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Pobreza y hacinamiento, los asociados de la crisis sanitaria

por 27 septiembre, 2020

Pobreza y hacinamiento, los asociados de la crisis sanitaria
Las políticas públicas deben corregir condiciones de agravan los efectos de estas amenazas y que cobran dramáticamente la vida de los chilenos y además infringen terribles daños a su economía. Reducir significativamente el hacinamiento de las personas, es hoy una urgencia de salud pública para Chile. Así las cosas, ponerse a trabajar en soluciones y dejar las trincheras ideológicas con discusiones estériles, es un imperativo moral que nuestra clase política debe abordar de inmediato
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Chile se instala tristemente a los primeros lugares de fallecidos de COVID-19 por millón de habitantes, en el mundo. Así es, estamos superando a países como Brasil, que cada día nos asombran por la catástrofe humanitaria que padecen. Chile con 23.632 contagios por millón de habitantes y 649 fallecidos por millón (sin siquiera considerar casos sospechosos), ya ha superado a Brasil que lleva 21.557 contagios por millón de habitantes y 646 fallecidos por millón.

En este contexto y ante la dura realidad que conllevan quienes han padecido esta enfermedad, efectuamos un análisis a las 32 comunas de Santiago para identificar las principales relaciones de causalidad en el nivel de contagios por COVID-19. En el estudio se usaron modelos econométricos simples, pero que resultaron bastante idóneos para explicar los resultados obtenidos, como también sólo se utilizó información oficial y disponible al público a través de sitios oficiales del Estado.

El análisis se hizo sobre el número de personas contagiadas dividido por el número de personas que habitan la comuna. Verificando diferentes variables que pudieran explicar el nivel de contagios por comuna, se logró un mayor nivel de correlación de contagios en función de: a) la pobreza multidimensional de los habitantes (carencias en vivienda, salud, educación y calidad de vida en general) y b) el nivel de hacinamiento en que viven las personas (2,5 o más por dormitorio en el hogar), ambas variables medidas en porcentaje de personas afectadas por cada condición.

En el caso de la pobreza multidimensional, el modelo fue capaz de explicar con un 77% (0 a 100%) la correlación que existe entre porcentaje de habitantes contagiados y el porcentaje de personas en nivel de pobreza, por comuna. Además, al modelar con la variable de hacinamiento, el modelo entregó resultados aún más consistentes, por cuanto la correlación con los contagios de COVID-19 en las comunas está explicado en 88% por el porcentaje de personas que viven hacinadas. Es importante considerar que niveles de correlación sobre 75% significan alta capacidad del modelo econométrico para explicar causalidad.

Considerando las 32 comunas de Santiago, las menores tasas de contagio se observan en Vitacura, Las Condes, Providencia, Ñuñoa y La Reina. Con un total de 935.726 habitantes, el porcentaje promedio de contagiados es 2,15% , el de pobreza multidimensional de 4,76% y de hacinamiento de 2,6%.

En el lado opuesto, las mayores tasas de contagios se observan las comunas de Cerro Navia, Lo Prado, San Joaquín, San Ramón, La Pintana, Renca y La Granja. Con un total de 909.602 habitantes en las siete comunas, el porcentaje promedio de contagiados es 5,55% , de pobreza multidimensional de 26,7% y de hacinamiento de 14,0%.

Cabe tener presente que en esta comunas existe hacinamiento estructural que no ha logrado revertirse en muchos años, con evidente daño físico y emocional en las personas.

Debemos considerar que desde el inicio de una pandemia con un nuevo virus, hasta que se logre desarrollar una vacuna y suministrarla a la población, pueden pasar hasta dos años en el mejor de los casos. La presión sanitaria por la inmigración del mundo rural a las grandes urbes en China, la globalización en todas sus dimensiones, incluyendo al turismo mundial, actualmente con unos 1.000 millones de viajeros por año y creciendo a 2.000 millones en las próximas décadas, son sólo algunos de los factores que nos continuarán afectando. El riesgo de nuevas pandemias está aumentando.

Las políticas públicas deben corregir condiciones de agravan los efectos de estas amenazas y que cobran dramáticamente la vida de los chilenos y además infringen terribles daños a su economía. Reducir significativamente el hacinamiento de las personas, es hoy una urgencia de salud pública para Chile. Así las cosas, ponerse a trabajar en soluciones y dejar las trincheras ideológicas con discusiones estériles, es un imperativo moral que nuestra clase política debe abordar de inmediato.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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