarios –desde la UDI al Frente Amplio– firmaba un acuerdo inédito que podía ayudar a encauzar una salida a la crisis. Era el aporte del Parlamento chileno para mostrar “la luz al final del túnel”, aunque al mismo tiempo representaba la última oportunidad, el último voto de confianza de la ciudadanía en una institución con la peor evaluación de todas.

Pero, pese a la carta en blanco que la ciudadanía le entregó al Congreso esa noche, el viernes pasado concluyó la primera fase del proceso con una situación muy paradójica: las comisiones técnicas lograron un acuerdo total en las “formas” que tendrá plebiscito de entrada, a diferencia de los parlamentarios que optaron por derivar el problema de “fondo” para más adelante. Los tres puntos clave –género, pueblos originarios e independientes– fueron rechazados por el oficialismo, por lo que la oposición intentará instalarlos por vía legislativa.

Nuestros parlamentarios parece que no entendieron a cabalidad lo que se estaban jugado allí: el riesgo del descrédito final y, lo peor de todo, de volver a incendiar la pradera antes del 25 de junio, plazo fatal en que se pueden incluir modificaciones respecto de la conformación de las 155 personas que integrarán el grupo que elaborará la nueva Constitución.

El dilema será para el Presidente Sebastián Piñera, quien tiene dos años cuesta arriba habiendo abandonado por completo su programa, con un nivel de apoyo en el suelo y, más encima, con los errores que comete a diario, como lo que se ha sabido en las últimas horas del traspaso US$500 millones a paraísos fiscales, lo que agudizará esa percepción del hombre rico que encarna los males que la gente ha denunciado en la calle durante estos dos meses. El Mandatario ya sufrió una derrota con el plebiscito de la Constitución, ¿por qué mejor no intentar revertir la situación y “apropiarse” de un proceso que sea más representativo para la gente? Mal que mal, la única perspectiva que les queda es, al menos, que su firma aparezca en la nueva Carta Magna.

De no contar con una ley que establezca las cuotas de género –la oposición planteó 50 y 50 por ciento– y de pueblos originarios –15 representantes– así como de los mecanismos que permitan a las personas independientes postular sin el hándicap que hoy significa tener que llegar a acuerdos con partidos políticos para competir con mayor equidad, y aunque es cierto que el problema principal lo puso la Unión Demócrata Independiente, tampoco sus aliados de RN y Evópoli lograron convencerlos de que una Constitución elaborada por un cuerpo colegiado en que no se sientan representados los distintos grupos relevantes de la sociedad actual, no contará nunca con toda la legitimidad que se requerirá después de todo lo que hemos vivido durante esta crisis.

Si alguien no ha entendido a estas alturas el fenómeno de La Araucanía –respecto al cual en esta etapa incluso se tuvo que dar por terminada la fase de consulta-, del mundo civil que copó las calles de todo el país autoconvocándose y sin portar ninguna bandera de un partido político, o piensa que el movimiento de LasTesis es una simple performance de un colectivo pequeño sin influencia, es que no ha entendido nada, pero nada del Chile que tenemos hoy, a más de 50 días del inicio de las movilizaciones, aquel 18 de octubre.

Esperemos que las palabras del presidente de RN, Mario Desbordes –quien insistió en que hay variables que le parecen obvias, como que los constituyentes no pueden tener la misma proporción que hoy tiene el Congreso (70% de hombres y 30% de mujeres)– se traduzca en hechos concretos. Lo mismo corre para el hoy partido fuerte de este Gobierno débil, Evópoli. Y la oposición tendrá que hacer lo suyo y flexibilizar algunos números, pero sin duda, tampoco tendrá mucho margen, porque, solo en el caso de género, cualquier cuota que se estableciera que no refleje la realidad del 50% será cuestionada por la opinión pública.

El espacio que queda para resolver el vacío que dejó la negociación política posterior a la histórica de la firma de hace tres semanas, es muy estrecho. La oposición, en un hecho inédito también, entregó el viernes pasado –unas horas antes de que se conociera el acuerdo técnico– una declaración firmada por los presidentes de RD, Comunes, Partido Liberal, Democracia Cristiana, Partido Socialista, PPD y Radicales, en que señalaron que presentarán un proyecto o reforma constitucional que permita garantizar la diversidad, acusando al oficialismo de falta de flexibilidad.

Además de marcar una señal de lo que podría ser una coalición que podría conformarse gracias al proceso constituyente, en el metalenguaje lo que está haciendo es un llamado directo al Gobierno para que pueda impulsar o patrocinar esta iniciativa. De lo contrario, si consideramos que pronto se inicia el feriado legislativo, en la práctica, solo habrá tres meses para lograr un acuerdo que se ve hoy imposible si la UDI mantiene su tozudez.

Entonces, el dilema será para el Presidente Sebastián Piñera, quien tiene dos años cuesta arriba habiendo abandonado por completo su programa, con un nivel de apoyo en el suelo y, más encima, con los errores que comete a diario, como lo que se ha sabido en las últimas horas del traspaso US$500 millones a paraísos fiscales, lo que agudizará esa percepción del hombre rico que encarna los males que la gente ha denunciado en la calle durante estos dos meses. El Mandatario ya sufrió una derrota con el plebiscito de la Constitución, ¿por qué mejor no intentar revertir la situación y “apropiarse” de un proceso que sea más representativo para la gente? Mal que mal, la única perspectiva que les queda es, al menos, que su firma aparezca en la nueva Carta Magna.

Y, por supuesto, la derecha se tendrá que reacomodar en esta vuelta en función de la Constitución, proceso que implicará dos años marcados por esta discusión y con elecciones desde gobernadores hasta nuevo Presidente(a). La UDI de seguro se acercará más a José Antonio Kast, porque su opción obvia es liderar el NO, algo que ya hemos visto han señalado Van Rysselberghe y el propio líder de Republicanos. Renovación Nacional y Evópoli intentarán marcar un paso hacia el centro y alejarse finamente del Gobierno, proceso en que es probable que puedan encontrarse con la DC, siempre y cuando se abran a la participación de “cuotas” y hagan una declaración explícita de su apoyo al Sí.

Esperemos que en los pocos meses que quedarán entre el plebiscito y el 25 de junio nuestra clase política, y especialmente los parlamentarios, estén a la altura del compromiso que firmaron el 15 de noviembre. De lo contrario, esta postergación de resolver lo de fondo –o “chutear la pelota– podría significar que esta vez sea el Congreso el que termine por volver a encender la calle. Que cada uno asuma sus responsabilidades.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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