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2015: ¿el año de la Mayweather-Pacquiao?

por 11 enero, 2015

2015: ¿el año de la Mayweather-Pacquiao?
Desde fines de 2009 y comienzos de 2010, con ambos en la cima del boxeo mundial, se viene hablando de este esperado confronte. De llevarse a cabo finalmente, se ganaría el manido rótulo de “La pelea del siglo”, aunque ni uno ni otro son ya lo que alguna vez fueron. Las cifras que se manejan llegan a ser obscenas, aunque la esperada pelea puede terminar en un histórico fiasco.
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Como en el viejo cuento de Pedrito, respecto de Mayweather-Pacquiao vuelven a escucharse voces de que viene el lobo. “Este año sí que va la pelea”, han dicho, entre otros, el padre de Floyd; Bob Arum, manejador de la carrera del filipino, y hasta el propio Pretty Boy, al parecer consciente de que sus últimos confrontes han dejado bastante que desear y echando mano al infalible recurso publicitario de anunciar una pelea por la que el mundo del boxeo viene esperando desde hace años, tal vez demasiados.

“La Mayweather-Pacquiao no pasa de este año”, anuncia también la prensa internacional, relamiéndose por la materialización de un combate muchas veces anunciado y otras tantas postergado. Es que, desde fines de 2009 y comienzos de 2010, con ambos en la cúspide del boxeo mundial, el estadounidense Floyd Mayweather y el filipino Emmanuel Pacquiao, más conocido como Manny Pacquiao, han venido calentando el ambiente con declaraciones cruzadas a partir de un hecho indesmentible: un enfrentamiento entre ambos no podría sino merecer el manido rótulo de “La pelea del Siglo”, combate multimillonario que, por los números que se manejan, dejaría chiquititas a otras peleas que en su momento acapararon el interés planetario: como Frazier-Ali I, como Ali-Foreman o Leonard-Hearns, entre varias otras de similar linaje.

En las cuentas alegres parece no pesar el hecho cierto de que ni Mayweather ni Pacquiao son ya lo que fueron. Mayweather, campeón del mundo welter y súper welter reconocido por el Consejo Mundial de Boxeo, mantiene su invicto en 47 combates evidenciando en los tres últimos una evidente tacañería pugilística. Dicho de otra forma, venció al mexicano Saúl Canelo Álvarez y al argentino Marco Maidana (dos veces), con lo justo. Tan justo, que frente al azteca y en la primera contra Maidana se impuso por decisión dividida. Pacquiao, por su parte, tuvo el 2012 un año para el olvido, perdiendo en decisión dividida ante Timothy Bradley y luego, mediante un terrible nocaut al sexto round, frente al mexicano Juan Manuel Márquez.

El filipino, nacido el 17 de diciembre de 1978, que no en vano suma cinco coronas del mundo en otras tantas categorías, “resucitó” pugilísticamente en 2013, recuperando su cetro de peso welter de la Organización Mundial de Boxeo (OMB) frente a Brandon Ríos y el año pasado se puso nuevamente en la primera línea del boxeo mundial, luego de cobrarse revancha de Timothy Bradley y tras defender el título frente a Chris Algieri. “Estoy listo para Mayweather”, dijo Pac Man, no más bajar del ring montado en el Venetian Resort de Macao, hoy territorio chino tras 450 años de administración portuguesa, y con un récord en 57 peleas ganadas (38 por KO), dos empates y cinco derrotas.

Mayweather, que bobo no es, y menos en asuntos de dinero, ante el desafío recordó que el filipino se negó a enfrentarlo luego de que él pusiera como condición un examen antidoping previo y posterior al combate. Agregó, para dejar en claro que en el reparto de ingresos aspira a llevarse la mejor parte, que “Pacquiao no puede aspirar a una bolsa igual que la mía. No después de haber perdido frente a Bradley y Márquez”. Y remató cizañero: “Él no puede esperar que yo le solucione sus problemas de plata”, aludiendo a la fantástica deuda de 68 millones de dólares que, se dice, mantiene el filipino tanto con Impuestos Internos de su país como con el fisco estadounidense.
Las cifras que se proyectan para la realización de la pelea llegan a ser obscenas. Bob Arum, manejador de Pacquiao, cree que sólo por concepto de “pay per view” podrían recaudarse cerca de 1.000 millones de dólares. ¿Cómo? Montando el combate en Macao y poniendo en uno de los preliminares al chino Zou Shiming, campeón del mundo de peso mosca reconocido por la Organización Mundial de Boxeo (OMB). Vendiendo la pelea para China en sólo 5 dólares por televisor, calcula que se recaudarían más de 650 millones de la moneda gringa, a lo que habría que sumar la venta para Estados Unidos –otros 300 millones- y donde el costo es sustancialmente mayor: entre 95 y 100 dólares por cada aparato.

Tampoco faltan los interesados en montar el combate, aún a sabiendas de que el gasto será de locos. Un grupo inversor de los Emiratos Árabes ya le hizo saber a Mayweather que está dispuesto a pagarle 120 millones de bolsa si enfrenta a Pacquiao en Abu Dabi. Akbar Muhammad, vocero del grupo, señaló que “es una propuesta más que interesante. Mayweater podrá sumar esa bolsa a los 32 millones de dólares que le paga la CBS a través de su cadena Showtime por cada pelea y los ingresos del pay per view, que por cierto también serían millonarios”. Un cálculo conservador da 250 millones para Pretty Boy. Pacquiao, por su parte, cobraría una cantidad un poco más modesta: unos 100 millones de dólares. Suficientes para cancelar su cuantiosa deuda impositiva y para que le quede algo de platita en el bolsillo.
El Consejo Mundial de Boxeo, que reconoce como campeón mundial welter y súper welter a Mayweather, ha puesto todos sus esfuerzos para que la pelea se lleve a cabo de una vez por todas. A fines del año pasado emitió un comunicado en tal sentido, agregando que “Floyd Mayweather quedará liberado de peleas mandatorias (aquellas por el título, obligadas frente al mejor del ranking), si finalmente acepta combatir contra Manny Pacquiao”.

Como se ve, está todo dado para que el esperado combate unificatorio se lleve a cabo. Pacquiao sabe que depende de Mayweather y el estadounidense que, cercano a cumplir 38 años, no puede irse del boxeo dejando la impresión de que recurrió a todo para eludir al filipino.

Se habla del 5 de mayo para el esperado y siempre postergado confronte. Mayweather ya ha dicho que en esa fecha la afición mundial podrá ver una pelea memorable, aunque no aclaró si su rival será, finalmente, Pac Man. Y la fecha dada por Pretty Boy tiene con insomnio a Oscar de la Hoya, ex campeón del mundo y hoy promotor que, para ese mismo día, tiene programado el combate entre el mexicano Saúl Canelo Álvarez y el puertorriqueño Miguel Cotto. Y si De la Hoya está preocupado, los mexicanos trinan de rabia: el 5 de mayo se conoce como el “Día del orgullo mexicano”, en conmemoración de la batalla en la que, en 1862, el ejército azteca venció en Puebla al ejército francés, y no se les pasa por la cabeza que la pelea del Canelo deba posponerse a causa de Mayweather y Pacquiao.

Se espera un combate de primerísimo nivel después de tantos años, de tantas palabras y de tantas mutuas amenazas. Creo, sin embargo, que teniendo ambos protagonistas méritos pugilísticos de sobra para llenar las expectativas, el combate puede resultar en histórico fiasco. Pacquiao entrará a hacer lo que tan bien sabe, esto es, a atacar y a tirar golpes como un enajenado desde la primera campanada, pero Mayhweather, que cada vez se cuida más y ofrece menos, se mantendrá a distancia y sólo lanzará golpes a lo Carlos Monzón, es decir, cuando esté ciento por ciento seguro de que su impacto llegará a destino. El resto del tiempo se dedicará a correr el ring, a trabar y a abrazar (como contra Maidana), sabiendo que por puntos llevará todas las de ganar. Aunque nunca lo ha dicho, su sueño es retirarse como se retiró el otro campeón del mundo que nunca supo lo que era una derrota: Rocky Marciano. Y para eso -lo ha demostrado- le importan un comino las pifias de la gente y la crítica implacable de la prensa.

Una postal que este 2015 debería deleitar a los amantes del boxeo

Una postal que este 2015 debería deleitar a los amantes del boxeo



Pronóstico absolutamente especulativo y ciertamente discutible, pero válido de acuerdo al temperamento de uno y otro: mientras Mayweather es cerebral, Pacquiao puede definirse como un peleador ciento por ciento sanguíneo.

Pero ya basta de especulaciones. Basta de los pronósticos de todo tipo. Es hora de pelear, muchachos… Después de todo, ¿el cuento de Pedrito y el lobo no termina parecido?

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