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+ AFP, pero con el chancho mejor pelado

por 14 diciembre, 2017

+ AFP, pero con el chancho mejor pelado
Uno de los elementos más criticables del sistema de AFP es precisamente la distribución de riesgos. El ingreso de más actores al sistema no va a cambiar la distribución de riesgos. La competencia bajo las reglas actuales no tendrá ningún impacto en un mejoramiento de fondo al sistema de pensiones. Por eso propongo pelar nuevamente este chancho con una nueva forma de distribución de los riesgos, radicando en las AFP riesgos que ellas deben asumir si quieren estar en el negocio.
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Si despejamos las pasiones y entramos al diseño previsional, advertiremos que un gran aspecto que hace inviable en el largo plazo el sistema de pensiones chileno sustentado en las AFP es la forma abusiva en que se distribuye el riesgo.

En buen chileno: el chancho está muy mal pelado. Veamos.

Por una parte tenemos a los afiliados que buscan financiar su vejez, para lo cual deben ahorrar mensualmente con las AFP y pagarles un porcentaje de sus sueldos por la administración de los fondos. El sistema de pensiones chileno radica en los afiliados todos los riesgos posibles:

  • Riesgo de Longevidad: Si el afiliado vive mucho, su pensión va a disminuir, incluso a niveles escandalosamente bajos.
  • Riesgo de Rentabilidad: Si la inversión de los fondos no logra altas tasas de rentabilidad la pensión será modesta; si hay pérdidas la asume el afiliado, y no hay rentabilidades prometidas, ni siquiera rentabilidades de referencia para hacer proyecciones y estimar la pensión durante la vida activa.
  • Riesgo de Elección de Fondo: Complementando el riesgo anterior, se suma el hecho de que el sistema de multifondos entrega al afiliado la decisión del fondo en el que se mantendrán los ahorros previsionales. Si el afiliado opta por un fondo que es muy riesgoso y hay pérdidas es responsabilidad del afiliado, si opta por uno demasiado conservador y la rentabilidad es baja, es igualmente responsabilidad del afiliado.
  • Riesgo de Desempleo: El sistema de capitalización individual requiere contribuciones permanentes. En caso de desempleo o informalidad, el afiliado genera lagunas previsionales. El riesgo de perder el empleo lo asume también el afiliado.

Veamos ahora qué ocurre por el lado de las AFP.

Las AFP cobran mensualmente un porcentaje de la remuneración de todos los afiliados, obtienen rentabilidades de dos dígitos sobre el capital y no se comprometen a nada. Un negocio único en el mundo. Bajo riesgo y mucha rentabilidad.

  • Las AFP operan en un mercado con una demanda asegurada por la ley. Guste o no, los trabajadores deben cotizar en las AFP.
  • Cobran comisiones fijas sobre el sueldo.
  • No se comprometen a rentabilidades mínimas de forma propia. El único “riesgo” es desviarse de manera significativa hacia abajo respecto a la rentabilidad promedio del sistema. Riesgo que se controla al monitorear la inversión del resto e invertir dentro de esos parámetros, generando el llamado “efecto manada”. Sumemos a lo anterior que las AFP son en realidad el eslabón de ejecución de una política de inversión que viene dada por la ley, la normativa de la Super de Pensiones, las aprobaciones de la Comisión Clasificadora de Riesgo, la opinión del Consejo Técnico de Inversiones y hasta el Banco Central.

Adicionalmente las AFP cuentan con una serie de ventajas, entre ellas:

  • Asimetría de información radical respecto a los afiliados.
  • La posibilidad de patear las consecuencias de eventuales resultados negativos años y hasta décadas, usando el argumento de que las pensiones son una carrera de largo plazo y que hay que evaluar al final del período. De hecho, el tema previsional explotó cuando empezó a madurar el sistema de AFP y se empezaron a ver sus resultados en las pensiones que paga.

Podría seguir, pero con lo anterior basta para demostrar que las AFP ganan mucho arriesgando muy poco y el afiliado tiene que pagar, no tiene alternativas y asume todos los riesgos.

Pelando mejor el chancho. Uno de los elementos más criticables del sistema de AFP es precisamente esa distribución de riesgos. El ingreso de más actores al sistema no va a cambiar la distribución de riesgos. La competencia bajo las reglas actuales no tendrá ningún impacto en un mejoramiento de fondo al sistema de pensiones.

Por eso propongo pelar nuevamente este chancho con una nueva forma de distribución de los riesgos, radicando en las AFP riesgos que ellas deben asumir si quieren estar en el negocio.

En mi propuesta, cada AFP deberá establecer compromisos de rentabilidad mínimos.

El sistema de AFP ya cuenta con datos estadísticos suficientes como para saber a lo que se puede aspirar en términos de rentabilidad y las propias AFP han hecho gárgaras con su capacidad de entregar buenas rentabilidades.

Si hablan que han entregado por más de 3 décadas una rentabilidad promedio de UF +8%, es hora de ver a qué se pueden comprometer en el futuro.

De hecho, los sistemas de reparto con reservas técnicas explicitan las rentabilidades de referencia para esas reservas. Se sabe que el sistema funciona cotizando X y teniendo rentabilidades Y, lo que permite un control constante de su sustentabilidad.

¿Las AFP no pueden hacer lo mismo?

Al obligar a las AFP a explicitar su rentabilidad proyectada, se facilitará la estimación de una pensión sobre la base de la cotización vigente.

En el fondo, es posible visualizar al principio de la vida laboral la tasa de remplazo a la que se aspira dentro del sistema. Con ello el afiliado pasa a tener un dato importante que, sumado al monto de la comisión, facilita una elección de AFP informada, reduciendo la asimetría de información entre las partes.

Se incorpora también un elemento de referencia para medir la calidad de las AFP como gestoras de fondos al poder compararse lo que ofrecen con lo que entregan. Con ello se activa realmente la competencia sobre la base de rentabilidad y comisión.

Para evitar que las AFP disparen cualquier cifra. Se carga a la AFP cualquier insuficiencia de rentabilidad en la que pudieren incurrir. El tejo pasado puede costar caro.

Para asegurar el cumplimiento de la rentabilidad se usará el encaje que las AFP deben mantener y, en caso de no ser suficiente, las AFP deberán completar la diferencia con sus recursos.

El sistema multifondos se elimina y en su lugar se reemplaza por fondos Target Date, en el cual un mismo fondo va modificando la exposición al riesgo en la medida que se aproxima la edad de jubilación.

Esto descarga el riesgo de elección de fondo de los afiliados y lo radica en la capacidad de las AFP para generar fondos adecuados, que es precisamente su trabajo.

Como complemento de lo anterior, se debería derogar la normativa de detalle que regula la inversión de las AFP.

Es absurdo que el Congreso y la Super de Pensiones se conviertan en especies de gerentes de inversiones.

La normativa debe establecer las clases de activos en los que las AFP pueden invertir y serían estas las que deberían establecer sus propias políticas de inversión, como lo hacen los grandes fondos canadienses, por ejemplo.

Con esto se previene el efecto manada y se facilita la diferenciación y la competencia real.

Como conclusión final, un pilar exclusivo de capitalización individual no resuelve el problema de pensiones en Chile, pero una modificación como la que expongo al menos le da algunas gotas de mayor justicia al sistema actual.

Rodrigo Córdova

Abogado

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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