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Baltazar Sánchez fue director desde 2003 hasta abril pasado

Cómo el hombre fuerte de Mega terminó salpicado por el caso La Polar

por 23 junio, 2011

Cómo el hombre fuerte de Mega terminó salpicado por el caso La Polar
Fue invitado por el fondo Southern Cross a formar parte de la mesa en 2003. Cuando renunció en abril pasado era uno de los tres directores más antiguos de la multitienda. Ejecutivo de la primera línea, lleva 30 años trabajando con el grupo Claro donde es el responsable del área industrial y también personaje clave de los medios del conglomerado, entre los que está la estación de televisión abierta, el Diario Financiero y la Revista Capital.
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Cuando La Polar colocó sus acciones en la bolsa en 2003 era el símbolo de una empresa bien manejada que había sorteado exitosamente un proceso de quiebra. Qué mejor entonces que ser invitado por el fondo Southern Cross, el controlador de La Polar, a formar parte del directorio. Baltazar Sánchez Guzmán, el brazo derecho de Ricardo Claro y rostro del grupo, aceptó de buena gana, no sin antes consultar a su jefe.

Una decisión de la cual debe estar sumamente arrepentido porque empaña una exitosa trayectoria profesional. Y lo coloca en el centro de los cuestionamientos hacia un directorio que no advirtió durante cinco años –el período que investiga la Fiscalía, pero que podría ampliarse- el montaje armado al interior de la compañía para manipular el negocio de las tarjetas de crédito y mejorar los resultados.

Cuando renunció en abril pasado Sánchez era el director más antiguo junto con Andrés Ibáñez –académico de la UC- y el inversionista Fernando Franke. Este último, quien también dejó su cargo en abril, es sindicado como el primero que alertó de que algo andaba mal con la cartera de tarjetas de crédito y las provisiones.

“Ricardo era muy estricto. No sé qué habría pensado, qué habría dicho”, sostiene un abogado que conoció al empresario. Al igual que todos los directores en ejercicio, Sánchez cuenta con un estudio para su defensa. El suyo es Claro y Cía.

Su situación se vuelve más compleja considerando su rol jerárquico dentro del grupo Claro. Ser el hombre que maneja el área industrial, que le genera los mayores recursos al conglomerado, no es lo mismo que ser un director profesional como se llama a aquellos que sólo se dedican a esa tarea.

Sánchez es un ejecutivo que le reporta a Jaime Valdés, hermano del fallecido empresario, que se entiende con su viuda, María Luisa Vial, y que lleva 30 años trabajando con el grupo.

Hoy por hoy está envuelto en el mayor escándalo de una empresa abierta desde la crisis de los bancos de 1983.

La cercanía con don Ricardo

Ingeniero comercial de la UC, egresó como el mejor alumno de su promoción (1975) y se enroló en Elecmetal, dedicada a la producción y comercialización de piezas de acero fundido para la minería. Con Claro lo unía un estrecho vínculo. El padre de Sánchez había muerto siendo él muy joven “y el empresario prácticamente se hizo cargo de él”, publicó la revista Qué Pasa.

De Elecmetal pasó a la Viña Santa Rita cuando Claro la adquirió en 1980. Era su gerente general y decidió emigrar al grupo Angelini para probar sus capacidades fuera del alero de Claro. Cumplía cinco años en Copec cuando recibió una oferta irresistible de Claro: ser su segundo de a bordo.

Su regreso coincidió con la compra de Mega, el primer canal privado del país. Un año después, en 1991, Claro le vendía un 49% a Televisa. Sánchez comandó la operación que le reportó a su jefe más de doble de lo que había pagado inicialmente. Más tarde, Sánchez –en ese entonces, vicepresidente ejecutivo de la estación- recibió el encargo de dar vuelta los números en rojo. En dos años cumplió la misión. Hoy encabeza el área de comunicaciones: es presidente de Mega; de Ediciones Financieras, dueña del Diario Financiero; y de Ediciones e Impresos, dueña de las revistas Capital y ED.

Sánchez preside el directorio de Cristalerías Chile –la mayor fabricante de botellas de vidrio del país- es vicepresidente de Elecmetal, el holding del conglomerado y la empresa, a partir de la cual Claro forjó su fortuna al comprar acciones a la Corfo en 1975. Es director de la Sudamericana de Vapores, la mayor naviera chilena, y sus filiales Saam y Quemchi.

La estabilidad del directorio de La Polar

No es usual que un hombre de la primera línea de un grupo económico participe en directorios que no estén relacionados.

“Quería tener una actividad independiente, un pie fuera del grupo Claro. Por eso aceptó entrar a La Polar”, sostiene el presidente de una firma de head hunting.

Sánchez también es director de Siemel, filial del grupo Angelini, que controla la aseguradora Cruz del Sur, inversiones agrícolas y tecnológicas del conglomerado para el que trabajó hace 35 años.

“Ricardo era muy estricto. No sé qué habría pensado, qué habría dicho”, sostiene un abogado que conoció al empresario. Al igual que todos los directores en ejercicio, Sánchez cuenta con un estudio para su defensa. El suyo es Claro y Cía.

Según explica un empresario la razón por la cual permaneció tanto tiempo en La Polar es porque “Pablo Alcalde decía que tenía un grupo de directores que conocía el proyecto de La Polar desde su origen y pedía a los accionistas que no hicieran un cambio total de la mesa”. Alcalde fue gerente general de La Polar desde 1999 a 2009. Después fue nombrado presidente, cargo al que renunció cuando se destapó el escándalo y se mantuvo como director. Considerado el artífice del éxito de La Polar, ostentaba un ascendiente entre los accionistas similar al de José Yuraszeck en Enersis. El conseguía los poderes y repartía los votos.

Responsabilidad ineludible

Las actas del directorio publicadas por el Diario Financiero, que incluyen 13 reuniones entre 2008 y 2011, dan cuenta de una única intervención el 29 de septiembre del año pasado. Frente a una exposición de Julián Moreno, entonces gerente de productos financieros y uno de los primeros en ser despedidos, Sánchez sostuvo que era relevante “que las provisiones existentes sean suficientes para cubrir un escenario de incumplimiento y esa provisión debe ser el resultado de un acuerdo entre todos los que están operando en esta materia (…) Acto seguido se excusó por tener un compromiso ineludible”.

Apuntado como el mayor responsable junto con la auditora PriceWaterHouse de no haber cumplido el rol de supervisar los actos de la administración, el directorio de La Polar ha sido puesto en cuestión por autoridades y empresarios.

Lorenzo Constans, presidente de la CPC, aseguró que “el directorio tiene una responsabilidad, eso no se discute, con la compañía, los accionistas, y los clientes”.

El ministro de Hacienda, Felipe Larraín, sostuvo ayer en el Senado que “la responsabilidad de la información financiera proporcionada por la empresa La Polar es de los directores”. Eso, porque desde 2009 la ley de valores obliga a los directores a firmar una declaración en la cual se hacen responsables por los contenidos de los estados financieros.

“Ignorancia no es eximente de responsabilidad”, sentenció el ministro refutando el argumento de Heriberto Urzúa quien, a nombre de la mesa, afirma que fueron  engañados y no recibieron toda la información que pedían a los ejecutivos.

Un abogado explicó a El Mostrador que “la ley dice que dependiendo de la responsabilidad de cada uno de los directores en el cumplimiento de su tarea éstos deberán responder con sus propios bienes en base a lo que determine el juez en base a los daños y perjuicios ocasionados a los accionistas”.

No existen hasta el momento demandas por indemnización de perjuicios en contra de los directores. Un proceso judicial que, de ocurrir, podría durar cuatro años. La SVS, por su parte, tiene facultades para aplicar multas de hasta 15 mil UF. Si existiese una operación que beneficie a uno o más directores, como sucedió con el caso Chispas, las multas pueden llegar hasta 30% de la transacción.

Los coletazos llegan a la escuela de administración UC

El director más antiguo de La Polar renunció al curso que comenzaría a dictar la próxima semana en el diplomado que imparte en el Centro de Gobierno Corporativo de la UC. Desde hace dos años era profesor del módulo “La transparencia de la información en las sociedades anónimas”, junto a los abogados Armando Massarente y José Miguel Ried.

Massarente es uno de los responsables de investigar el caso La Polar en su calidad de fiscal de la Superintendencia de Valores y Seguros. Como tal tendrá que revisar las actuaciones de su ex compañero de labores académicas.

Ibáñez fue presidente de La Polar y miembro del comité de directores, el que debe velar para que los balances reflejen la realidad financiera de las empresas y supervisar el trabajo de  la auditora externa. Importante académico de la UC, es director de la Escuela de Administración de la UC que creó junto a la Facultad de Derecho el Centro de Gobierno Corporativo para perfeccionar el funcionamiento y trabajo responsable de los directorios, según su página web.

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