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OPINIÓN

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Carta abierta al Presidente Piñera

por 2 junio, 2020

Carta abierta al Presidente Piñera
Necesitamos un cambio de actitud real, en testimonio y hechos concretos. Más que una declaración pública, se requiere que se materialice y se escuche a los diversos actores. Hoy, en consideración de la difícil y delicada situación que atraviesa nuestro país y el mundo, e independientemente del acuerdo que se discute y que busca medidas de protección social, reactivación económica y estrategia fiscal, necesitamos un acuerdo que se haga cargo de lo urgente, que no es otra cosa que proteger y salvar vidas, con acciones inmediatas enfocadas en enfrentar y evitar la catástrofe, cuestión que millones de personas no pueden seguir esperando.
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Señor Presidente:

El día lunes 26 de mayo usted convocó a diversos actores a concretar un acuerdo transversal en materias de protección social, reactivación económica y estrategia fiscal para enfrentar las consecuencias de la pandemia. Abrió, de este modo, el espacio al diálogo y a la colaboración, lo que valoro, pues coincido en que hoy el entendimiento es más necesario que nunca.

En nuestro rol de legisladores y desde la llegada de la pandemia a Chile, hemos hecho aportes, pero aun así algunos no se agotan en señalar que nuestra posición ha sido más bien obstruccionista. Nada más lejos de nuestro afán y voluntad.

Señor Presidente, su llamado surge en un contexto en que la estrategia elegida por el Gobierno y con ello también de su plan de acción, no lograron los objetivos perseguidos, situación que fue reconocida por el propio ministro de Salud.

No es nuestro afán recriminarle esta situación ni menos decirle que se lo anunciamos. Esto, pues la urgencia se impone frente a los resultados evidentes, expresados en la crisis social que aumenta y escala en materias de seguridad pública; el crecimiento exponencial de casos confirmados que ya supera las 100 mil personas; el dramático incremento de fallecidos, que ya superó las 50 personas diarias; el colapso de la red asistencial en la Región Metropolitana (97% de ocupación de UCI) y su impacto en la red a nivel nacional; el preocupante incremento de casos en regiones de la zona central; el incumplimiento de cuarentenas masivas producto de una estrategia fallida y poco integral; las preocupantes proyecciones respecto de los próximos dos meses, donde se ha indicado que solo en materia de fallecidos el número podría llegar, en algún momento, a cifras de 120 personas diarias o más (Espacio Público, 22 de mayo de 2020), sin mencionar otras que son aún más catastróficas.

Es fundamental, una vez más, hacer presente que no he claudicado, ni lo haré, en los esfuerzos por colaborar, tal como se lo indicamos por Oficio firmado por 24 senadoras y senadores el 4 de mayo pasado, el cual señalaba: “Claramente no estamos en una fase de superación de la pandemia, ni de estabilización de contagios. Abordar adecuadamente esta emergencia requiere del esfuerzo de todos, más allá del oficialismo y la oposición, y nuestro compromiso en estos momentos se redobla. No obstante lo señalado, esto no puede implicar que estemos disponibles para apoyar o guardar silencio ante medidas que incrementan el riesgo frente a una amenaza como esta pandemia, pues por sobre el Gobierno, oficialismo y oposición, están las personas a las cuales juramos/prometimos servir".

La llegada de nuevas olas de contagio durante los próximos meses, impone con dramática urgencia la necesidad de definir una nueva estrategia e implementar un nuevo plan de respuesta y recuperación, en el que se fortalezca la presencia y acción del Estado a partir de la adecuada articulación institucional.

Por diversas vías, que van desde oficios, reuniones con distintos representantes del Ejecutivo, sesiones de comisiones y de Sala y a través de los medios de comunicación y redes sociales, me he dirigido a usted con el objeto de señalar nuestra preocupación por la estrategia de contagio progresivo o inmunidad de rebaño, adoptada por el Gobierno, y por la falta de un diseño social y económico integral.

Lo anterior, lo he llevado a cabo como senadora de la República y también en mi calidad de jefa del comité de senadores de la Democracia Cristiana; además, siendo parte de iniciativas que han involucrado a la oposición en su conjunto y otras, en las que incluso han participado senadores oficialistas.

A ello, he acompañado también diversas propuestas que –a mi parecer y en muchos casos también de mis colegas senadores y senadoras– deben ser consideradas como urgentes y necesarias en el marco de la actual pandemia que afecta a Chile y al mundo. Propuestas respecto de la estrategia, iniciativas en materia de transparencia, así como establecer medidas de tipo social y económicas, necesarias para que cualquier acción de carácter restrictivo pueda ser efectiva y viable, sin poner a la comunidad en la disyuntiva entre salud o sustento.

De igual manera, como comité de senadores DC, planteamos que una vez que las condiciones de apoyo social estuviesen instaladas, era posible pensar en que cuarentenas, aislamiento y limitación de desplazamiento fuesen efectivos. Sin embargo, la estrategia elegida por el Ejecutivo no contemplaba el nivel de restricciones que se han utilizado en otros países, que han tenido mejores resultados que el nuestro en el control de la pandemia.

Señor Presidente, nuestras propuestas no solo no fueron escuchadas, sino que, aún más, tampoco fueron respondidas. No obstante, hoy la situación no deja espacios para algo que no sea aunar esfuerzos con un solo fin: proteger y salvar vidas.

Es fundamental, una vez más, hacer presente que no he claudicado, ni lo haré, en los esfuerzos por colaborar, tal como se lo indicamos por Oficio firmado por 24 senadoras y senadores el 4 de mayo pasado, el cual señalaba: “Claramente no estamos en una fase de superación de la pandemia, ni de estabilización de contagios. Abordar adecuadamente esta emergencia requiere del esfuerzo de todos, más allá del oficialismo y la oposición, y nuestro compromiso en estos momentos se redobla. No obstante lo señalado, esto no puede implicar que estemos disponibles para apoyar o guardar silencio ante medidas que incrementan el riesgo frente a una amenaza como esta pandemia, pues por sobre el Gobierno, oficialismo y oposición, están las personas a las cuales juramos/prometimos servir".

"En estos momentos es cuando debemos demostrar, más que nunca, que nos hacemos cargo de las críticas de la ciudadanía frente a la actuación del Poder Ejecutivo, Parlamento y partidos políticos, ahora y en el pasado".

"Señor Presidente, al igual como nos pide fervientemente que colaboremos para enfrentar unidos esta catástrofe, nosotros con el mismo ímpetu le pedimos que escuche, pues todos debemos hacer esfuerzos para, desde la diferencia y la diversidad, encontrar las mejores iniciativas para la protección y bienestar de nuestra comunidad”.

Hoy, como senadora, reitero a usted mi compromiso por colaborar desde mi rol como parlamentaria y miembro de un poder del Estado, acogiendo su llamado, pero también comprendiendo que no bastan las voluntades y las palabras. Hoy millones de personas, que son parte de un Chile amplio y diverso, requieren acciones, seguridad de que el Estado ocupará todos los recursos disponibles para evitar que se enfermen y que, si ello es inevitable, se entregará todo el apoyo posible que nos permita el desarrollo que hemos alcanzado, en lo social, económico y sanitario para proteger su salud y sus vidas.

Presidente, no solo los parlamentarios hemos hecho propuestas. Diversos actores de la comunidad científica y técnica, plantearon –también en una misiva dirigida a usted– una serie de propuestas de urgencia y materialización inmediata “para evitar una catástrofe nacional por la propagación del COVID-19”. Algo que debemos escuchar y, por cierto acoger, como un aporte fundamental para el manejo de esta emergencia nacional y global.

Señor Presidente, el fracaso de la estrategia de inmunidad de rebaño o inmunidad colectiva, que fue advertido pero no escuchado y confirmado por el ministro de Salud, ya se refleja en mil fallecidos, cifra que se incrementa de manera dramática cada día. El sufrimiento de miles de personas se traduce en el crecimiento y extensión del impacto y afectación integral, en especial de los más vulnerados.

¡Hay que hacer todos los esfuerzos posibles! Debemos recoger las voces de quienes buscan colaborar, tomando decisiones políticas con respaldo científico y, por cierto, no reinventar la rueda. Estoy convencida que la crítica situación que vive el país requiere de una acción inmediata, que se enfoque en la coordinación y colaboración entre los diferentes poderes del Estado, poniendo en el centro y foco único la protección y bienestar de nuestras comunidades. Mi voluntad ha estado y esta se redobla ante su llamado, pero, para que se materialice, se requiere como base:

1. Cambio de Estrategia. Dejar atrás definitivamente la estrategia de Inmunidad de Rebaño o Inmunidad Colectiva y adoptar una estrategia que busque “aplastar la curva” y, así, cortar la cadena de contagio.

2. Establecer medidas sociales urgentes que permitan implementar medidas restrictivas efectivas que, siendo necesarias, generan un impacto significativo en la vida de los más vulnerados. Estas medidas deben ser desplegadas a la brevedad con el fin de, con posterioridad, tomar las medidas de restricción que son necesarias para cortar la cadena de contagio. Debe fortalecerse el nivel local, la gestión social y logística, en el ámbito sanitario y financiero. Con especial y urgente énfasis en el fortalecimiento de las capacidades y recursos de los municipios y atención primaria de salud.

3. Establecer un plan de medidas de restricción efectivas que, previamente, debe implementar las medidas sociales y económicas que hagan viable el aislamiento y el cumplimiento del mismo. Para ello, es fundamental desplegar una campaña comunicacional de concientización y una real fiscalización para el estricto cumplimiento de dicho plan. No basta solo la disposición de los ciudadanos. El Estado debe proveer a la comunidad de los insumos en materia de medicamentos, alimentación, servicios básicos (luz, agua, gas, telecomunicaciones). De lo contrario, el territorio es ocupado y no precisamente por la institucionalidad.

4. Coherente con el cambio de estrategia señalado en el punto 1, se debe aumentar significativamente las capacidades de testeo y procesamiento de PCR, que responda a un plan estratégico, que permita la trazabilidad de todos los contactos, su aislamiento digno, seguro y efectivo, y el tratamiento de cada caso.

5. Establecer una coordinación política y técnica entre ambos poderes del Estado para aunar esfuerzos a partir del rol y ámbito de acción que a cada uno corresponde, avanzando hacia una gestión más integrada de esta emergencia, con un enfoque social amplio, interinstitucional e interdisciplinario.

6. Redoblar los esfuerzos por construir coherencia y confianza, fortaleciendo los ámbitos de comunicación, transparencia y acceso a la información.

7. Más allá que economistas de diversas sensibilidades –a través de un documento preparado a petición de la presidenta del Colegio Médico, las Universidades de Chile y Católica y el Foro para el Desarrollo Sostenible– han confirmado que hoy existe una mayor capacidad estatal para ir en ayuda de los más vulnerados, el Gobierno debe dar una señal clara: que para el Estado no existe disyuntiva alguna entre vida y economía.

Es así como vengo a responder a su convocatoria en el marco señalado y, considerando la crítica situación actual y que se proyecta, espero de usted una pronta respuesta, acorde a las necesidades de la comunidad frente a la catástrofe, que demanda acciones concretas e inmediatas que no pueden ser postergadas.

Señor Presidente, necesitamos un cambio de actitud real, en testimonio y hechos concretos. Más que una declaración pública, se requiere que se materialice y se escuche a los diversos actores. Hoy, en consideración de la difícil y delicada situación que atraviesa nuestro país y el mundo, e independientemente del acuerdo que se discute y que busca medidas de protección social, reactivación económica y estrategia fiscal, necesitamos un acuerdo que se haga cargo de lo urgente, que no es otra cosa que proteger y salvar vidas, con acciones inmediatas enfocadas en enfrentar y evitar la catástrofe, cuestión que millones de personas no pueden seguir esperando.

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