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El poder de Trump: con visitas a su oficina, los CEO más poderosos del mundo intentan evitar su ira y sus tweets

por 18 enero, 2017

El poder de Trump: con visitas a su oficina, los CEO más poderosos del mundo intentan evitar su ira y sus tweets
Los fabricantes extranjeros tienen un buen motivo para temer a la ira de Trump, dado que ha propuesto nuevas barreras comerciales para mantener sus productos fuera de Estados Unidos. En una entrevista publicada el 15 de enero por el periódico alemán Bild, amenazó con un impuesto de 35 por ciento a los BMW de una nueva fábrica de US$1.000 millones en México. BMW respondió señalando que la fábrica mexicana enviaría autos a todo el mundo y que su mayor planta en el mundo está en Spartanburg, Carolina del Sur, que exporta la mayoría de su producción. La compañía no ve “ninguna razón” para cambiar sus planes, dijo a la prensa Peter Schwarzenbauer, titular de las marcas Mini y Rolls-Royce de BMW, en el marco de una conferencia realizada en Múnich el 16 de enero.
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Cruzando las doradas puertas de un ascensor de la Trump Tower el 13 de enero, la máxima ejecutiva de Lockheed Martin, Marillyn Hewson, dijo que recién había prometido al presidente electo Donald Trump contratar 1.800 trabajadores en Texas. Cuatro días antes, Jack Ma del gigante chino de comercio electrónico Alibaba se detuvo en el lobby de mármol para anunciar una expansión de la operación estadounidense de su compañía. Ese mismo día, el magnate francés del lujo Bernard Arnault estaba ahí para decir a Trump que su grupo LVMH podría aumentar la fabricación en Estados Unidos.

¿Por qué este desfile de máximos ejecutivos? Está claro que las amenazas y tuits de Trump están teniendo cierto efecto en las grandes empresas mundiales. Lockheed, para empezar, parece listo para hacer lo que sea que el nuevo presidente le pida, lo que era de esperar dado que el Pentágono es su mayor cliente. Además de añadir puestos de trabajo en Texas, Hewson prometió reducir “significativamente” los costos del programa de aviones de combate F-35 de Lockheed, al que Trump ha criticado duramente por sus gastos excesivos.

No obstante, la mayoría de las compañías simplemente parecen estar evitando ponerse en la mira presidencial mostrando proyectos que ya estaban previstos. General Motors Co. anunció el martes US$1.000 millones en inversiones en Estados Unidos que incorporarían o mantendrían 7.000 puestos de trabajo. Pero sus planes fueron aprobados antes de la elección en noviembre, según una fuente familiarizada con el tema. En el salón del automóvil de Detroit, Toyota dijo que invertirá US$10.000 millones en Estados Unidos durante los próximos cinco años, lo mismo que desembolsó en el último quinquenio. Y el 3 de enero, Ford Motor Co. descartó los planes para una expansión de US$1.600 millones en México después de meses de amenazas de Trump de gravar a las empresas estadounidenses que trasladaran puestos de trabajo al extranjero. El fabricante de autos dijo posteriormente que habría tomado la misma decisión independientemente de los comentarios de Trump.

Los fabricantes extranjeros tienen un buen motivo para temer a la ira de Trump, dado que ha propuesto nuevas barreras comerciales para mantener sus productos fuera de Estados Unidos. En una entrevista publicada el 15 de enero por el periódico alemán Bild, amenazó con un impuesto de 35 por ciento a los BMW de una nueva fábrica de US$1.000 millones en México. BMW respondió señalando que la fábrica mexicana enviaría autos a todo el mundo y que su mayor planta en el mundo está en Spartanburg, Carolina del Sur, que exporta la mayoría de su producción. La compañía no ve “ninguna razón” para cambiar sus planes, dijo a la prensa Peter Schwarzenbauer, titular de las marcas Mini y Rolls-Royce de BMW, en el marco de una conferencia realizada en Múnich el 16 de enero.

Las compañías internacionales corresponden a una creciente porción del empleo de la manufactura en Estados Unidos conforme los puestos de trabajo en las fábricas han caído a 8 por ciento de la fuerza laboral estadounidense, frente al 13 por ciento de 2000. Las multinacionales extranjeras crearon alrededor de 11.400 empleos fabriles en 2015 al expandir sus operaciones estadounidenses o establecer nuevas empresas con sede en Estados Unidos, más que los 8.300 creados en 2014, según el Departamento de Comercio de Estados Unidos. La nación sigue siendo atractiva debido a su vasto mercado de consumo, capacitada fuerza laboral, sólida protección de la propiedad intelectual y entorno regulatorio predecible, dice Aaron Brickman, vicepresidente sénior de la Organización para la Inversión Internacional, asociación con sede en Washington de empresas extranjeras con operaciones en Estados Unidos. “La política puede ser emocional, pero las compañías tienden a ver más allá de la emoción” al tomar una decisión de inversión, dice Brickman.

Foxconn de China y Taiwan Semiconductor Manufacturing Co., ambos importantes proveedores de Apple Inc., han señalado que están considerando una expansión estadounidense, sin entregar detalles. Chaney Ho, presidente del fabricante taiwanés de computadores Avantech, dice que durante varios años su compañía ha estado aumentando su presencia en Estados Unidos y que ahora cuenta con 90 trabajadores en una planta de ensamblaje en Milpitas, California, junto con un personal de más de 500 personas en todo el país en las áreas de ventas, marketing y soporte técnico. Ese crecimiento habría continuado sin importar quién ganara la elección presidencial, dice. “Estados Unidos es bastante fuerte en sistemas de redes, seguridad de red y computación en nube”, dice Ho. “Buena parte de nuestro negocio viene de ese sector”.

El grupo de lujo LVMH, que ya fabrica las carteras Vuitton en California, tiene un incentivo para aumentar la producción estadounidense conforme intenta impulsar las ventas en el país, dice Deborah Aitken, analista de Bloomberg Intelligence. “El tiempo de comercialización se ha vuelto más importante, tener el producto ahí para satisfacer la creciente demanda mientras se expande”, dice Aitken. De todos modos, la visita del CEO Arnault a la Trump Tower apuntaba claramente “a evitar medidas adversas de la administración entrante”, dice Luca Solca, analista de Exane BNP Paribas en Ginebra. “La reunión de Arnault con Trump fue una obra maestra de diplomacia”.

En ocasiones, las visitas son simplemente ópticas. Trump, quien ha acusado a China de robar empleos estadounidenses y ha instado a la aplicación de mayores aranceles a las importaciones chinas, elogió a Ma como “un gran, gran empresario”, aun cuando Alibaba ni siquiera está planeando contratar a algún trabajador estadounidense. Sin embargo, la compañía sí prevé crear 1 millón de empleos estadounidenses con el reclutamiento de más pequeñas empresas y agricultores de Estados Unidos que vendan bienes en Asia a través de su sitio web.



Un máximo ejecutivo que aparentemente no recibió el memorando sobre la diplomacia de Trump es Sergio Marchionne de Fiat. La compañía recibió un tuit diciendo “gracias” el 9 de enero tras anunciar una inversión de US$1.000 millones para la producción estadounidense de tres nuevos modelos Jeep y una camioneta Ram que ahora se fabrica en México. Marchionne, no obstante, destacó rápidamente que la medida se había planificado hacía tiempo. “No tomamos decisiones, basados en el riesgo de un tuit”, dijo Marchionne a la prensa en el salón del automóvil de Detroit

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