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Un 4 de septiembre 2020

por 6 septiembre, 2020

Un 4 de septiembre 2020
A 50 años de la llegada de Salvador Allende al poder, lo que viene no es la Unidad Popular, ni es la Concertación. Lo que viene, ni siquiera es una exclusión de la derecha; es un nuevo espacio, más abierto y eficiente para la manifestación de las grandes corrientes de ideas y los grandes grupos de representación. Tenemos por delante el desafío de ampliar la democracia. Reconocer la dignidad de la gente y darle el derecho a la iniciativa legal por medio del plebiscito y no solo por medio de las manifestaciones callejeras.
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Hace 47 años, Allende ganó las elecciones presidenciales con una ola de entusiasmo irrepetible. Yo estaba ahí esa tarde, frente a la FECH, escuchando a Allende en medio de una multitud simplemente feliz. Me acuerdo de la llegada del diario Puro Chile y de la caricatura del Enano Maldito. La alegría es inmoderada. Ahí estábamos muchos también, abrumados por la sorpresa y por la inmensa responsabilidad que se nos venía encima.

El triunfo de Allende instaló un nuevo sentido común en la política, una expansión explosiva pasó de la “revolución en libertad” a la “revolución con empanadas y vino tinto”, que permitió terminar la reforma agraria y nacionalizar el cobre con apoyo parlamentario unánime. Los derechos sociales fueron enaltecidos como nunca y, después del Golpe, anatemizados y considerados como la fuente de todos los males económicos y políticos. Lo que hoy sería denominado populismo y que antes se echaba en el saco-calabozo del ‘extremismo’, sirvió de justificación para encender odios acumulados y desatar la ‘guerra interna’.

La Constitución como calabozo de tortura

Hoy, devueltas las bajezas de la tortura y del Estado Policial a las alcantarillas que los merecen, ellas sobreviven en la Constitución como recursos en reserva para la defensa de la institucionalidad. Estado policial, estados de emergencia, autoritarismo presidencial y menosprecio sistemático a la democracia. Estado Subsidiario, proclive a los monopolios y desentendido de los derechos sociales. En ese ambiente estamos enfrentados a la búsqueda de formas políticas que permitan desarrollar lo que tenemos en común.

Tomó todo el período de la Dictadura elaborar la fórmula constitucional que permitiera desmantelar la institucionalidad de los derechos sociales desde un texto que pareciera respetarlos. Los derechos laborales, la seguridad social, la privatización de la salud y de la educación; todos esos mecanismos de privación y de abuso son los que siguen vigentes en la Constitución blindada que nos rige.

Lo que viene no es la Unidad Popular, ni es la Concertación. Lo que viene, ni siquiera es una exclusión de la derecha; es un nuevo espacio, más abierto y eficiente para la manifestación de las grandes corrientes de ideas y los grandes grupos de representación. Tenemos por delante el desafío de ampliar la democracia. Reconocer la dignidad de la gente y darle el derecho a la iniciativa legal por medio del plebiscito y no solo por medio de las manifestaciones callejeras.

Página en Blanco

La Constitución nueva, la que va a partir de una página en blanco, va a escribirse con las mismas palabras que usa el texto de 1980. Vamos a usar las mismas letras y vamos a recurrir a los mismos diccionarios. Vamos a construir frases distintas y proposiciones parecidas. Algunos términos deberán ser redefinidos. ¿Qué es un derecho? ¿Cómo lo hacemos exigible? ¿Podemos eludirlo? ¿Hay derechos que primen sobre otros? ¿Cómo dirimimos los conflictos entre derechos que son opuestos? ¿Que papel juega la democracia en la resolución de los conflictos? ¿Qué posibilidades tiene la gente de intervenir en política cuando se le ocurra, en paralelo o en conjuntos con sus representantes?

Seguramente, las apuestas de una nueva Constitución serán distintas. Chile se construirá desde la gente, desde toda la población. El país se ganará la vida con emprendimientos productivos, con innovaciones y con la fuerza de sus organizaciones sociales. En algunas ocasiones botaremos la plata en televisores y nos equivocaremos, Lo haremos nosotros y en lo posible, nadie en nombre de nosotros. Queremos crecimiento y progreso y queremos que lo comido y lo bailado no nos sea quitado por nadie. ¡ Mierda!

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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