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Artista Gonzalo Sánchez: "estamos en un punto de inflexión brutal en nuestra historia"

por 16 mayo, 2022

Artista Gonzalo Sánchez: «estamos en un punto de inflexión brutal en nuestra historia»
Especializado en arte lumínico, a lo largo de su vida sus papeles de abogado y creador se han potenciado mutuamente. Ganó la última Bienal Internacional de Arte Contemporáneo de Argentina con una obra especializada en los salineros de Cahuil, un oficio en extinción al cual le consiguió la denominación de origen como especialista en propiedad intelectual. "Los artistas tienen el rol de ser profetas, espejo y martillo de lo que acontece en la sociedad y en esta crisis social, política y sanitaria, ese mandato se ha cumplido a cabalidad. Los artistas, desplegando su talento creativo, se constituyen en los mejores cronistas para narrar los hechos que estamos viviendo a nivel planetario. Usan un alfabeto meta racional, con recursos estéticos y poéticos que se instalan en los sentimientos y el inconsciente logrando una eficacia comunicativa brutal", comenta.
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Viene de ganar el primer lugar en la categoría de instalación de la quinta Bienal Internacional de Arte Contemporáneo de Argentina, que se realizó del 6 al 10 de abril en Galerías Pacífico en Buenos Aires.

Gonzalo Sánchez, abogado especialista en propiedad intelectual y artista multifacético, conocido como Pikti, fue alumno de Virginia Huneeus, Eugenio Dittborn y Carlos Montes de Oca.

Ha expuesto en el MAC y otros museos y en diversas bienales y galerías en Estados Unidos y Europa, además de ser parte de muestras permanentes en lugares públicos y figura en las colecciones privadas y de universidades.

Su obra lumínica ha sido destacada por la prensa y crítica especializada (Waldemar Sommer) dentro y fuera de Chile y ha sido invitado por el artista lumínico Alejandro Siña para exponer en varias exposiciones en torno a la luz como eje.

 

“Siempre intento cultivar una actitud de vivir en permanente estado de curiosidad y asombro”.

La influencia de Virginia

- ¿Cómo se ha desarrollado su carrera artística?

- En mi familia siempre hubo un gran interés, por el arte y la literatura de manera que, por simple osmosis, se fue despertando el interés por el arte. Mi padre, abogado, estudió historia del arte y mi madre trabajó en galerías de arte, fue amiga personal de Guayasamín y conoció en París a Dalí, sin duda mi artista favorito cuando era niño.

Mi primera memoria de un compromiso con el arte tiene que ver con la artista Virginia Huneeus Cox, que al ver mis dibujos cuando yo tenía 12 años, me estimuló para desarrollar esa veta y me acompañó toda la vida dándome consejos y formándome en teoría del arte. Los tiempos eran otros y la hora de entrar a la universidad seguí una tradición familiar y entré a derecho donde terminé especializándome en la propiedad intelectual donde la misión del abogado es estimular y proteger, desde el mundo legal a los creadores de patentes marcas, y por supuesto obras artísticas y literarias.

Mi producción artística comenzó después de la universidad y en forma clandestina, bajo el pseudónimo de Pikti, ya que no quería hacer público ambos sombreros para no espantar a mis clientes. El nombre viene de un tío francés, Bernard Collin, que es un poeta genial y sofisticado que una vez que termina sus libros los pinta a mano con dibujos, generándose un objeto que el denomina Pikti Libris. En lo teórico él es un referente, de él aprendí un acercamiento más libre e intuitivo sobre el arte y a mirar con el ojo limpio, asimismo me presentó a su amigo Roberto Matta, lo que para mí fue un hito.

Con Roberto Matta, París, 1985.

Volantines chilenos

- ¿Cuáles fueron sus primeros pasos?

- Una de mis primeras exposiciones fue sobre los volantines chilenos, como una metáfora de una actitud de elevarse y ampliar la mirada. Trabajé con la familia Prado, que son los artesanos más emblemáticos de la tradición volantinera en Chile y revindicados por Nemesio Antúnez. Me enseñaron todos los misterios y variedades de los volantines chilenos y también me conectó con el sentido del patrimonio chileno lo cual me llevó a apoyar a Cecilia García Huidobro en sus múltiples cruzadas por valorar y rescatar el patrimonio cultural chileno. De ella aprendí que valorar el patrimonio tiene que ver con fortalecer la identidad cultural y aumentar la auto estima de un país lo cual favorece la cohesión social.

Mis primeras exposiciones fueron en la Galería La Sala, donde la entusiasta Alejandra Chellew me animaba siempre a crear nuevas muestras. Después pasé a exponer en Museo de Arte Contemporáneo y luego en variadas ferias y bienales de arte internacionales. Hoy mi obra está en colecciones internacionales, espacios públicos, lo que me da una gran satisfacción porque al final todo artista quiere que su obra sea vista y comunique.

En el desarrollo de mi carrera, para formarme, me acerqué a grandes artistas e intelectuales del arte, como es el caso de Eugenio Dittborn, Arturo Duclos, Carlos Montes de Oca, Alejandro Siña, Ramón Castillo. También he leído mucho y estudié filosofía con Hans Stange, con la idea de darle densidad a mi reflexión artística. Siempre intento cultivar una actitud de vivir en permanente estado de curiosidad y asombro.

"Cruz Andina", obra lumínica, 2020.

Los profetas

- ¿Cuál es el rol de los artistas?

- Esa es una pregunta inmensa, solo me atrevo a dar mi opinión. El impacto de los artistas no se agota en lo estético, tiene que ser capaz de gatillar reflexión, cuestionamientos internos y externos y en ese ejercicio humanizar.



Por otro lado, los artistas tienen el rol de ser profetas, espejo y martillo de lo que acontece en la sociedad y en esta crisis social, política y sanitaria, ese mandato se ha cumplido a cabalidad. los artistas, desplegando su talento creativo, se constituyen en los mejores cronistas para narrar los hechos que estamos viviendo a nivel planetario. Usan un alfabeto meta racional, con recursos estéticos y poéticos que se instalan en los sentimientos y el inconsciente logrando una eficacia comunicativa brutal.

El día de mañana, los historiadores encontrarán en los registros artísticos información mucho más aguda y profunda que en los textos racionales y académicos a la hora de indagar el impacto que los procesos históricos producen en el ser humano. Uno puede leer miles de página sobre los horrores de la guerra, pero cuando uno se enfrenta por ejemplo a una obra como “Guernica”, llegan a doler los huesos y sin duda fue una premonición del advenimiento de la Segunda Guerra Mundial. Por otro lado, es mi profunda convicción que el arte al conectarse con la dimensión espiritual y gatillar reflexión, cumple una misión humanizadora.

Abogado y artista

- ¿Cómo convive el abogado con el artista?

- La verdad es que ambos se llevan muy bien y en ambos ámbitos intento ser muy innovador. La dimensión de abogado hace que el artista sea más disciplinado y la faceta de artista se ha traducido en que el abogado sea más creativo.

Estoy en un estudio (Santa Cruz IP) que se aviene mucho a mi personalidad ya que nos hemo impuesto como misión fomentar en las empresas chilenas una visión estratégica desde la innovación y la propiedad intelectual, como condición de sustentabilidad. La creatividad de nuestros “Einstein chilensis” es asombrosa, pero requieren de una mirada estratégica y ahí está nuestro aporte.

Por otro lado, tal vez una de las producciones artística más estimulantes para mí, ha tenido que ver con el cruce entre mi faceta de abogado especialista en propiedad intelectual y la de artista. En efecto, gracias a la iniciativa de una alemana que se enamoró de Chile y de un chileno, - Jeannette von Wolfersdorff - me sumé a su proyecto de identificar los grandes tesoros culturales y patrimoniales de Chile, y protegerlas como denominaciones de origen e indicaciones geográficas.

El proyecto contemplaba nueve productos, yo aporté la tramitación legal, pero necesitábamos una contra parte en el mundo público y ahí contamos con el apoyo decidido del entonces director de INAPI, Maximiliano Santa Cruz, que con su experiencia en Ginebra y en la OMPI, comprendió la importancia para Chile de empujar el registro de estas denominaciones de origen por su impacto social y cultural en las comunidades respectivas.

Entre las denominaciones de origen que tramité como abogado, me tocó trabajar con los salineros de Cahuil y Boyeruca y mientras los visitaba en terreno, quedé alucinado con la estética de dicho oficio y con la sal misma. En terreno me enteré de que los salineros constituían un oficio en extinción y de ahí surgió la idea de hacer una producción artística que integrara la sal en la obra y que al mismo tiempo sirviera para difundir y llamar la atención sobre este oficio.

Este interés coincidió con una investigación que estaba realizando en mi taller de Pirque -donde vivo-, y que consistía en el desarrollo de unas cajas lumínicas cuyo contenido se proyectaba al infinito. La luz y el infinito me pareció el lenguaje adecuado para ahondar en un tema que de alguna manera es el denominador común de mis obras y que dice relación con el deseo de trascendencia de todo ser humano. Cuando le agregué sal a las obras lumínicas y la luz traspasó los cristales de sal, fue como un big bang, en que uno siente que la obra funciona y es potente en su capacidad de comunicar, conceptos y reflexiones.

Yo había indagado que la sal está asociada al concepto de “sabiduría” en varias tradiciones espirituales lo cual jugaba muy bien con el concepto de trascendencia que expresaban las imágenes reflejadas al infinito. En definitiva, fue el mundo legal el que me contactó con una materialidad – la sal de Cáhuil y Boyeruca – que incorporé a mi creación artística. Estas mismas obras las llevé a la última Bienal de arte contemporáneo en Argentina y fue premiada con el primer lugar como instalación lumínica. El jurado de la bienal comentó que el hecho de hacer dialogar la luz, con otros materiales, generaba un lenguaje original que era adecuado para los conceptos que transmitía.

"Infinito", obra lumínica con sal de Cahuil, 2020.

- ¿Cómo artista cómo ve la contingencia actual?

- Sin duda estamos en un punto de inflexión brutal en nuestra historia, se trata de un cambio generacional que se enmarca en nuevos paradigmas ligados al cambio climático, digitalización globalizada, percepciones sobre expectativas no cumplidas y una capacidad de movilización colectiva a través de las redes sociales. Reina la incertidumbre, y el populismo y los ideologismos fanatizados son una amenaza cierta, pero quiero pensar que finalmente las aguas se irán encauzando razonablemente y que surgirán liderazgos que hagan de esta catarsis social y política, una oportunidad más que un apocalipsis. En ello debemos abocarnos todos, yo haré mi parte desde mi posición de ciudadano, abogado y artista.

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