domingo, 5 de julio de 2020 Actualizado a las 02:31

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Más que números

Más que números
El ministro de salud, doctor Jaime Mañalich, ha pecado de soberbia en sus comunicados, pasando a llevar a medios de comunicación e informando a la población de manera deficiente, introduciendo mensajes ambiguos y cambios de metodología que solo han demostrado que la gestión de la pandemia, por parte del Gobierno, ha sido ineficaz. No basta con reconocer que “se ha caído el castillo de naipes”, sino que es imperioso rectificar la estrategia e incorporar a la sociedad civil, expertos, científicos y alcaldes en la toma de decisiones.
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Más de 2.800 muertes por coronavirus y al alza. Eso indican los datos entregados por las autoridades. Mientras el desempleo aumenta y el hambre y la pobreza comienzan a instalarse en miles de familias, existen vocerías de Gobierno carentes de empatía, que se equivocan en el propósito de disminuir la incertidumbre en la población.

Byung Chul-Han, filósofo surcoreano, critica profundamente el dataísmo al cual estamos expuestos, en donde no hay reflexiones profundas ni análisis reveladores respecto a las transformaciones que se requieren para un modo de vida mucho más sustentable. Todo parece resumirse a cifras y a descriptores que generan temor, rabia e indignación. En este sentido, el cambio de actitud del Gobierno es un imperativo para conseguir el propósito de establecer el plan de protección social y económica acotado a los tiempos de pandemia.

Esperemos que el Gobierno recapacite en su manera de liderar los tiempos actuales. Las vidas perdidas no pueden ser un número. Historias, relatos y testimonios quedan desnudos. ¿Dónde estarán? ¿A quiénes dejaron? ¿Cómo les recordaremos? Son preguntas necesarias de un retorno inevitable, en donde la política tiene mucho que decir. Asimismo, quienes pierden el empleo tampoco son un número. Requieren de políticas públicas que les permitan tener ingresos, por cierto, pero para ello requieren de hombres y mujeres que tengan la disposición y sean capaces de empatizar con su situación, muchas veces angustiante y, a partir de ello, proponer soluciones.

El ministro de salud, doctor Jaime Mañalich, ha pecado de soberbia en sus comunicados, pasando a llevar a medios de comunicación e informando a la población de manera deficiente, introduciendo mensajes ambiguos y cambios de metodología que solo han demostrado que la gestión de la pandemia, por parte del Gobierno, ha sido ineficaz. No basta con reconocer que “se ha caído el castillo de naipes”, sino que es imperioso rectificar la estrategia e incorporar a la sociedad civil, expertos, científicos y alcaldes en la toma de decisiones.

La política en su conjunto también tiene un desafío, volver a reconectarse emocionalmente con la ciudadanía. Las emociones y la empatía son un factor clave para quienes creemos en que la política no solo ofrece soluciones, sino también cambia realidades. Hoy más que nunca hace falta reconocernos. Frente a tanta frivolidad por parte de las autoridades, interpretar el sentir de la población también contribuye a resignificar lo político como un espacio virtuoso y necesario para la vida democrática de las sociedades.

Esperemos que el Gobierno recapacite en su manera de liderar los tiempos actuales. Las vidas perdidas no pueden ser un número. Historias, relatos y testimonios quedan desnudos. ¿Dónde estarán? ¿A quiénes dejaron? ¿Cómo les recordaremos? Son preguntas necesarias de un retorno inevitable, en donde la política tiene mucho que decir. Asimismo, quienes pierden el empleo tampoco son un número. Requieren de políticas públicas que les permitan tener ingresos, por cierto, pero para ello requieren de hombres y mujeres que tengan la disposición y sean capaces de empatizar con su situación, muchas veces angustiante y, a partir de ello, proponer soluciones.

A pesar de la crisis, aún es tiempo para construir un mejor país, pero se requiere poner a las personas al centro de nuestra acción. Los afectados en esta crisis no son un número, son personas.

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