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Economía verde: El mejor freno al Covid-19 y a la crisis climática

por 31 mayo, 2020

Economía verde: El mejor freno al Covid-19 y a la crisis climática
Las lecciones aprendidas en los últimos 100 días nos indican que de aquí en adelante lo sanitario ante toda pandemia será más eficaz y efectivo aplicando acciones preventivas antes que curativas, apoyados en un sistema de salud pública de calidad, gratuito, igual o mejor que los sistemas privados; lo político, con un nuevo parlamento y un nuevo gobierno bajo el amparo de una nueva Constitución formulada y adoptada por todos los chilenos; lo ambiental, con una revisión profunda a la institucionalidad y al derecho medioambiental (¿y qué pasó con el proyecto de Ley Marco sobre Cambio Climático?¿la eliminación de las zonas de sacrificio? ¿la ratificacion del Acuerdo de Escazú?); y lo económico, con una “economía verde” que se ocupe de la pandemia y la acción climática impulsando la disrupción tecnológica. Bueno, para nombrar sólo algunos de los muchos temas pendientes.
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Un concepto a tener claro es que el Covid-19 y el cambio climático, interactúan como estímulos fuerza con todos los componentes de nuestra sociedad. Para conocer mejor sus interacciones, la ciencia utiliza modelos matemáticos muy complejos que tienen como objetivo analizar cómo éstas perturbaciones afectan al sistema como un todo, ya se trate del climático, social, político, o económico. Por ejemplo, ¿Qué patrones característicos sistémicos de respuesta se generan? ¿Cuánto tiempo tarda el sistema en volver al estado anterior al shock? ¿Hay casos en que el sistema no retrocede?

En el caso chileno, por tanto, es preciso detenerse a examinar las lecciones que hemos aprendido. Ocupa el primer lugar la ignorancia científica demostrada por el sistema político, incluidos el mandatario, sus ministros, los parlamentarios y las autoridades locales. De esta ignorancia, no se salva nadie. El peor efecto de tal ignorancia sucedió en el período crucial de enero-febrero 2020, cuando nuestras autoridades prefirieron la “inacción”. Inspirados por Trump, consideraron al Covid-19 como una gripe estacional, permitiendo que las actividades continuaran “como siempre”. Esta inacción fue la que ayudó a difundir el virus sirviendo como potente motor de la enfermedad. La inacción es también la peor de las estrategias para enfrentar la crisis climática.

“Se les derrumbaron los castillos de naipes”, insólito como argumento. Piñera y Mañalich desperdiciaron la oportunidad de ejercer una precaución ejemplar, teniendo listos, por ejemplo: los equipos médicos; los planes de emergencia; las estrategias de respuestas coordinadas nacional e internacionalmente; y la capacidad de evaluar a miles de ciudadanos a diario. Hoy reconocen que se equivocaron y que vamos atrasados en la ejecución de acciones. Claro que sí. Pero, por favor, que no hagan lo mismo frente al cambio climático. Dejemos a la historia y a la ciencia que demuestren a futuro hasta qué punto fueron negligentes disfrazando la gravedad de la situación, la cual en gran parte escaló como fruto de sus propias incapacidades.

Una nueva economía

Hoy estamos enfrentados a una muy compleja opción: ¿luchamos irresponsablemente por volver a la economía que teníamos antes o tratamos de construir una mejor? La respuesta obviamente es buscar una nueva. Esta pregunta es crucial que se responda con claridad las próximas semanas. ¿Lo estarán considerando las autoridades? Todos los signos demuestran que no. ¿Por qué? Porque para conseguirlo, es evidente que necesitaríamos nuevos líderes en todos los partidos políticos. Salvo raras excepciones, con los actuales líderes sería imposible conseguirlo. Este es nuestro principal problema.

Antes del COVID-19, teníamos una economía lenta, lineal y de alto consumo de carbono que trataba sin éxito por aumentar las tasas de empleo y la calidad de vida, al tiempo que agotaba los recursos naturales, producía desechos peligrosos y contaminantes tóxicos, poniendo en riesgo a la población.

Ahora se nos abre la oportunidad de seguir otro camino: impulsar una “economía verde” que se ocupe de la pandemia y la acción climática impulsando la disrupción tecnológica. ¿Cómo? Prefiriendo un crecimiento cualitativo, con una economía circular, sostenible y altamente competitiva. ¿Cómo llegamos allí? Primero, entendiendo que seguir buscando un crecimiento económico ilimitado no es una opción. Segundo, reemplazando la infraestructura antigua y contaminante por una moderna, limpia y eficiente, en todos los sectores: agua, energía, construcción, movilidad, agricultura y procesos industriales, por nombrar solo algunos. Esto crearía muchos más empleos y aumentaría nuestro PIB mucho más que aquello que veníamos haciendo mal.

Tenemos que descartar el argumento que plantea que la “economía verde” es un lujo que no podemos permitirnos. Esto es inaceptable, ya que los datos científicos nos indican que es muy probable que en los próximos años nuestro país será afectado por eventos climáticos extremos, incluyendo inundaciones, sequías, incendios forestales, marejadas y desertificación. Ignorar estos riesgos cobijándonos en la inacción, como ya lo hicimos con pésimos resultados en el caso del COVID-19, sería inexcusable. Peor aún, no respetar a la naturaleza nos confrontará a virus aún más dañinos en el futuro próximo.

En todo el mundo se están obteniendo datos muy positivos para fortalecer una economía verde como baluarte para detener futuras pandemias y auspiciar la acción climática. La interrupción repentina de la producción y el transporte, si bien dañó a la vieja economía, al mismo tiempo nos mostró cómo podría ser si electrificáramos nuestro transporte y disminuyésemos los combustibles fósiles en nuestras industrias. Las energías renovables y las tecnologías limpias son una oportunidad económica e industrial que nos señala que no hay por qué volver a una economía basada en combustibles fósiles. Las tecnologías están disponibles, son limpias, se pagan solas gracias al ahorro de energía y a los recursos que generan. Invertir en esta nueva infraestructura energética es una inversión, una forma de aumentar las ganancias para la industria y reducir el gasto para las personas.

Las tendencias que se avizoran

En buena medida, la economía verde ha tenido su estreno global a raíz de la pandemia. También es la base fundamental para la lucha contra el cambio climático. Las “principales tendencias” que sostienen a la economía verde, son actualmente el núcleo de la tremenda disrupción tecnológica que se suponía tendría lugar a escala global en los próximos años, pero ya están aquí!! En los últimos tres meses, aceleraron su puesta en escena y son las siguientes:

Nuevas tecnologías que abaratan las energías renovables, en especial la solar; bajo consumo de petróleo; sistemas de electromovilidad más competitivos; conducción autónoma; trabajo a distancia; educación y aprendizaje remotos desde escuelas parvularias hasta universidades; robotización en las industrias y fábricas; nuevos sistemas digitales de información y de comunicaciones; tecnologías mejor comandadas por algoritmos; comercio en línea y sistemas de reparto por robots; pagos y administración de finanzas digitales a distancia; nuevos instrumentos y sistemas de tele-Salud; multiplicación de las ofertas de entretenimientos en-línea; nuevas redes de suministros 4.0; nuevas aplicaciones para las impresoras 3D; fuerte desarrollo y aplicación de la robótica y drones en medicina; y nuevas tecnologías de información y comunicaciones 5G (ICT).

Como se aprecia es una larga lista y seguirá creciendo a medida que pase el tiempo. Nuestro gobierno, las empresas y los sistemas financieros no pueden continuar perdiendo tiempo. Tienen que apoyar esta disrupción tecnológica, abrazar sus tendencias e impulsar aquellas inversiones que impulsen nuevos emprendimientos. La dinámica de esta disrupción tecnológica nos exige diversificar nuestra atención.

Sin desmerecer el valor de las medidas ahora curativas frente a la pandemia, es hora de mirar hacia adelante. No podemos seguir pegados a la TV, con los boletines diarios sobre el coronavirus. Abrir nuevos caminos, generando más empleos y mejores salarios. Esto es lo que se necesita escuchar, sin descuidar el apoyo solidario, los cuidados intensivos y el cambio de conductas que poco a poco hemos ido aprendiendo para detener la pandemia.

En síntesis, las lecciones aprendidas en los últimos 100 días nos indican que de aquí en adelante lo sanitario ante toda pandemia será más eficaz y efectivo aplicando acciones preventivas antes que curativas, apoyados en un sistema de salud pública de calidad, gratuito, igual o mejor que los sistemas privados; lo político, con un nuevo parlamento y un nuevo gobierno bajo el amparo de una nueva Constitución formulada y adoptada por todos los chilenos; lo ambiental, con una revisión profunda a la institucionalidad y al derecho medioambiental (¿y qué pasó con el proyecto de Ley Marco sobre Cambio Climático?¿la eliminación de las zonas de sacrificio? ¿la ratificacion del Acuerdo de Escazú?); y lo económico, con una “economía verde” que se ocupe de la pandemia y la acción climática impulsando la disrupción tecnológica. Bueno, para nombrar sólo algunos de los muchos temas pendientes.

Ahora es cuando. Necesitamos transmitir un mensaje con la visión de una nueva economía en nuestras mentes. Es la oportunidad de cambiar el guión. Aún es tiempo para que nuestro país enmiende su rumbo. Comencemos hoy, mañana podría ser demasiado tarde. ¿Que se cometerán errores? Sí claro, pero que la “inacción” nunca más vuelva a ser uno de ellos.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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