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El problema chileno de las toneladas de ropa usada y la necesidad de repensar lo que nos ponemos

por 12 noviembre, 2021

El problema chileno de las toneladas de ropa usada y la necesidad de repensar lo que nos ponemos
La producción de ropa en el mundo s es responsable del 20% del desperdicio total de agua a nivel global. Además los desechos textiles en el mundo pueden tardar hasta 200 años en desintegrarse.
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Durante la COP26, muchos gobiernos están instaurando metas ambiciosas para desacelerar el calentamiento global y reducir la huella de carbono.

Uno de los temas que ha sobresalido en los últimos años son los residuos y el impacto que tienen en los ecosistemas y, en consecuencia, lo clave que resulta que sean gestionados de mejor manera.

Plásticos, vidrios, artículos electrónicos, baterías, e incluso ropa, son algunos de los elementos cuyo proceso de descomposición varía desde unas cuantas décadas hasta cientos de años, por lo que se hace relevante poder gestionar los residuos de una forma eficiente y consciente.

La moda ha llevado a un consumo fugaz de ropa, con muchas temporadas y colecciones de nuevos productos por año, lo que ha aumentado de manera desmedida los desechos textiles en el mundo, que pueden tardar hasta 200 años en desintegrarse.

Un estudio de la ONU de 2019, concluyó que la producción de ropa en el mundo se duplicó entre 2000 y 2014 y que se trata de una industria "responsable del 20% del desperdicio total de agua a nivel global".

El alto costo de la moda rápida además del impacto ambiental -comparable al de la industria petrolera- debe lidiar en su mayoría con trabajadores subpagados, denuncias de empleo infantil y condiciones deplorables para producir en serie.

Son distintas iniciativas las que buscan contribuir a un menor impacto. Con un simple llamado “lee las etiquetas y cambiemos
juntos la forma de comprar”, tiendas Paris llevó a una nueva campaña de su estrategia sostenible para promover el interés de las personas por revisar las etiquetas cuando compran su ropa y elegir de acuerdo al (menor) impacto que los materiales y proceso de elaboración generan.

“Tenemos que apurar el paso, con decisiones concretas y realizables como esta. Tenemos seis metas al 2025, como por ejemplo, que 1 de cada 4 clientes adopte hábitos de consumo responsable”, explica Fernanda Kluever, gerente de Sostenibilidad de la compañía.

Ropa usada

Chile es el primer importador de ropa usada en América Latina, informó la agencia AFP, con fardos que llegan a la zona franca del norte del país provenientes de Estados Unidos, Canadá, Europa y Asia.

Pero Alto Hospicio, Iquique y el desierto de Atacama en Chile se han convertido en un gigantesco basurero de ropa ya que cerca de 59.000 toneladas anuales entran a nuestro país. Al menos 39.000 toneladas terminan como basura escondida en el desierto.

EcoFibra, Ecocitex y Sembra son iniciativas que se han hecho del residuo textil su materia prima.

Mientras la ONU alerta de que en el mundo “cada segundo se entierra o quema” el equivalente a un camión de basura con textiles, en Chile Zepeda, Rosario Hevia y Mónica Zarini dan nuevas vidas a esa basura.

Franklin Zepeda trabajó casi 10 años en la zona franca de Iquique, norte del país, y empezó a asesorar a importadores de ropa usada. “Quise salirme del problema y entrar en la solución”, cuenta a AFP el fundador de EcoFibra, startup que desde el 2018 crece con la fabricación de termopaneles para viviendas en su planta en Alto Hospicio, cerca del puerto donde llegan toneladas de ropa usada.



Allí separan la ropa de algodón de aquellas con telas sintéticas y poliéster, para las que desarrollaron un líquido especial que les da una propiedad ignífuga.

Zepeda recuerda para AFP cuando veía en su moto “montañas de basura de ropa en el desierto más árido del mundo, y dije no, tengo que hacer algo”: sus paneles de aislación térmica “son los únicos en Latinoamérica certificados bajo las normas de la construcción”, dice orgulloso de elaborar “en una comuna pequeña un producto de alto impacto”.

A su vez, Rosario Hevia empezó con Travieso, una tienda de reutilización de ropa infantil. “Por muchos años se consumía y a nadie parecía importarle y se generaba cada vez más desperdicio textil y más desecho. Hoy en día las personas están empezando a cuestionarse” y les preocupa cuidar el planeta, afirma optimista, dice a AFP..

Desde Sembra, un campo explorador de eco tecnologías en Nogales, centro de Chile, Mónica Zarini lleva más de 20 años promoviendo emprendimientos con impacto social y estudiando la ruta de la ropa usada para hallar soluciones de reciclaje.

A partir de la ropa usada hacen lámparas, recipientes, cuadernos, bolsas, cajas y hasta colecciones para regalos corporativos.

Las políticas comerciales en la industria del ‘fast fashion’ “han ayudado a convencernos que la ropa nos hace más lindos, que nos otorga un estilo y hasta nos cura la angustia”, dice Zarini a AFP.

“Los consumidores que conocen los daños ambientales que esta actividad provoca, atribuyen el problema a las industrias y a la falta de regulaciones”, pero “el problema lo llevamos puesto” todos, advierte.

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