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La política exterior: ¿un asunto masculino?

por 24 abril, 2021

La política exterior: ¿un asunto masculino?
Me he preguntado muchas veces por qué Chile no ha nombrado nunca a una embajadora en la República de Argentina, del Perú, de Bolivia (cónsul con grado de embajador), en la República de México o en Colombia, por nombrar los países con los cuales tenemos más relaciones económicas o aquellas relacionadas con el narcotráfico y el crimen organizado en la región. ¿Por qué? ¿Qué razón hay para que una mujer no pueda asumir en uno de esos países? No encuentro otra explicación que el machismo imperante en la política chilena y en la Cancillería. Creo que esto debe cambiar.
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La política exterior no es un tema que realmente interese a la ciudanía y, en consecuencia, tampoco a los candidatos y las candidatas a la Presidencia de la República. Menos ahora en época de pandemia. Sin embargo, en todos los programas de las candidaturas, el tema ocupa un lugar, no podría ser de otro modo, pero en la práctica no es preponderante, salvo cuando se trata de Acuerdos de Libre Comercio y, por supuesto, en el momento de designar embajadores, y digo bien embajadores, en masculino. Las mujeres estamos prácticamente ausentes en este ámbito de la política nacional.

Ya desde los primeros antecedentes de una cartera de Relaciones Exteriores en 1812, las mujeres eran transparentes.

En 1818, la nueva República independiente de Chile poseía el territorio de la Capitanía General de Chile ubicado entre la zona de Copiapó al norte, la cordillera de los Andes al este, el río Biobío al sur, el océano Pacífico al oeste y algunas islas. Los enclaves de Valdivia y Osorno también formaban parte de la capitanía, pero después de 1818 seguían en manos de los realistas. El siglo XIX se caracterizó por nuestra expansión territorial, incluida la Guerra del Pacífico, donde las mujeres de la elite participaron activamente en el conflicto, principalmente en labores de asistencia pública, beneficencia y confección de uniformes y estandartes. De los historiadores liberales y contemporáneos al conflicto, Vicuña Mackenna fue el único que consignó la importancia del rol femenino.

En la actualidad, de las 133 embajadas de Chile en el mundo, muchas de ellas concurrentes en varios países, solo han sido nombradas 6 mujeres como embajadoras y, salvo Cecilia Mackenna en Alemania y María Teresa Infante en Holanda y ante La Haya, las otras cuatro no están en países de gran interés para este Gobierno. En Europa tenemos solo 4 embajadoras. Nunca ha habido tampoco una representante de nuestra diplomacia en la Unión Europea. Y estamos ad portas de firmar la modernización de nuestra AA con ese organismo, que reúne 27 países de Europa.

A partir de esa fecha, el ministerio será nominado de distintas maneras, que no viene al caso recordar. Pero sí destaco que desde el primer político en ocupar ese cargo en 1818, Miguel Zañartu, y el actual ministro, Andrés Allamand (alrededor de 230 ministros, aunque muchos de ellos se repitieron en el cargo), solo una mujer en Chile, la abogada Soledad Alvear, ocupó el cargo de ministra de Relaciones Exteriores, durante el Gobierno del Presidente Ricardo Lagos.

Las primeras mujeres en ocupar un cargo diplomático fueron Gabriela Mistral y Amanda Labarca. La notoriedad internacional alcanzada por nuestra Premio Nobel, la convirtió en la primera mujer que se elevó en las esferas diplomáticas, iniciando su carrera consular de por vida en 1932.

En el caso de Amanda Labarca, Chile la acreditó como delegada plenipotenciaria a la Primera Asamblea de las Naciones Unidas, fue jefa de la Comisión Estatus de la Mujer en 1948 y 1949 en el mismo organismo internacional. Pero eran grandes intelectuales conocidas y reconocidas por sus obras en toda la región.

Con el retorno a la democracia, la ausencia de las mujeres siguió siendo patente, salvo algunas mujeres, como la embajadora Marcia Covarrubias, que ha ocupado el cargo en diversos países -Túnez, Marruecos, Grecia, Argelia y Francia- hasta el último Gobierno de la Presidenta Bachelet. O también durante el Gobierno de Frei, Sofía Prats en Grecia y Moy de Toha, embajadora en Honduras y El Salvador bajo los Gobiernos de Patricio Aylwin, Eduardo Frei y Ricardo Lagos. Tal vez dejo de lado algunas, porque el punto que quiero plantear es otro.

Me he preguntado muchas veces por qué Chile no ha nombrado nunca una embajadora en la República de Argentina, del Perú, de Bolivia (cónsul con grado de embajador), en la República de México o en Colombia, por nombrar los países con los cuales tenemos más relaciones económicas o aquellas relacionadas con el narcotráfico y el crimen organizado en la región. ¿Por qué? ¿Qué razón hay para que una mujer no pueda asumir en uno de esos países? No encuentro otra explicación que el machismo imperante en la política chilena y en la Cancillería. Creo que esto debe cambiar.

En la actualidad, de las 133 embajadas de Chile en el mundo, muchas de ellas concurrentes en varios países, solo han sido nombradas 6 mujeres como embajadoras y, salvo Cecilia Mackenna en Alemania y María Teresa Infante en Holanda y ante La Haya, las otras cuatro no están en países de gran interés para este Gobierno. En Europa tenemos solo 4 embajadoras. Nunca ha habido tampoco una representante de nuestra diplomacia en la Unión Europea. Y estamos ad portas de firmar la modernización de nuestra AA con ese organismo, que reúne 27 países de Europa.

Por otra parte, llama la atención que en América Latina, en nuestra región compuesta por 20 países, en América Central por 6 países y México en América del Norte, el Presidente Piñera haya nombrado a una sola mujer: Iris Boeninger, en Uruguay.

Y para qué decir al interior de la Cancillería. Salvo la subsecretaria de Relaciones Exteriores, Carolina Valdivia, ninguna otra mujer ocupa un cargo importante en las 11 direcciones regionales. Las mujeres son en su mayoría secretarias o jefas de direcciones, que no son consideradas por los funcionarios diplomáticos como importantes. Repito, esto debe cambiar y pregunto a las candidatas y los candidatos a la Presidencia de la República si están dispuestas(os) a dar el espacio que corresponde a las mujeres en el nuevo ciclo de la política exterior.

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