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Líderes de cartón

por 24 julio, 2018

Líderes de cartón
No queremos más líderes de cartón, claro que no. De cartón son esos que hacen lo que espera el resto, permanecen en las zonas de confort y cuidan de ser políticamente correctos -siempre- para quedar bien con Dios y con el Diablo; un imposible por definición.
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Hoy en día, estamos invadidos de estos personajes de pantomima o títeres de intereses puntuales, agendas predefinidas y presos de las cuotas de poder. Personajes cobardes, en esencia, que no se atreven a creer en sí mismos, renunciando a sus convicciones por ganar algún tipo de rédito circunstancial; decisiones que a la larga no traen más que decadencia para ellos y su entorno. Suelen ser amantes de statu quo, especialmente cuando han logrado una posición de poder, ya sea que lo detenten con cara de conservadores o liberales.

¿Resultado? La opinión pública se ha vuelto cada vez más crítica respecto de todo tipo de liderazgo o autoridad, y reina el “sin Dios ni ley”, porque no inspiran, entonces es más corto, sano y cómodo seguirse uno mismo; así las posibilidades de frustración y desilusión disminuyen.

Esta falta de motivación nos afecta a todos y daña especialmente a los más jóvenes, quienes prefieren creer que existen en alguna parte los mundos de ficción que proponen las series de televisión, las drogas, los viajes… porque la realidad no los entibia, ni les propone espacios desafiantes. El joven es por naturaleza idealista y en esta etapa es cuando se necesita ser llamado al liderazgo, ser desafiado, ser interpelado por el entorno social, ser animado a buscar un mejor futuro para el mundo que ya está en sus manos. Necesitan atreverse a ser y que lo animemos.

Los jóvenes están buscando su camino, por senderos nuevos que muchas veces no nos parecen del todo sensatos; si ese es el caso, no somos más que los causantes. En muchos otros casos ellos nos están dando cátedra, poniendo en la palestra temas que ni siquiera vimos, porque ellos son videntes para muchas cosas en las que nosotros somos ciegos.

Lo realmente constructivo para nuestra sociedad sería lograr una mezcla de experiencia y juventud que potenciara a ambas generaciones para trabajar, en lugar de mirarnos cada uno el propio ombligo y tratar de defender los intereses puntuales desde la trinchera. La falta de encuentro intergeneracional va en desmedro de todos, especialmente de los mayores, porque el mundo presente y futuro es impajaritablemente de los jóvenes.

Volviendo al liderazgo, el verdadero líder hace lo que su espíritu le dicta, viene a romper esquemas y no soporta las zonas de confort y dice lo que piensa, sin esperar quedar bien con nadie más que con sus convicciones. Viene a cambiar al mundo y hacerlo un lugar mejor, se mueve por altos ideales, los imposibles son su meta, aunque no baste solo su vida para lograrlos.

Lo anterior demuestra que ni la edad, ni la generación a la cual pertenezcamos, hacen ninguna diferencia a la hora de liderar.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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