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Análisis

Gemines y las elecciones: las más importantes desde el retorno a la democracia y lo que está en juego es si retomamos el camino al desarrollo

por 16 noviembre, 2017

Gemines y las elecciones: las más importantes desde el retorno a la democracia y lo que está en juego es si retomamos el camino al desarrollo
Es cierto, lo de nuestro país ha sido la llamada crisis del desarrollo medio, pero fuertemente potenciada por el empoderamiento de la sociedad civil, la fuerza de las redes sociales y la dramática carencia de verdadero liderazgo político. El gobierno que termina permitió que todas estas insatisfacciones se manifestaran, sobreponderando algunas, la de los grupos con más poder político que lo capturaron, y subestimó otras.
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La consultora Gemines es una de las influyentes del mercado y lo que dice siempre hace ruido. Ayer publicó su último informe mensual previo a las elecciones presidenciales y ahí el gerente general, el economista Tomás Izquierdo, señala que las del domingo son las más importantes desde el retorno a la democracia. Lean y decidan ustedes.

Estamos a algunos días de la elección presidencial y da la impresión de que en esta oportunidad hay mucho más en juego en relación con elecciones anteriores, al menos desde el retorno a la democracia en 1990.

La senda de crecimiento alto y bastante sostenido se perdió, las dudas existenciales de parte relevante del mundo político de centroizquierda nos llevaron a desviarnos del camino, el complejo de ejercer la autoridad, la captura de la autoridad por grupos de interés, el empoderamiento del consumidor, las malas prácticas de una parte del mundo empresarial, las redes sociales con su posverdad y el financiamiento ilegal a la política, constituyen, sin un orden jerárquico, una reseña de los principales temas que discute la intelectualidad en los últimos años para explicar el estado actual de las cosas.

Es notable el contraste con el debate que se dio en la última elección, la del 2013. En la de entonces discutíamos sobre el “fine tuning” que debíamos realizar en nuestra institucionalidad, de manera de mejorar el desempeño en una perspectiva de continuidad, con la vista puesta en el largo plazo.

Muchos no nos dimos cuenta de que detrás de esa aparente continuidad se ocultaba una suerte de bomba de tiempo, una especie de descontento acumulado, que cruzaba a diversos estamentos de la sociedad, desde grupos de interés que lo quieren todo y ahora, como los estudiantes universitarios, hasta políticos profesionales que nos sorprendieron, porque arrastraban algún tipo de culpa o complejo, una sensación de traición a sus ideales de juventud.

Las fuerzas capaces de detonar la bomba, “tirar el mantel” o usar la retroexcavadora, tenían una potencia muy superior a la que imaginábamos algunos.

Es cierto que nosotros, los tecnócratas, cometimos el error de encerrarnos en nuestra visión simplificada de la sociedad, asumiendo que lo relevante es que íbamos por el camino correcto y que podíamos exhibir resultados que lo certificaban, como haber triplicado el ingreso per cápita en dos décadas, o haber reducido dramáticamente la pobreza.

No nos dábamos cuenta de otras dimensiones, como las referidas a una creciente clase media que, aunque con mejores niveles de ingreso, seguía sintiéndose excluida, o consumidores que se sentían abusados, o minorías que aún se sentían discriminadas.

Es cierto, lo de nuestro país ha sido la llamada crisis del desarrollo medio, pero fuertemente potenciada por el empoderamiento de la sociedad civil, la fuerza de las redes sociales y la dramática carencia de verdadero liderazgo político.

El gobierno que termina permitió que todas estas insatisfacciones se manifestaran, sobreponderando algunas, la de los grupos con más poder político que lo capturaron, y subestimó otras. Falló abiertamente en la capacidad de dar respuesta a esas demandas, de encauzarlas.

No entendió que para ello se requiere un proyecto de largo plazo, consensuado, que lejos de hacerse cargo de una sumatoria de urgencias puntuales, en tiempo real, lidere un proyecto armónico de futuro, que postergue la satisfacción inmediata en pos de un logro más amplio y perdurable de largo plazo.

Sin embargo, no todo está perdido. Como lo hemos dicho en otras oportunidades, la principal fortaleza institucional de nuestro país está en su propia sociedad civil. Además de aquellos grupos disconformes, más disruptivos, que quieren cambiarlo todo, que hoy día encuentran cobijo en “proyectos políticos” como el del Frente Amplio, la inmensa mayoría ha revalorizado los logros alcanzados en las últimas décadas.

Quieren correcciones al modelo, pero no quieren una retroexcavadora. Es esa mayoría la que, con una altísima probabilidad, le dará un triunfo a la centroderecha en las próximas elecciones. Una centroderecha que astutamente hoy recoge los notables logros de las dos décadas de gobiernos de la Concertación, luego que sus verdaderos padres, autoflagelantes, desconocieran a su hijo.

Una vez ganada la elección comienzan los verdaderos desafíos. La capacidad que tenga Sebastián Piñera y su equipo político para captar parte del centro político, a los viudos de la antigua Concertación, es clave para lograr retomar el camino al desarrollo. Se requieren consensos amplios, generar negociaciones hacia dentro, no por la prensa.

Lograr acuerdos previos al envío de los proyectos de ley al Parlamento, como lo hacían en su tiempo Edgardo Boeninger o Enrique correa, parece fundamental para viabilizar la conducción política del próximo gobierno. Recordemos que el Frente Amplio, al igual que Podemos en España, tratará de crecer a costa de la izquierda más moderada. Para ellos, mucho mejor un gobierno de centroderecha, que puedan confrontar decididamente, llevando a la calle a los grupos de interés afines, para que parezca, una vez más, que es el grueso de la población la que los apoya.

El gobierno de Piñera comenzará con algunos comodines, tiene que aprovecharlos.

Primero, la economía está en recuperación. Si se da el escenario más probable para la economía mundial y regional, potenciada por mejores expectativas internas propias del cambio de gobierno, es probable que se “despierte” un círculo virtuoso de mayor inversión, empleo, ingreso y demanda interna. Con la economía y el empleo andando bien, las fuerzas disruptivas tendrán menos eco.

Segundo, me atrevo a especular que el resultado electoral será más holgado en favor de Sebastián Piñera, toda vez que muchos que no votarían por él no irán a votar, y que otros tantos, antiguos votantes de la Concertación, son hoy parte de su voto oculto, que sí irá a votar.

Sin embargo, esa es una “ventana” acotada de tiempo, es la llamada luna de miel, y se debe aprovechar para amarrar temas cruciales que permitan que la recuperación del crecimiento, prácticamente asegurada para el próximo año, sea más permanente en una perspectiva de mediano y largo plazo.

Prioridades, reforma tributaria, que simplifique el sistema, lo integre completamente, y retome el incentivo
a la inversión en las empresas. Segundo, aprovechando el chasco de Dominga, que generó un rechazo muy amplio, revisar la institucionalidad que regula la aprobación medioambiental de proyectos de inversión, de manera de quitarle discrecionalidad política en las decisiones, y de incorporar de forma más explícita y vinculante
a las comunidades afectadas.

Tercero, aclarar aspectos de la reforma laboral, como los servicios mínimos, y avanzar hacia una mayor flexibilidad laboral, con el foco puesto en la incorporación de la mujer a la fuerza de trabajo, cuestión que puede ser apoyada por los sectores moderados de centroizquierda.

Paralelamente, realizar una contrapropuesta realista en materia de reforma previsional, que junto con preservar la esencia del sistema, se haga cargo de sus vacíos, de manera de asegurar que prontamente se logre una mejoría en las pensiones de los grupos más desprotegidos.

Avanzar en una reforma a la salud, que por la vía de acotar los incentivos perversos que actualmente encarecen al sistema de seguro privado, logre una mejor cobertura a precios más razonables, aprovechando plenamente la infraestructura existente.

Cuarto, poner el foco en la calidad de la educación, en recursos para la educación preescolar, lo mismo que para la técnico-profesional. En definitiva, como lo está haciendo Macri en Argentina, se debe avanzar en paralelo, entregando señales que estimulen la inversión y el crecimiento, y avanzando en programas sociales que le den viabilidad política al gobierno.

Tomás Izquierdo
Gemines

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