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Agrupaciones internacionales atacan al campo chileno y sus tradiciones Opinión

Agrupaciones internacionales atacan al campo chileno y sus tradiciones

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Oscar Nuñez Llanca
Por : Oscar Nuñez Llanca Abogado y criador de caballos. Fundación Soy del Campo
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Se trata de un ataque coordinado y sistematizado -en estilo franquicia- que busca terminar para siempre con las costumbres, tradiciones y actividades que forman parte esencial de la identidad cultural de la gente del campo chileno.


Para nadie es un misterio que desde hace un tiempo grupos animalistas radicalizados (asimilan animales con el ser humano) y algunos políticos están promoviendo el uso del poder del Estado contra la gente de campo para eliminar y desterrar algunas de sus costumbres más arraigadas.

Buscan terminar con el Rodeo, las Carreras de Perros, los Carruajes, las Jineteadas, la Caza y la Pesca y en último término con la propiedad animal y la industria alimenticia de fuente animal.

Si bien el frente de batalla más notorio ha sido el rodeo, las fuertes derrotas que éste deporte propinó a los animalistas radicales durante el 2018 –anulación de ordenanza Recoleta y exclusión de vacunos de ley de tenencia mascotas- los llevó a variar la estrategia.

Así, durante el mes de enero de 2019, con el patrocinio de los diputados Mirosevic, Bernales y Garín, -paradojalmente todos autodefinidos liberales- se presentó una moción para prohibir las carreras de perros sin importar su raza o tipo. Se busca castigar a quienes organicen las carreras y a quienes participen en ellas considerándolos maltratadores de animales.

Sin embargo, esta acción no es originaria de Chile. Forma parte de una franquicia liderada por la Asociación Animalista Libera de Barcelona, España, de ideología vegana, quienes ya han actuado en Argentina, Uruguay, Brasil y Chile promoviendo este mismo proyecto a través de una autodenominada “Unión Mercosur Proyecto Galgo”, que corresponde a su acción en América Latina.

Si bien en España su fracaso ha sido rotundo, en Argentina lograron la prohibición –con empate técnico- con el apoyo de la bancada oficialista Cambiemos y con la fuerte oposición del Kirchnerismo, quienes apuntaron a la pérdida de autonomía de las provincias. Luego pasaron a atacar Uruguay y Brasil bajo el pretexto de que “los galgueros se movieron buscando lugares donde no hubiese prohibición”. Bajo la misma premisa llegaron a Chile. Hoy Proyecto Galgo Argentina, ya avanza buscando la prohibición de las jineteadas, cierre de Zoológicos, tiendas de animales y toda la agenda revolucionaria del animalismo radical.
La semana recién pasada expusieron los promotores del proyecto en la comisión de Medio Ambiente de la cámara baja y la temática fue el abandono, el maltrato, el tráfico de drogas y toda la batería argumental que trae la franquicia internacional en que, incluso el comercial con actores chilenos es copiado del argentino y éste del español.

Sin embargo, estas acusaciones tienen graves dificultades de adecuación a la realidad chilena ya que las diferencias con los países vecinos son sustanciales. El mayor obstáculo es tener que justificar éste proyecto siendo que el maltrato animal y el abandono ya se encuentran fuertemente regulados en Chile por una legislación muy reciente y actualizada, que ha sido considerada por los expertos como una de las más avanzadas del mundo. Lo mismo acontece respecto del supuesto tráfico de estupefacientes imputado, resultando evidente el celoso control que ejercen nuestras autoridades en las fronteras. Por último, para nadie es desconocido el estricto control sanitario para el traslado de animales lo que hace inviable en Chile las carreras en modo internacional.

La otra opción que se estudia es de establecer regulaciones a la actividad.

Sin embargo, los impulsores del proyecto estiman que “Chile no tiene una realidad cultural apta para regular la actividad”, y que “la única opción viable para nuestro país es la abolición”, ya que han sentenciado que “no importa cómo ni quien realice una carrera de perros, siempre será maltrato animal”.

Estas ideas, sin embargo, chocan estrepitosamente con la realidad de las evidencias: no existe ninguna denuncia ni menos una condena por maltrato ni abandono contra quienes participan de las carreras de galgos organizadas, públicas y reglamentadas y no existen registros que indiquen una necesidad de salvar o rescatar estos animales. Además, los números son lapidarios para el proyecto.

Entonces, si ninguna de las acciones prohibidas por nuestro derecho han podido atribuirse a los galgueros chilenos ¿Dónde radica el verdadero conflicto?

El proyecto señala que “la relación entre este (el perro) y su dueño no califica como la relación entre un dueño y una mascota (la que se funda en una relación afectiva), sino que más bien se asemeja a la relación entre un dueño y un objeto (el perro) que es útil para una función (competencia)”.

En suma, solo ellos tienen el sumo conocimiento sobre los animales y nos dirán a los demás como, para que, porque, cuando y en qué circunstancias se puede tener un animal, aboliendo nuestra milenaria relación y costumbres con estas criaturas.

Se redefine así, la relación entre el ser humano y el animal, y además, por medio de una ley, o sea, se obliga, fuerza e impone a otros con pistola esa filosofía o creencia, bajo amenaza de cárcel.

Como sociedad, hemos consensuado que la libertad es uno de los valores fundamentales de nuestras vidas. Ya han pasado muchos años desde que dejamos atrás una relación Iglesia y Estado entendiendo que todas las visiones de la vida tienen cabida en nuestra sociedad en cuanto, como dice Alberto Benegas Lynch: “El liberalismo es el respeto irrestricto por el proyecto de vida del prójimo”.

Por eso resulta paradojal que los autores del proyecto de ley se proclamen liberales y al mismo tiempo promuevan usar el poder del Estado para imponer sus creencias filosóficas y religiosas, para la transformación de la sociedad actual a la sociedad vegana apuntando contra sectores rurales vulnerables y aplastando sus costumbres. Se obtendría de este modo, una victoria fácil en el camino a transformar a los animales en personas…. O tal vez a las personas en meros animales.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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