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¿Chile, país desarrollado?

por 27 julio, 2018

¿Chile, país desarrollado?
Alcanzar los niveles de vida de los países desarrollados ha sido una meta permanente en los últimos años. Si bien hemos logrado superar los 20 mil dólares de ingreso per cápita anual, aún nuestro consumo eléctrico promedio per cápita está muy lejos del de los países desarrollados.
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El consumo eléctrico es uno de los elementos que están asociados al Índice de Desarrollo Humano IDH, que se calcula a partir de un conjunto de indicadores como las tasas de alfabetización, los años de escolaridad, la esperanza de vida al nacer y el ingreso per cápita. Con este índice se busca medir el éxito de los países en promover el desarrollo de las capacidades de sus habitantes. Se puede observar claramente una correlación positiva entre el consumo eléctrico y el IDH. Es incuestionable que la energía eléctrica ha tenido un rol relevante no solo en el desarrollo económico de los países, sino también en su bienestar social.

Si bien Chile cuenta con una alta cobertura eléctrica, alcanzando al 99% de la población, el consumo per cápita de los chilenos solo se empina en los 4 mil kilowatt-hora (KWh) al año, en tanto el de países desarrollados supera los 8 mil y puede llegar hasta 15 mil KWh anuales en los países más fríos y/o industrializados. Es indudable que una de las razones de estos bajos consumos eléctricos en nuestro país radica en el uso intensivo de la leña y combustibles fósiles para calefaccionar los hogares y el de combustibles derivados del petróleo en el transporte, lo que ocasiona múltiples problemas de ambientales tanto al interior de las viviendas como en las ciudades.

La electrificación de consumos energéticos, como la calefacción y el transporte, tiene múltiples ventajas. Entre otras se cuentan las mejoras en la calidad del aire, al desplazar la quema de combustibles dentro de las viviendas y eliminar la contaminación de las ciudades causada por el transporte.

Se podría sostener que la generación de electricidad también genera contaminación, sin embargo, con la irrupción de las energías renovables como la solar y eólica apoyada por la tradicional energía hidráulica, se prevé el desplazamiento paulatino de la quema de combustibles fósiles para su producción, sin contar con que estas últimas, en general, se encuentran alejadas de los centros poblados.

Gracias a la tecnología de generación eléctrica fotovoltaica, mediante la cual la electricidad se produce al incidir la radiación solar sobre un material fotosensible, generalmente celdas de silicio o láminas producidas químicamente y también al recurso solar que es muy abundante en el norte de Chile, la electricidad ha bajado de precio, por lo que, de no mediar otros eventos, llegará pronto a ser competitiva con los combustibles fósiles para usos residenciales y de transporte.

Sin embargo, aún existen brechas importantes, como por ejemplo la calidad del servicio eléctrico en el sector rural, la que está muy lejos de lo que correspondería a un país desarrollado.

Con todo, Chile hoy transita de un nivel de desarrollo a otro y se enfrentan grandes oportunidades, así como también importantes desafíos y el sector energético no debe estar ajeno a ellos.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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