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Análisis

2017, el año en que la política se tomó la agenda económica

por 25 mayo, 2017

2017, el año en que la política se tomó la agenda económica
Chile ha cambiado, estamos dejando atrás los tiempos en que el ciclo político permeaba muy poco al económico y hemos retomado una antigua tradición, que de hecho prevalece todavía en el resto de Latinoamérica, según la cual el resultado electoral es una variable crítica al momento de evaluar decisiones de inversión. Tanto es así, que el principal tema de interés en el área de asesorías económicas, a lo largo de los últimos meses, es el tema político y los escenarios más probables para el desenlace electoral de noviembre próximo.
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Cuando hablábamos de perspectivas para la economía chilena, en el transcurso del año pasado, nos aventurábamos a proyectar que el presente año sería claramente mejor. Asumíamos, entonces, que el mercado se anticiparía al efecto positivo de un cambio político, lo que se reflejaría en mejores expectativas y clima de negocios y en un desentrampamiento de la inversión.

Lamentablemente, ello no ha sucedido, las expectativas, tanto de empresarios como de familias, no dan muestras de un repunte, mientras los diversos indicadores adelantados sobre la trayectoria futura de la inversión no entregan señales de una pronta recuperación.

Efectivamente, las importaciones de bienes de capital registran cinco meses consecutivos de caída, lo mismo que en nueve de los últimos doce meses. Los permisos de edificación siguen anotando una importante caída, tanto los referidos a la construcción habitacional como, también, lo que es más preocupante, los referidos a infraestructura productiva.

Solo las colocaciones a empresas anotan un leve incremento en los dos últimos meses, pero corresponde esperar para ver si se sostiene la tendencia hacia adelante.

¿Qué explica la cautela y el pesimismo? ¿Por qué el mejor entorno económico mundial y regional no se refleja en un cambio similar en nuestra economía? ¿Por qué el mejor precio del cobre no se ha traducido en un resurgimiento de mayor dinamismo en la inversión minera? Sin tener respuestas definitivas, podemos esbozar algunas causas.

Primero, el panorama político, lejos de despejarse, es ahora más enredoso que nunca. Lejos del escenario de una elección entre Sebastián Piñera y Ricardo Lagos, el cual dejaba muy tranquilos a los mercados, tenemos ahora una importante descomposición en el espectro político, particularmente en la centroizquierda, donde hay tres candidatos con probabilidades de sacar más de 10,0% cada uno.

La Nueva Mayoría se desmembró. La Democracia Cristiana, clave para conseguir electorado de centro, tomó la opción del camino propio, mientras la izquierda tradicional se ve fuertemente amenazada por “la nueva izquierda”, el llamado Frente Amplio.

Esta nueva agrupación, jugando un rol similar al de Podemos en España, les quitará parte importante del apoyo a los partidos tradicionales de izquierda. En la derecha el cuadro se ve más ordenado, aunque no completamente, toda vez que el proceso de primarias se está dando en un clima más bien áspero, de confrontación.

Aun asumiendo que Sebastián Piñera es el candidato electo, es evidente que no la tendrá fácil. En una estrategia que nos parece razonable, no está disfrazando su discurso con tintes más continuistas, como lo hizo en la campaña anterior, cuando obtuvo el triunfo, sino, más bien, haciendo una crítica asertiva a lo que ha sido una mala gestión del Gobierno saliente.

La duda surge en si dispondrá del apoyo ciudadano y, sobre todo, de la base parlamentaria suficiente para emprender las contrarreformas que plantea. Más aún, el solo hecho de revisar nuevamente el marco regulatorio en temas clave, como el laboral o tributario, de acuerdo a lo que ha anunciado, genera incertidumbre, sobre todo si no se logran acuerdos amplios que permitan dar una verdadera estabilidad institucional de más largo plazo.

El entrampamiento de las expectativas y la inversión, entonces, guarda en parte relación con la prudencia de los empresarios, esperar el nuevo cuadro político y la factibilidad de enmendar las reformas mal hechas, particularmente la tributaria y la laboral, antes de tomar decisiones de inversión.

Esto no es ideologismo ni mucho menos, como dicen algunas teorías conspirativas, un boicot de los empresarios al Gobierno, para dañar su suerte. Esto es simplemente pragmatismo, conocer con mayor precisión el escenario antes de arriesgar inversión.

Basta ver la incertidumbre que genera la reforma laboral en las futuras negociaciones colectivas de la industria minera para “aterrizar” el tema a la realidad. Esto, junto con la incertidumbre regulatoria en el ámbito medioambiental, son dos factores centrales para entender por qué Chile cayó 28 puestos en el Ranking de Atractivo para la Inversión Minera, desde el puesto número 11, el 2014, al 49, en 2017.

Aparte del escenario político y regulatorio complejo e incierto, podemos agregar, entre las causas que mantienen deprimidas las expectativas y la inversión, una inercia negativa que trae la economía luego de varios años de bajo crecimiento y caída en la inversión, que se traduce en un deterioro importante en el mercado laboral durante el presente año.

Esto actúa como un círculo vicioso, deterioro en el empleo significa deterioro en el acceso al crédito y en las expectativas de las familias, impacto negativo sobre el consumo o la compra de viviendas, todo lo cual lleva a las empresas a frenar sus decisiones de inversión, afectando a su vez nuevamente en forma negativa el empleo.

Chile ha cambiado, estamos dejando atrás los tiempos en que el ciclo político permeaba muy poco al económico, y hemos retomado una antigua tradición, que de hecho prevalece todavía en el resto de Latinoamérica, según la cual el resultado electoral es una variable crítica al momento de evaluar decisiones de inversión.

Tanto es así, que el principal tema de interés en el área de asesorías económicas, a lo largo de los últimos meses, es el tema político y los escenarios más probables para el desenlace electoral de noviembre próximo.

Con todo, aparecen algunas señales positivas. La macroeconomía está sana, contamos con instituciones valiosas para que ello se mantenga en el tiempo, como el Banco Central independiente o la regla fiscal, y todo indica que sea cual sea el resultado electoral, el crecimiento económico volverá a ocupar un lugar prioritario en la agenda del próximo Gobierno.

Más aún, no es ingenuo pensar que, privilegiando dicho objetivo, se logre consensuar un apoyo parlamentario suficientemente amplio para realizar las correcciones más urgentes a reformas claves como la laboral y la tributaria.

Este año está jugado, el crecimiento se ubicará en torno al 1,5%, similar al del año pasado, pero para el próximo las expectativas apuntan a un crecimiento mejor, del orden de 2,5%, y sobre 3,0% para el 2019.

En un escenario económico internacional y regional mejor, con un precio del cobre que se sostiene en los niveles actuales, y con un cambio político que apunte a recuperar las confianzas, la inversión y el crecimiento, parece que dichas predicciones tienen, ahora sí, una real oportunidad de materializarse.

(NdR: este análisis es parte del informe mensual de mayo de Gemines Consultores)

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