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Habitar o Desertar, Descentralización y Sustentabilidad en el Desierto

por 27 marzo, 2014

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El Consejo Nacional de Producción Limpia encargó el año 2013 un estudio sobre sustentabilidad en la Provincia de Huasco. Este estudio, entre muchas otras cosas, puso número a una percepción: gran parte de la riqueza generada no se queda en la provincia de Huasco. A nivel nacional, por peso exportado se generan 2,3 pesos en actividad económica. Pero en Huasco por peso exportado se generan 0,5 pesos. ¿Por qué?  La gente de la misma Provincia de Huasco nos dio algunas razones.

En buena parte esto sucede por la contratación de personas y servicios que no son de dicho territorio, por tanto, la riqueza es transferida a otras zonas. Nos hicieron entender que esto tenía otras consecuencias más profundas. Se siente que hay personas en la provincia que no pueden acceder a estos empleos, o si pueden acceder las oportunidades no son las mismas. Que las riquezas se van, que los costos se incrementan, que la identidad se pierde, que los pasivos ambientales se quedan, y que a quienes están de paso no les importa tanto lo que suceda. Trabajan allí, pero sus familias están en otro lado y no perciben los impactos.

¿Por qué la gente no va con sus familias y se inserta en la Provincia de Huasco?, ¿por qué hay gente del territorio que no posee las mismas oportunidades en el acceso a estos trabajos?, estas preguntas poseen una respuesta muy similar y dan forma al desafío: dotar de buena educación, de servicios, de calidad de vida. Hacer ciudad en el desierto. Esta es la tensión entre habitar y desertar. Políticas que incentiven que los trabajadores de las empresas vivan junto a sus familias de forma integrada en las ciudades cercanas a sus faenas pueden actuar como potentes impulsoras de desarrollo, por la captura de recursos y el efecto multiplicador de los mismos sobre el resto del territorio provincial.

Asimismo, mayor población implica mayor peso político y social, mayor puntaje en la evaluación social de proyectos para la atracción de inversión pública y generación de masa crítica para impulsar el desarrollo de diferentes servicios y necesidades. Esa es la tensión entre desarrollo local y centralización. Esto requiere a su vez planificación y proyección, no pensando en la ciudades de hoy, sino en las del futuro, que poseen mayor complejidad y población. Por dar un ejemplo, si se quiere una ciudad con pulmones y espacios verdes, estos espacios deben ser reservados antes de que ocurra el crecimiento de la misma, de tal forma que en esa ciudad del futuro existan esos pulmones.

Por lo mismo es clave la planificación territorial: ¿Cómo se relacionan estas ciudades y las actividades productivas con las áreas específicas y recursos del territorio en el cual están insertas?, ¿qué pasa con sus consumos y sus desechos?, ¿cómo la ciudad se relaciona con las mismas actividades productivas en las cuales su habitantes trabajan?, ¿donde se ubican estas actividades, cómo y por dónde se transporta la gente, los insumos, la energía, los productos? Aun resuelto todo lo anterior, existe la tensión provocada por la dependencia económica de los recursos naturales no renovables. Estas ciudades sólo podrán mantenerse en el tiempo si existe una sustitución del capital natural no renovable por capital humano y social. De lo contrario, perdidos los flujos derivados de los recursos no renovables, esas ciudades ya no se sostienen.

Ambrosio Yobánolo del Real,

Secretario Regional Atacama del Consejo Nacional de Producción Limpia.

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