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EDITORIAL

Yo te gano y ellos nos ganan o la paradoja de la mayoría del Apruebo que se puede transformar en minoría

por 8 enero, 2021

Yo te gano y ellos nos ganan o la paradoja de la mayoría del Apruebo que se puede transformar en minoría
A estas alturas, la única forma en que los independientes partidarios del Apruebo puedan participar en el evento electoral del 11 de abril para elegir constituyentes y sin diluir las posibilidades de su propio sector (sin dispersar votos), es que lo hagan al interior de las listas de los partidos políticos, los que deberían acogerlos con los brazos abiertos. Porque, quienes conforman el amplio mundo político del Apruebo, saben o debieran saber que el sistema electoral que se utilizará en la elección de los 155 constituyentes es uno proporcional modificado según cifra repartidora, de acuerdo a los votos obtenidos por las listas (denominado “método D'Hondt”), el cual favorece ampliamente y sin contrapesos a las listas únicas o, dicho de otra forma, castiga severamente la dispersión de votos dentro de un mismo sector, sin distinguir si las listas son de partidos o de independientes.
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La conjugación del verbo ganar, fundamental en política electoral, pareciera desconocida o ajena para los amplios sectores que conformaron la opción Apruebo –que obtuvo casi el 80% de los votos en el plebiscito del 25 de octubre–, tanto independientes como partidos políticos, ante el escenario de la Convención Constitucional.

Porque quienes conforman ese amplio mundo político del Apruebo saben (o debieran saber) que el sistema electoral que se utilizará el 11 de abril, para la elección de los 155 constituyentes, es uno proporcional modificado según cifra repartidora, de acuerdo a los votos obtenidos por las listas –denominado “método D'Hondt”, que se aplica también para las elecciones a la Cámara de Diputadas y Diputados–, que favorece ampliamente y sin contrapesos a las listas únicas o, dicho de otra forma, castiga severamente la dispersión de votos dentro de un mismo sector.

Y, no obstante lo anterior, ese amplio y mayoritario sector político que quiere una nueva Constitución y anhela cambios importantes en la sociedad chilena, no se está poniendo de acuerdo y todo indica –a menos que pase algo extraordinario antes de este lunes 11 de enero, cuando vence el plazo de inscripción en el Servel– que va a ir a las elecciones de abril en varias listas separadas y, por lo mismo, va a elegir menos constituyentes que los que obtendría si fuera más agrupado. Esto es, van a quedar claramente subrepresentados en el número de constituyentes que elegirán.

A estas alturas, la única forma en que los independientes partidarios del Apruebo puedan participar en el evento electoral del 11 de abril para elegir constituyentes y sin diluir las posibilidades de su propio sector (sin dispersar votos), es que lo hagan al interior de las listas de los partidos políticos. Ni más ni menos. Y los partidos deberían acogerlos con los brazos abiertos, dándoles todas las facilidades, porque no solo aportarán diversidad y pluralismo, sino además contribuirán a dar mayor legitimidad al proceso y a su esperado resultado: una nueva Constitución.

Esto ocurre tanto porque los partidos políticos de la actual oposición no se ponen de acuerdo para presentar una lista única de constituyentes, como también porque muchos independientes están yendo por fuera de las listas de los partidos –no obstante estos han abierto sus listas para cobijarlos–, con listas de puros independientes, todas separadas entre sí. Esto, seguramente por buenas razones, además de la justificada desconfianza que tienen hacia los partidos políticos, pero el resultado final será implacable: van a dispersar los votos del sector Apruebo, favoreciendo a quienes son sus reales adversarios políticos, los partidarios del Rechazo, quienes quedarán sobrerrepresentados.

La subrepresentación del sector Apruebo producto de una dispersión de votos por la existencia de varias listas, será mayor mientras más listas separadas haya. Esto puede provocar que los partidarios del Rechazo obtengan bastante más que el tercio de los constituyentes al que primeramente aspiran (para frenar las transformaciones que anhelan quienes votaron Apruebo el 25 de octubre); una cifra que aún no se conoce y que dependerá de muchos factores, pero que incluso se puede acercar al 50% de los constituyentes electos, lo que daría como resultado final la continuidad del ideario de la Constitución de 1980, haciendo fracasar el objetivo social de una verdadera nueva Constitución.

Así, el casi 80% obtenido por el Apruebo en el Plebiscito de octubre de 2020, se transformaría –en la elección de convencionales de abril de 2021– en un esclerótico cincuenta y tantos por ciento de convencionales, disolviendo esa amplia mayoría, la idea de cambio y permitiendo que prime el gatopardismo de los sectores más conservadores de nuestra sociedad. La elaboración de una nueva Constitución para un Chile más igualitario y decente habrá quedado entrampada en el peso de la noche, esta vez no por la preeminencia de las armas, sino por la incapacidad y tontera política del sector Apruebo para contar votos y unirse, exhibiendo un liderazgo democrático responsable frente al destino histórico del país.

A estas alturas, la única forma en que los independientes partidarios del Apruebo puedan participar en el evento electoral del 11 de abril para elegir constituyentes y sin diluir las posibilidades de su propio sector (sin dispersar votos), es que lo hagan al interior de las listas de los partidos políticos. Ni más ni menos. Y los partidos deberían acogerlos con los brazos abiertos, dándoles todas las facilidades, porque no solo aportarán diversidad y pluralismo, sino además contribuirán a dar mayor legitimidad al proceso y a su esperado resultado: una nueva Constitución.

La igualdad de acceso para independientes y representantes de organizaciones sociales quedó como un problema no resuelto para esta elección, manteniéndose el principio de que la acción política en el sistema electoral la hacen los partidos políticos y no los ciudadanos. Por lo que, para que muchos de los 155 elegidos provengan de organizaciones y movimientos sociales no adscritos a los partidos políticos (rostros nuevos para la política en un amplio abanico de intereses), a fin de no castigar al sector, tendrá que ocurrir a través de la participación de los independientes al interior de las listas de los partidos de centroizquierda.

En democracia la realidad impone reglas para construir mayorías, institucionalizar procesos y alcanzar objetivos.

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