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El costo de la incertidumbre

por 20 abril, 2021

El costo de la incertidumbre
Las exenciones tributarias debían ser objeto de un proyecto específico y un debate profundo, ya que se requiere de ellas para también financiar el proyecto de reforma previsional, quizá uno de los más relevantes que se encuentran en discusión actualmente en el Parlamento. Sin embargo, ni siquiera ha sido ingresado al Congreso, aumentando las dudas respecto de lo que ocurrirá con esta discusión y con las modificaciones que sabemos que vendrán, pero sin certeza de cómo ni cuándo.
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Tanto influye la incertidumbre en nuestras decisiones, principalmente en materia de consumo e inversión, que uno de los temas que los economistas han estudiado a fondo es –precisamente– el denominado “costo de la incertidumbre”.

Ahora bien, en tiempos como los que estamos viviendo, esta sensación de incertidumbre resulta inevitable, toda vez que la pandemia no solo nos afecta en lo sanitario sino también en lo económico. Ante esto, uno esperaría que quienes están llamados a tomar decisiones y fijar políticas públicas ayudaran, si no es a disminuir esta sensación, al menos a no aumentarla.

Desde que se gatilló la crisis social en octubre de 2019, hemos visto ingresar al Congreso una serie de proyectos de ley –y despertar otros que dormían hace tiempo– que van y vienen, que duermen y vuelven a despertar, que son objeto de una y otras indicaciones (algunas de las cuales, lamentablemente, parecen estar pensadas en cómo lucirán en los titulares y no en el bien del país).

Si confiáramos en que las discusiones serán de alto nivel y que la tramitación de estos proyectos tomará tiempo, porque los análisis a su respecto son profundos, uno entendería la demora en su aprobación y el mantener a la población en situación de espera. Pero lamentablemente uno carga con la historia y la experiencia nos muestra que la dilación tiene más que ver con rencillas políticas o temas ideológicos, que con un análisis en pos de lo que resulte mejor para el país.

De repente volvimos a oír hablar de un royalty a la minería, el que un día fue rechazado y al otro día aprobado. Reapareció la idea del impuesto a los “superricos” y recientemente hemos visto cómo este último proyecto, además, ha sido objeto de una y otra indicación, que reemplazan dicho impuesto por otras modificaciones de índole tributaria o lo complementan, incorporando un aumento en la tasa de impuesto a las grandes empresas y eliminando –temporalmente– exenciones tributarias.

Estas últimas, de hecho, debían ser objeto de un proyecto específico y un debate profundo, ya que se requiere de ellas para también financiar el proyecto de reforma previsional, quizá uno de los más relevantes que se encuentran en discusión actualmente en el Parlamento. Sin embargo, este proyecto que elimina o modifica exenciones tributarias, del que tantos titulares y columnas hemos leído, ni siquiera ha sido ingresado al Congreso, aumentando las dudas respecto de lo que ocurrirá con esta discusión y con las modificaciones que sabemos que vendrán, pero sin certeza de cómo ni cuándo.

Los titulares de prensa van y vienen. Las ideas de nuevos proyectos e indicaciones abundan en matinales. Y los proyectos de ley no ingresan o no avanzan.

Si confiáramos en que las discusiones serán de alto nivel y que la tramitación de estos proyectos tomará tiempo, porque los análisis a su respecto son profundos, uno entendería la demora en su aprobación y el mantener a la población en situación de espera. Pero lamentablemente uno carga con la historia y la experiencia nos muestra que la dilación tiene más que ver con rencillas políticas o temas ideológicos, que con un análisis en pos de lo que resulte mejor para el país.



Urge que el Gobierno y los parlamentarios ayuden a reducir esa sensación que se ve acrecentada con este devenir de proyectos que hacen noticia, que nos ponen en alerta, pero que no resultan en decisiones concretas, porque todo esto mina nuestros niveles de certeza en forma radical.

Necesitamos que quienes toman las decisiones dejen el individualismo y piensen de una vez por todas en lo que el país necesita, porque, de seguir así, el costo de esta incertidumbre solo seguirá aumentando y dejándonos una única certeza: que pese al exitoso proceso de vacunación que hemos tenido en Chile, el que había sido destacado a nivel mundial y que permitió que el FMI elevara la proyección de crecimiento para el país, el virus está lejos aún de ser contenido y nos queda camino por recorrer en esta realidad sanitaria y económica que vivimos desde ya hace un año.

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