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Elección del BID: ¿un asunto de dignidad?

por 30 agosto, 2020

Elección del BID: ¿un asunto de dignidad?
Se ha apelado a un asunto de dignidad latinoamericana. Aunque parezca un reclamo sentimental, no nos engañemos, la dignidad no depende ni se agota en la simple elección de un cargo. El respeto y dignidad se ganan en el respeto de las reglas del juego, en la responsabilidad con que se asumen las tareas y la seriedad con que se toman los resultados. Los estatutos del BID, al que están todos sus miembros llamados a honrar, establecen reglas claras para llevar a cabo la elección de su próximo presidente. No podemos invocar las reglas no escritas para algunas cosas y despreciar las escritas para otras.
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La elección del próximo presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) ha generado un intenso debate, tanto en Chile como en el resto de sus países miembros. La presencia de un candidato estadounidense, el señor Mauricio Claver-Carone, ha motivado la reacción de una serie de expresidentes y exministros, apelando a diversos argumentos para descalificarlo.

La pregunta de fondo es, en consecuencia, qué se esconde detrás de esa estrategia. Aunque nuestro país aún no ha
entregado su apoyo explícito a favor de algún candidato, hay quienes verían con buenos ojos una adhesión oficial al candidato argentino, el señor Gustavo Béliz, lo que sería un error.

Se ha repetido como un mantra que el presidente Eisenhower habría sostenido en 1958, que la presidencia del BID debía recaer en un latinoamericano. Apelando a una suerte de regla tácita, quienes apoyan la candidatura argentina han visto en esta costumbre una buena razón para desautorizar al señor Claver- Carone. Nadie puede dudar que la raigambre latinoamericana del banco ha contribuido a su legitimidad, a su fortaleza institucional y a su campo de acción, pero otra cosa es presumir una suerte de derecho adquirido.

Es entendible que quienes promueven la candidatura argentina, invoquen la necesidad de que esta tradición no escrita se mantenga. Observan con preocupación cómo dicha candidatura no prende y corre en desventaja frente a la estadounidense. El escaso apoyo del señor Béliz no debería sorprendernos, se trata de un funcionario de gobierno que pertenece al círculo del hierro del kirchnerismo. Más allá de sus preferencia ideológica, su gran desventaja es que representa a un gobierno que inspira escasa confianza en los mercados financieros internacionales. No solo ha transformado a su país en los campeón mundial del incumplimiento financiero (default) y de los fallos internacionales, sino que promueve medidas estatistas como la expropiación de Vicentin y, más recientemente, la declaratoria de los servicios de telecomunicaciones como servicios públicos esenciales.

Acertadamente esta preferencia o inclinación –mas no exclusividad– se reflejó en la composición de su capital accionario, de modo que los países latinoamericanos aportaran la mayoría del capital del banco. Ahí se jugó el control de la entidad. Ni durante las negociaciones para su fundación ni durante sus primeros años de existencia, la nacionalidad de su presidente fue un tema relevante. Tanto así que ni siquiera quedó en sus estatutos, de manera que sus detractores deberán buscar mejores argumentos.

Sí fueron, en cambio, objeto de intensas negociaciones entre los fundadores, tanto la sede como las facultades relativas a la conducción del banco. En definitiva, se resolvió, por una parte, que la sede estuviera en Washington, D.C., para facilitar las vinculaciones del banco con su mayor aportante individual y que, por la otra, la máxima instancia de gobierno corporativo del banco quedara radicada en una asamblea de gobernadores, que cuenta con amplias atribuciones, entre ellas, la designación de su presidente, sin establecer ninguna exigencia en cuanto a su
nacionalidad. Esta condición de elegibilidad para ser presidente del banco tampoco fue materia de preocupación para Felipe Herrera, destacado abogado chileno, quien presidió el banco en sus primeros años y le tocó poner en marcha a la institución en su etapa fundacional.

Es entendible que quienes promueven la candidatura argentina, invoquen la necesidad de que esta tradición no escrita se mantenga. Observan con preocupación cómo dicha candidatura no prende y corre en desventaja frente a la estadounidense. El escaso apoyo del señor Béliz no debería sorprendernos, se trata de un funcionario de gobierno que pertenece al círculo del hierro del kirchnerismo. Más allá de sus preferencia ideológica, su gran desventaja es que representa a un gobierno que inspira escasa confianza en los mercados financieros internacionales. No solo ha transformado a su país en los campeón mundial del incumplimiento financiero (default) y de los fallos internacionales, sino que promueve medidas estatistas como la expropiación de Vicentin y, más recientemente, la declaratoria de los servicios de telecomunicaciones como servicios públicos esenciales.

Bajo criterios de responsabilidad, el candidato argentino debería desistirse de su intento. En ultima instancia, por dignidad.

Aunque formulada inicialmente bajo criterios de realismo, la petición de suspender la elección del BID por algunos países, parecía una medida razonable y adecuada. Sin embargo, la reciente adhesión del Grupo de Puebla a dicha medida ahonda las dudas sobre su verdadera intencionalidad. Es conocida su afinidad ideológica con el actual presidente argentino, con Cristina Fernández de Kirchner, Lula Da Silva, Rafael Correa, Evo Morales, entre otros conspicuos caudillos latinoamericanos. Lo que parece a primera vista como una declaración inocua, lo cierto es que refleja finalmente una suerte de defensa corporativa trasnochada. Parece más bien una reacción indigna de quienes temen perder poder en el organismo regional.

Se ha apelado, como último argumento, a un asunto de dignidad latinoamericana. Aunque parezca un reclamo sentimental, no nos engañemos, la dignidad no depende ni se agota en la simple elección de un cargo. ¿No habrá algo más indigno que apelar a la dignidad como argumento? El respeto y dignidad se ganan en el
respeto de las reglas del juego, en la responsabilidad con que se asumen las tareas y la seriedad con que se toman los resultados.

Los estatutos del BID, al que están todos sus miembros llamados a honrar, establecen reglas claras para llevar a cabo la elección de su próximo presidente. Habiendo una serie de candidatos, de gustos o preferencias de unos y otros, hay que respetar el resultado del proceso. En esto hay que ser consecuente. No podemos invocar las reglas no escritas para algunas cosas y despreciar las escritas para otras. Si de dignidad se trata, la irresponsable sugerencia formulada por el señor Carlos Ominami, otro activo militante del Grupo de Puebla, para que nuestro país se reste de asistir a la próxima asamblea del banco prevista para septiembre y así dejar caer la elección por falta de quórum, es hasta ahora lo más indigno y poco serio que he leído.

Así no se ganan elecciones ni menos respeto.

Tanto Eisenhower como Herrera estarían decepcionados de tanta indignidad. Aunque a muchos nos gustaría una nueva presidencia latinoamericana para el BID, no podemos desconocer el derecho que tienen todos sus miembros para levantar sus propios candidatos o para apoyar sus preferencias. Junto con ello, hay que asumir los resultados de la elección como corresponde, sin recurrir a trucos, artimañas o trampas. Eso es dignidad.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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