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Festival de la UDI en el MOP-Gate II, lo mejor del verano

por 24 febrero, 2020

Festival de la UDI en el MOP-Gate II, lo mejor del verano
Estéticamente impresentable lo de Hasbún. Sin duda, un guionista de Netflix no podría tener tanta creatividad. El exdiputado fue denunciado por un empresario de su sector, ligado a la propia UDI, de intentar cobrar una coima para resolverle un problema. El exalcalde luego querellándose contra Fulgeri, quien antes había colaborado con la frustrada campaña a senador de Hasbún, facilitándole vehículos –¿esto quedó registrado en su informe al Servel?–. Hasbún después denunciando en tribunales al diputado Molina (Evópoli), quien fue el primero en informar al Gobierno de estas supuestas irregularidades. El ladrón detrás del juez. Pero, más allá de la gravedad de este caso, lo que está empezando a quedar en evidencia es que las investigaciones al MOP en esa región ya van en doce. Es decir, aquí parece que estamos en presencia de un MOP-Gate II.
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Este verano no fue como los de antes. Las calles no estuvieron vacías, la gente no salió al extranjero, las protestas continuaron los viernes en Plaza Italia, la PSU se dio durante casi todo el mes de enero, Santiago a Mil no desplegó sus monos gigantes y optó por el teatro reflexivo, enhorabuena. Los políticos esta vez prefirieron sumergirse y evitar que supiéramos dónde y cómo estaban descansando, algo que solían dar a conocer sin reparar en que con eso reforzaban la sensación de desigualdad y los privilegios de algunos por sobre otros chilenos. Incluso, el Presidente Piñera evitó ese protagonismo exagerado de su primer período, en que a diario seguíamos –en una especie de cadena nacional de los canales abiertos– sus extenuantes actividades vacacionales en su campo en el lago Ranco. Pero hubo una excepción a esa regla.

La UDI se convirtió en el partido protagonista del verano 2020. Intrigas, peleas con sus socios de Evópoli y arrebatos estrafalarios de sus líderes, lograron capturar la agenda mediática. Hasbún y su sospechosa conversación con Fulgeri. El ministro Lucas Palacios, involucrado por el exdiputado gremialista, quien propinó un golpe duro a Jacqueline Van Rysselberghe congelando su militancia luego que la senadora se la jugara por Hasbún. Iván Moreira que no pudo resistir perder el rol de vocero (s) que tenía siempre en los veranos, haciendo una denuncia contra una línea de cuadernos que pareció más una broma infantil que algo a la altura de un parlamentario. La alcaldesa Reginato, cuya amiga jueza validó los exámenes libres que le permitieron sacar sus estudios básicos y medios en un día. Y, claro, los diputados UDI que pidieron la salida de un ministro (s) de su propia coalición.

Qué verano de la Unión Demócrata Independiente. Mucho más interesante y entretenido que los festivales que este año inundaron el país y fueron noticia por los silbidos y funas –e incluso pedradas, algo condenable– contra el clan Morandé con Compañía, ese programa que se convirtió en ícono del humor rasca y machista, que en el país previo al 18/0 era tolerado pese a las evidentes discriminaciones, incluyendo a personas que sufrían acondroplasia y que eran casi vejadas por su conductor.

Estéticamente impresentable lo de Hasbún. Sin duda, un guionista de Netflix no podría tener tanta creatividad. El exdiputado fue denunciado por un empresario de su sector, ligado a la propia UDI, de intentar cobrar una coima para resolverle un problema. El exalcalde luego querellándose contra Fulgeri, quien antes había colaborado con la frustrada campaña a senador de Hasbún, facilitándole vehículos –¿esto quedó registrado en su informe al Servel?–. Hasbún luego denunciando en tribunales al diputado Molina (Evópoli), quien fue el primero en informar al Gobierno de estas supuestas irregularidades. El ladrón detrás del juez. Pero más allá de la gravedad de este caso, lo que está empezando a quedar en evidencia es que las investigaciones al MOP en esa región ya van en doce. Es decir, aquí parece que estamos en presencia de un MOP-Gate II.

Pero el intento de cohecho o tráfico de influencias –en manos del fiscal de Alta Complejidad Héctor Leiva– traería coletazos importantes para la primera línea gremialista.

La presidenta del partido, desde sus vacaciones en el extranjero, emitió declaraciones que irritaron al joven ministro de la colectividad. Palacios no solo se limitó a difundir un comunicado personal y subir a redes un video –pese a estar de vacaciones– en que no solo aseguraba no haber sostenido contacto con Hasbún, sino que además comunicó su autosuspensión temporal de la tienda de Av. Suecia. Si esto no hubiese pasado en las dos semanas del año en que el país se parece más a Macondo, habría significado un terremoto político de proporciones en la UDI.

Estamos hablando de un ministro que se sintió perjudicado por JVR versus un exdiputado dedicado a labores privadas, pero cercano y leal con la senadora por la Región de Biobío. Cuesta entender qué información tuvo para nivelar la balanza y apoyar a Hasbún. Este misterio, de seguro, se develará a medida que se vayan conociendo aspectos de la investigación, pero es evidente que la relación entre la UDI y Evópoli sufrió una ruptura que parece irreversible. Sin ir más lejos, el emplazamiento que los diputados Coloma, Urrutia y Ramírez le hicieron al ministro (s) Juan Carlos Silva para que renuncie, luego de haber condenado que se borraran los grafitis del frontis del GAM –al parecer la orden provino del intendente Guevara– traerá consecuencias en ambos partidos.

Pero el festival del verano de la UDI nos entretendría con dos números que podríamos calificar en la categoría del humor. La dupla Moreira-Reginato. El senador, desde sus vacaciones en Chiloé, desataría una inusual pero tragicómica polémica, a propósito de una colección de cuadernos Colón que traían en su portada unos jóvenes grafiteros, spray en mano y con sus obras de fondo. Por supuesto que los muchachos portaban máscaras o pañuelos, algo propio de quienes se dedican a esa actividad. De seguro, los creativos que trabajan con el senador evangélico pensaron que había que aprovechar la sensibilidad, debido al impacto causado por un comercial de ropa de colegio acusado de utilizar imágenes sexistas de niños.

Sin embargo, la verdad es que este episodio –más aún si revisamos el historial de Moreira– lo único que hace es aumentar el desprestigio de la clase política entre los ciudadanos que observan el tipo de estrategias comunicacionales bastantes burdas que utilizan algunos parlamentarios, más todavía desde sus cómodas vacaciones en el sur. Iván Moreira demostró que sigue utilizando los mismos códigos y pensando que aún vive en el país de los “raspados de la olla”

Y el último espectáculo de este festival político habría de ser protagonizado por la alcaldesa de Viña del Mar, Virginia Reginato. Gracias a un audio, nos enterábamos que la militante UDI confesaba su estrecha amistad con la jueza Pilar Labarca, quien hace seis años sobreseyó una querella presentada contra Reginato por falsificación de instrumento público, al ser denunciada por lograr su licencia de enseñanza básica y media en un día en un colegio de la Región Metropolitana, algo no sólo poco creíble sino además imposible.

Más allá de la denuncia, ¿esto significa que la alcaldesa de una de las ciudades más importantes del país ni siquiera estudió en la educación formal y tuvo que regularizar recién en 2007? ¿No se supone que la ley actual dice que alguien que rinde todos los exámenes libres, solo puede aspirar a presentar ese certificado para fines “laborales”, pero no electorales? Un aporte más al desprestigio y el desprecio de los ciudadanos por nuestra distinguida clase política, o un grupo de ellos para ser justo.

La UDI vivió su propio festival este verano, el que solo podría ser superado por el de Viña del Mar, debido a todo lo que ha rodeado su desarrollo previo. Prohibición de usar pancartas, anillos perimetrales, cientos de Carabineros y PDI que intentarán pasar camuflados entre el público para tratar de controlar cualquier arrebato del “monstruo”. Y, por supuesto, esperando cómo será la recepción del público a la alcaldesa que batió todos los récords conocidos para conseguir acreditar cuánto había aprendido como autodidacta y no necesitar asistir al colegio como el resto. Bueno, ese mérito también merece una antorcha.

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