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La crisis de credibilidad del INE

por 9 mayo, 2013

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Alexis Guardia B, Economista y Ex Director del INE

En pocas horas la credibilidad y la confianza depositada por los usuarios de las estadísticas del INE se evaporo una vez conocido, gracias en buena medida a la información acumulada por Ciper, los errores involucrados en el último Censo y el atraso respecto a la puesta al día de una particular metodología en el cálculo del IPC.

Como es sabido el Censo de Población y Vivienda es la tarea de mayor envergadura que enfrenta el INE cada diez años, su realización toma hoy alrededor de tres años y comprende sucesivas etapas, entre ellas: actualizar los mapas geográficos de las viviendas y la realización de un pre-censo que tiene por objeto el conteo de viviendas y población en el país a fin de determinar los sectores de empadronamiento, base para el levantamiento censal posterior; además están las etapas de diseño del cuestionario, capacitación de los empadronadores, procesamiento de la información y entrega de los resultados.

Gran parte de este esfuerzo se juega en el periodo de levantamiento pues un buen censo supone una significativa cobertura y calidad de los datos recogidos. Esta exigencia es importante, pues de los datos censales es posible extraer más tarde diferentes muestras para hacer distintos tipos de encuestas (encuestas de empleo, encuestas de opinión pública, encuesta sobre la mujer etc.).

Pero no menos importante es que el Censo es la base para distribuir los recursos públicos en diferentes áreas como salud o educación al nivel regional y comunal así como para fijar objetivos de política pública. Por último, los resultados del censo contienen la base demográfica esencial, es decir los datos de sexo y estructura de edades de la población, pues en la medida que ellos sean robustos se podrá, más otros componentes, hacer una buena proyección de la población futura hasta el próximo censo.

Ahora bien el Censo del año 2012, cambió la metodología de levantamiento, en vez de hacerlo en un día declarado feriado, se hizo en tres meses. La verdad es que en muchos países desarrollados actualmente lo hacen así, y recientemente así se hizo el censo de Brasil del 2010. Esta modalidad tiene la ventaja que disminuye el número de empadronadores y supervisores y asegura una mejor capacitación. Así en el 2012 se trabajo con alrededor de 12000 empadronadores pagados (262 mil empadronadores voluntarios en el censo del 1992). Además este método tiene la ventaja de poder revisitar las viviendas con moradores ausentes varias veces siempre que sea bien calculado el número de empadronadores que se necesitan. Por consiguiente el cambio de metodología no está en el origen de los errores que se cometieron.

La evaluación del censo se hace según grado de cobertura y calidad de las respuestas, por cierto una baja cobertura limita la calidad. Para evaluar la cobertura es necesario estimar la omisión censal, es decir, el valor absoluto y relativo de la población que no fue censada. En el caso de Chile esta omisión censal se estima comparando las proyecciones de población que hace el INE conjuntamente con el Centro Latinoamericano de Demografía de Naciones Unidas (Celade). En este caso para el año 2012 y se compara con la población censada o empadronada cuya cifra para el Censo 2012 fue de 15.800-000 de tal modo que el porcentaje de omisión fue de 9 %, en circunstancia que la omisión del Censo del 2002 fue de 4,1 % y el del Censo de 1992 fue de un 2,4 %. Y además con esa población resultaría una tasa de crecimiento de ella de solo 1 % entre los dos últimos censos. Ambas cifras eran muy difícil de explicar y aquí empezaron los errores graves posteriores.

En efecto de la “cantidad de viviendas con moradores ausentes” se estimó que allí existía una población equivalente al 4 % de la “población censada” es decir 632 mil personas (según entrevista de Ciper a Mariana Alcerreca) lo cual con algunas correciones adicionales, pero menores, se sumó a la población censada y a esta suma se la llamó población estimada (16 millones 600 mil) y ello se consideró oficialmente como los resultados del censo 2012. No se sabe cómo se llegó a ese 4 % imputado.

Así se comete un error grosero de sumar dos cosas distintas la Población efectivamente censada (15 millones 800 mil) más una población estimada. Naturalmente después de este error no le quedaba otro camino al director del INE que renunciar por incompetencia y arrogancia.

En lo concerniente a una eventual sub evaluación de los precios medidos por el IPC el tema queda acotado a la metodología especifica para asumir los cambios de calidad en los productos de la canasta.

En efecto el IPC en Chile, asi como el resto de los IPC en el mundo, tiene definida estas metodologías al momento de construir la canasta que medirá la evolución de precios. Así, una vez fijada la canasta de productos con sus ponderaciones para un año base, ocurre que con el transcurso del tiempo aparecen productos de mejor calidad que terminan por eliminar a los productos similares de la canasta (los productos electrónicos son los más conocidos). En tal situación el problema a resolver es cuál habría sido el precio de este nuevo producto si hubiera existido en el año base a fin de continuar con la información de precios del producto.

También está el problema de una exacerbada competencia de precios, pero transitoria como en el caso del vestuario. Para todo ello existen varias metodologías, lo cual obliga a ir evaluándolas permanentemente sobretodo en economías abiertas como la nuestra donde el arancel efectivo sobre las importaciones es de 1 % y con ciclos importantes de revaluación del peso.

Lo que se le puede criticar a la dirección del INE es que se le quedó atrás este proceso de revisión y actualización de las metodologías para tratar los problema indicados, y además no salir a explicar el tema en el momento oportuno. Pero también esto señala un problema más estructural, cual es que el INE no tiene un staff suficiente de profesionales (por ejemplo muestristas) altamente calificados para abordar todas sus tareas; tema que se arrastra de décadas.

El proyecto de la autonomía del INE puede abordar esta situación. Para ello no es necesario confundir una autonomía del INE con la autonomía del Banco Central, dos instituciones con objetivos muy diferentes y la casi inamovilidad del presidente de este banco, no puede sugerir que la autonomía del INE suponga la misma inamovilidad o destitución del director del INE, pues lo que acaba de ocurrir con el Censo muestra lo improcedente que ello sería.

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