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Deuda argentina por US$311.000 millones: una bomba de tiempo que requiere con urgencia un “plan”

por 4 febrero, 2020

Deuda argentina por US$311.000 millones: una bomba de tiempo que requiere con urgencia un “plan”

Crédito: Agencia EFE

Políticas como los pactos sociales tienen una larga y dudosa historia en América Latina, lo que ejerce aún más presión sobre Fernández para evitar un incumplimiento por completo. Pero antes de que pueda hacer eso, necesitará un plan.
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Tras un mes en el cargo, economistas e inversores aún no saben cómo el presidente argentino, Alberto Fernández, planea salir de un hueco de deuda de US$311.000 millones y comenzar a crecer. Solo saben el cuándo.

La semana pasada, su Gobierno presentó un ambicioso cronograma para conversaciones de deuda que pretende concluir a fines de marzo. Si bien es ligero de detalles y merece escepticismo, ofrece al menos una idea de un plan de un presidente y un equipo económico que hasta ahora han evitado cualquier tipo de mapa general.

Martín Guzmán, el académico de 37 años convertido en ministro de Economía, se reunirá con la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, el miércoles en el Vaticano. Debe presentar su análisis de sostenibilidad de la deuda al Congreso a mediados de febrero, tras lo cual seguirá una oferta a acreedores a principios de marzo. Entretanto, Fernández también está en Europa esta semana para tratar de obtener el apoyo de Alemania, Francia y España.

“Hoy faltan piezas en el rompecabezas del programa económico”, dijo Marina Dal Poggetto, directora ejecutiva de la consultora EcoGo, con sede en Buenos Aires. “No sabes si son medidas desordenadas o es la secuencia la forma en la cual la política maneja el programa”.

Sin duda, nadie esperaba que el estilo de gobierno de Fernández fuera ortodoxo. El operador político de toda una vida llegó al poder a fines del año pasado y prometió una ruptura limpia con su predecesor, Mauricio Macri, después de años de austeridad y su acogimiento del libre mercado. Aun así, observadores del mercado han quedado confundidos con la revisión de un mosaico de políticas vagas y, a veces, contradictorias. Uno de estos enigmas es la decisión de deshacerse de los pronósticos económicos porque, como dice el presidente del banco central, Miguel Pesce, dañan la credibilidad.

“Perjudican la credibilidad si no se cumplen y la potencian si se cumplen”, dijo Alberto Ramos, jefe de investigación de América Latina en Goldman Sachs. “¿Cómo puede ganar credibilidad si no sabe cuál es su meta?”.

Uno de los pocos objetivos que Fernández ha anunciado públicamente es la fecha límite autoimpuesta del 31 de marzo. Argentina, país moroso en serie, es presa de US$38.700 millones en intereses y pagos de capital este año, según estimaciones de la consultora Alberdi Partners. Su carga de deuda bruta de US$311.000 millones incluye un préstamo del FMI, así como bonos extranjeros y préstamos en moneda local en manos de inversores públicos y privados.

Con una fecha límite más apremiante, la provincia de Buenos Aires, que también se rige por el partido de Fernández, acaba de mejorar su oferta a tenedores de bonos con vencimiento en 2021, a quienes se les solicitó retrasar un pago de capital que venció el 26 de enero.

Ajuste de cuentas

Este es un momento más de ajuste de cuentas para Argentina, que cuenta con una larga historia de crisis fiscales e incumplimientos. La economía y el argentino común y corriente aún no se han recuperado por completo de la saga de 15 años y las profundas recesiones que siguieron a su incumplimiento récord de US$95.000 millones en 2001. Las previsiones muestran que la economía probablemente se contrajo 2,5% en 2019 y está a punto de contraerse por tercer año consecutivo en 2020.

La última reestructuración tardó más de una década en resolverse. Fernández se está dando un poco menos de 60 días para hacerlo esta vez, ganando escepticismo por parte de analistas de Citigroup, ING, Oxford Economics y otros lugares.

El FMI será un jugador clave en las discusiones que se producen menos de dos años después de haber firmado un rescate récord de US$56.000 millones. El dinero llegó con muchas condiciones, incluidos dolorosos recortes de gastos y otras condiciones que finalmente ayudaron a la caída de Macri. El Fondo planea enviar una misión técnica a Buenos Aires este mes después de una primera reunión con Guzmán en Nueva York la semana pasada. Los funcionarios de prensa de Fernández y Guzmán declinaron hacer comentarios.

“El Gobierno podría no estar tomando riesgos por ahora, listo para atacar con un plan detallado y considerado que ya se ha desarrollado”, escribió Stuart Culverhouse, jefe de investigación de ingresos soberanos y fijos en Tellimer, en un informe el miércoles. “Pero lo dudamos. Argentina suele sobreestimar o exagerar su posición”.

La pista más reciente que tienen inversores al tratar de descubrir qué podría hacer Argentina proviene de una presentación que Guzmán hizo en 2019 en una conferencia de las Naciones Unidas mientras era investigador asociado en Columbia University. La presentación sobre la renegociación de la deuda de la nación sudamericana recomienda que el Gobierno busque un plazo de dos años en los pagos, sin reducir el capital o los intereses.

Guzmán mismo ha dicho desde entonces que era mejor no leer demasiado entre líneas. “No tomaría nada de eso como referencia de lo que nosotros vamos a hacer”, dijo a periodistas después de ser nombrado ministro.

Resolver sus problemas de deuda será un paso crucial para reactivar el crecimiento en una nación con desequilibrios crónicos. La contracción que se espera este año sería la sexta desde 2012. El peso ha caído casi 70% frente al dólar desde comienzos de 2018, de lejos la moneda de mercado emergente con peor desempeño. La inflación es de 54%, y un tercio de la población vive en la pobreza.

Fernández, quien recibió poderes de emergencia radicales poco después de asumir el cargo, quiere cambiar la forma en que se calculan los aumentos de pensiones para terminar un ciclo que Eurasia Group y otros dicen solo alimenta la inflación. Pero nuevamente la gran pregunta es: ¿cómo? También dijo que el crecimiento económico es una de las principales prioridades, al tiempo que aumenta los impuestos a las exportaciones, los argentinos ricos y las compras en dólares.

Las medidas “pueden llegar a mejorar transitoriamente las cuentas públicas”, dijo Pablo Guidotti, exviceministro de Economía en la década de 1990. “Pero todos los aumentos de impuestos, yo creo que son muy problemáticos, especialmente para lo que debería ser el objetivo de la política económica, que es generar crecimiento económico”.

Pesce, entretanto, dijo que su objetivo es reducir la inflación y alentar el ahorro en pesos para fortalecer la débil moneda. Pero al mismo tiempo, redujo simultáneamente las tasas de interés en 15 puntos porcentuales y prometió respetar las necesidades financieras “indispensables” del Tesoro al continuar imprimiendo dinero. Los llamados pactos sociales, en los que las empresas, los sindicatos y el gobierno negocian aumentos de precios y salarios, son otro pilar del plan de Pesce.

Políticas como los pactos sociales tienen una larga y dudosa historia en América Latina, lo que ejerce aún más presión sobre Fernández para evitar un incumplimiento por completo. Pero antes de que pueda hacer eso, necesitará un plan.

“¿Cuál es la estrategia de deuda de la nación?”, preguntó Marcos Buscaglia, economista jefe de Alberdi Partners. “No lo sé”.

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