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¿Qué hay detrás del frenético regreso de Longueira?

por 5 octubre, 2020

¿Qué hay detrás del frenético regreso de Longueira?
La verdad es que, más allá del revuelo político que han causado en la derecha sus irreverentes intervenciones y del oportuno respaldo que le entregó al alcalde de Las Condes, Longueira también ha aprovechado el espacio público para reiterar su inocencia en el caso SQM, atacar duramente a los fiscales a cargo de la investigación –“me voy a querellar contra todos”– y rematar contra Jorge Abbott, amenazándolo con develar supuestas negociaciones con senadores respecto de las platas políticas. De hecho, el propio Fiscal Nacional reaccionó ayer domingo y, en extensa entrevista, lo desmintió. La estrategia de Longueira había surtido efecto.
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Pablo Longueira Montes es un personaje. Polémico, locuaz, arrebatado y de pensamiento hablado. Dueño de un vozarrón intimidante y un estilo simple, campechano para explicar sus ideas. Autor de frases célebres como cuando señaló que Jaime Guzmán le hablaba o sus más recientes declaraciones, en que se autocalificó como el político más honesto en la historia de la política chilena. El ingeniero juega a la ofensiva, no esquiva los golpes. Llegó a posicionarse hace unos años como un negociador e incluso una especie de “salvador” de partidos que cometían errores administrativos. Pero, pese a su estilo y personalidad, es un tipo simpático, hasta divertido a ratos.

La larga trayectoria de Longueira tiene varios momentos. Su fanatismo extremo en la dictadura, lo que en 1986 lo llevó a organizar el ataque contra un grupo de dirigentes políticos que fueron a recibir al aeropuerto a Ted Kennedy. Luego vino la fase de la “institucionalización”, en que se incorporó al Parlamento en 1990, para permanecer durante largos 21 años. Esa fue la etapa en que bajó algo las revoluciones, cumpliendo un rol clave en los momentos de tensión con la entonces Concertación. Después vino la época más oscura.

Y en lo político, más allá de las formas y su evidente euforia, Longueira ha mostrado, en su vuelta a la contingencia, que mantiene el olfato político y las habilidades de antaño, como cuando salvó a la DC del precipicio. La jugada por el Apruebo y fijar la bala en la nueva Constitución, le dará un espacio de poder dentro de la UDI, ya que, si alguien sale derrotado la noche del 25, serán Jacqueline Van Rysselbergue y, por supuesto, Jaime Bellolio, que cambio de posición a última hora para ser ministro, y su sector al interior del partido. Y, claro, en ese caso, la dupla Lavín-Longueira pasará a tener un rol significativo en el gremialismo. Siempre y cuando el exsenador no sucumba con SQM y su salud no lo obligue, de nuevo, a abandonar la política.

Desde que renunció a su cargo de senador –a petición de Sebastián Piñera, para integrarse a su gabinete– las cosas empezaron a complicársele. Se sentía más atado de manos, había perdido su libertad. La opción de ser “presidenciable” se le instaló como una obsesión. Y, pese a que dio todas las batallas, incluyendo vencer a Andrés Allamand en las primarias del 2013, alcanzó a estar apenas un mes y dos semanas como candidato, cuando una fría tarde de invierno anunció su retiro de la carrera por La Moneda y, también, de la política. Siempre quedó la duda sobre la verdadera razón. Su alejamiento solo fue interrumpido por los casos judiciales que ha debido enfrentar, siendo el más complejo el de SQM.

En la UDI, varios respiraron más tranquilos a contar de ese momento, porque, pese a que era un hombre relevante, también estaba empezando el declive de los “coroneles” –el grupo fundador– y Longueira era un díscolo difícil de controlar, rasgo frente al cual había muy poca tolerancia en el gremialismo. Hoy, siete años después, la UDI no es ni la sombra de esa época. Un partido confundido ideológicamente y con muy poca disciplina, la votación del retiro del 10% y el grupo por el Apruebo lo han dejado en evidencia, pese a los esfuerzos de Jacqueline Van Rysselberghe por proyectar lo contrario.

En ese escenario es que Pablo Longueira regresa, sorpresivamente, causando más daños que beneficios al “proyecto UDI”. Su opción por el Apruebo y la petición de libertad para los asesinos de Guzmán golpearon duro al gremialismo.

La vuelta de Longueira fue al estilo Longueira. Audaz, deslenguado, inquieto, tenso e irreverente, algo bizarro en el lenguaje –“compadre, compadre”–, con un nivel de euforia y frenesí, casi similar al de personas en un episodio de manía o hipomanía. Con una cobertura digna de un candidato presidencial, el exsenador UDI se convirtió rápidamente en un protagonista de la agenda política, dando entrevistas diarias y sus declaraciones causando revuelo. Después de todo, es un tipo muy atractivo para los medios, porque no usa filtros a la hora de dar su opinión.

“Ojalá el Rechazo no supere el 15%, lo voy a celebrar con un salud” y “Jaime Guzmán estaría en mi posición”, son frases que han sacado ronchas en sus excompañeros de ruta. Pero también regresó más moderno, promocionando su canal de YouTube y tratando de influir en el consejo general de la UDI –“les ofrecí transmitirlo en directo”–. Longueira se transformó en una bomba de racimo para el partido de derecha.

¿Pero que animó a Pablo Longueira a regresar a la política? ¿Cuál era su plan? Desde su casa en el lago Villarrica, rodeado de perros, vestido con ropa outdoor y barba blanca, el exministro de Economía señaló –a El Mercurio– que volvía con el objetivo de ser presidente de la UDI, constituyente, apoyar la campaña de Joaquín Lavín –que en ese momento recibía la artillería de sus pares– y promocionar la opción Apruebo. Como un verdadero dueño o accionista principal de una empresa, definió sus roles y tareas, provocando el desconcierto total de Van Rysselberghe.

Sin embargo, ¿este frenesí y la forzada presencia mediática no habrán estado vinculados con una estrategia para enfrentar la etapa oral de la persecución de la Fiscalía, que busca acusarlo por cohecho en el caso SQM que se inicia hoy?

La verdad es que, más allá del revuelo político que han causado en la derecha sus irreverentes intervenciones y del oportuno respaldo que le entregó a Lavín, su viejo amigo de trayectoria, Longueira también ha aprovechado el espacio público para reiterar su inocencia en el caso SQM, atacar duramente a los fiscales a cargo de la investigación –“me voy a querellar contra todos”– y rematar contra Jorge Abbott, amenazándolo con develar supuestas negociaciones con senadores respecto de las platas políticas. De hecho, el propio Fiscal Nacional reaccionó ayer domingo y, en extensa entrevista en El Mercurio, lo desmintió. La estrategia de Longueira había surtido efecto.

Y en lo político, más allá de las formas y su evidente euforia, Longueira ha mostrado, en su vuelta a la contingencia, que mantiene el olfato político y las habilidades de antaño, como cuando salvó a la DC del precipicio. La jugada por el Apruebo y fijar la bala en la nueva Constitución, le dará un espacio de poder dentro de la UDI, ya que, si alguien sale derrotado la noche del 25, serán Jacqueline Van Rysselbergue y, por supuesto, Jaime Bellolio, que cambio de posición a última hora para ser ministro, y su sector al interior del partido. Y, claro, en ese caso, la dupla Lavín-Longueira pasará a tener un rol significativo en el gremialismo. Siempre y cuando el exsenador no sucumba con SQM y su salud no lo obligue, de nuevo, a abandonar la política.

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