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Funas y destrucción excusan la solución

por 27 enero, 2020

Funas y destrucción excusan la solución
Nadie puede decir que se avala la violencia, los saqueos y la destrucción. No, nadie puede decirlo. El pueblo ha mostrado su sabiduría y entre la valoración de la democracia, pero con las transformaciones necesarias, hace la diferencia entre violencia y expresión popular, porque sabe que se pretende manipular la información para desviar la atención al desorden para no solucionar el problema de fondo. Se ha alargado innecesariamente la crisis por el Gobierno, un mal Gobierno que se transformó –por decisión propia o por incapacidad o ambas– en un desgobierno y, a pesar de ello, el país ha seguido funcionando gracias solamente a la responsabilidad de sus ciudadanos, pero con las mismas injusticias para más del 80 % de ellos y con los mismos privilegios para unos pocos.
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Causó risas y burlas la frase –ya míticia– de “esto no prendió, cabros” y, al mismo tiempo, en forma íntima, nos preguntábamos ¿cómo no lo vi venir? Y, luego del 18 de octubre, todos empatizamos con las razones que impulsaron la gran expresión social, simpatizamos con las marchas, con los cánticos contra el modelo, contra el Gobierno, contra el Presidente, contra las fuerzas de orden y, en general, con las manifestaciones que con un contundente grito expresaban no más abusos de un modelo impuesto desde la dictadura.

Después de este llamado de atención social, esperábamos a corto plazo leyes acordes al reclamo ciudadano o, al menos, con la sensibilidad por el dolor que viven a diario millones de ciudadanos.

Pasamos por distintas emociones, empatía y sentir que nos interpretaban a todos y todas, preocupación, miedo, rabia y algunos comenzaron a sentir una extraña solidaridad con el Gobierno. A pesar de esto, no ha existido en ellos la mínima conciencia respecto a que la solución está en sus manos para atenuar la angustia de los chilenos, evitando que los estudiantes no terminen endeudados, los ancianos empobrecidos, las mujeres maltratadas e invisibilizadas, con los enfermos agravados o muertos, los pobres despreciados y discriminados, como si fueran una molestia para todos.

Se le pide calma, serenidad a un pueblo que es abusado. Nadie puede decir que se avala la violencia, los saqueos y la destrucción. No, nadie puede decirlo. El pueblo ha mostrado su sabiduría y entre la valoración de la democracia, pero con las transformaciones necesarias, hace la diferencia entre violencia y expresión popular, porque sabe que se pretende manipular la información para desviar la atención al desorden para no solucionar el problema de fondo.

Lo único claro es que no se puede continuar en punto cero, pero todos los actores políticos poco colaboran a ello, pues hay temor de plantear lo evidente, lo obvio y que es que no puede continuar gobernando un Presidente sin respaldo ciudadano. Ello solo aumentará la crisis y tampoco se pueden continuar dando argumentos infantiles de caos, de antidemócratas y de irresponsables. Lo cierto es que existe institucionalidad para salir de esta crisis social y política, lo responsable y prudente no es ignorarla, sino tener la firme convicción de utilizarla antes que las demandas y la crisis se vuelvan incontrolables y las pérdidas humanas se vuelvan el pan de cada día.

Se ha alargado innecesariamente la crisis por el Gobierno, un mal Gobierno que se transformó –por decisión propia o por incapacidad o ambas– en un desgobierno y, a pesar de ello, el país ha seguido funcionando gracias solamente a la responsabilidad de sus ciudadanos, pero con las mismas injusticias para más del 80% de ellos y con los mismos privilegios para unos pocos.

Eso es lo que molesta, los chilenos aprendieron, y por la inoperancia de toda la clase política sin excepción, que sin movilización popular no son escuchados, es decir, quienes debieran haber canalizado las demandas ciudadanas y proponer soluciones, no lo hicieron, mostrando absoluta indolencia al dolor de los otros, por lo que no queda más que hacer visibles sus demandas.

No se puede negar que han subido de tono las expresiones sociales, como tampoco se puede negar que casi 100 días han esperado los ciudadanos y no ha habido respuestas contundentes a sus demandas y aflicciones. Los  chilenos siguen esperando y con bastante cordura, con un Presidente que no supera el 6% de aprobación y con un Gobierno que agudiza cada día más la indignación de las personas. Esta administración piensa que las crisis se solucionan solas y con el paso del tiempo.

Lo único claro es que no se puede continuar en punto cero, pero todos los actores políticos poco colaboran a ello, pues hay temor de plantear lo evidente, lo obvio y que es que no puede continuar gobernando un Presidente sin respaldo ciudadano. Ello solo aumentará la crisis y tampoco se pueden continuar dando argumentos infantiles de caos, de antidemócratas y de irresponsables. Lo cierto es que existe institucionalidad para salir de esta crisis social y política, lo responsable y prudente no es ignorarla, sino tener la firme convicción de utilizarla antes que las demandas y la crisis se vuelvan incontrolables y las pérdidas humanas se vuelvan el pan de cada día.

La historia nos muestra que hay momentos en que hay que actuar con carácter y liderazgo, aunque ello signifique reconocer ante el país y el mundo que nos equivocamos en mantener un modelo, groseramente concentrado y violento con la gran mayoría de los chilenos y las chilenas.

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