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Universidad de Concepción, un líder que se gana el derecho a soñar

por 6 febrero, 2015

Universidad de Concepción, un líder que se gana el derecho a soñar
No es primera vez que la Universidad de Concepción está en una posición tan expectante. Pero a diferencia de otras oportunidades, esta vez el tipo de torneo corto, sin playoffs y con dos de los tres grandes jugando a dos bandas, acrecienta sus sueños sustentados en sus cinco triunfos en este arranque del Clausura 2015.
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Es posible que el invicto y el primer lugar del Clausura sean momentáneos y no cuajen en su primer título en el torneo más importante del fútbol chileno. Al cabo, los clubes de clase media están acostumbrados a las vicisitudes, a lo transitorio y a lo efímero.

Pero lo que seguramente permanecerá inmutable es la lucidez y la voluntad para seguir por la senda elegida hace 21 años, cuando algunos entusiastas convencieron al entonces rector, Augusto Parra, para que apoyara la creación de un club de fútbol en la Universidad de Concepción.

Mirada a la distancia, asombra esa idea en una ciudad que por décadas había dividido sus pasiones entre dos clubes con viejas raíces en nuestro balompié: Deportes Concepción y Arturo Fernández Vial.

Transcurridas dos décadas de aquel comienzo, en el resto del país ya casi nadie habla de los ferroviarios ni de los leones de Collao. En rigor, desde 2002, cuando ascendió a primera División, solo cuenta la denominada “U de Conce”.

Ya en esos tiempos logró clasificar a las copas Sudamericana y Libertadores, ubicándose además en el primer lugar de la tabla acumulada de 2003, en su debut en el fútbol grande. Y en el Torneo de Clausura de 2007 alcanzó su cúspide al disputar el título máximo del fútbol chileno con Colo Colo, perdiendo los dos partidos, pero dejando en claro que el futuro se le abría promisorio. Ello, al punto de que en el año siguiente se llevó el premio de consuelo al obtener la Copa Chile, superando en la final a Deportes Ovalle. El 2012 sufrió su único traspié al bajar a la Primera B, pero del tropezón se levantó rápidamente y tras una temporada en los potreros volvió a la división máxima.

Buena parte de su amable pasar se lo debe al sano criterio de sus directivas, cuyos nombres casi nadie conoce fuera de la Región del Biobío, lo que en el fútbol es una virtud.

La máxima es no gastar más de lo que se tiene y crecer paso a paso, proponiéndose metas alcanzables, lejanas de las quimeras que otros quieren atrapar de golpe. Tan mesuradas, que uno de sus pensantes confesó días atrás que el objetivo es “ser un club importante en el sur de Chile”. Hace rato que no se oía una confesión tan poco latina o sudaca. Un “club importante”, nada más, ni nada menos.

Tal vez sea fácil ser cauteloso, o poco ambicioso, cuando no hay nadie que presione por más. Y ese parece ser el único talón de Aquiles del club: su escasa convocatoria. No se conocen en el Biobío encuestas como las que suelen medir los respaldos de Colo Colo y Universidad de Chile, pero basta cotejar las bajas asistencias al Estadio Regional de Concepción para concluir que los penquistas siguen aferrados a los colores aurinegros y lilas.

No es, en todo caso, algo que preocupe de sobremanera a la directiva. La confianza en sus buenas campañas le hace confiar en un enamoramiento progresivo con las nuevas generaciones de hinchas, dado que amor a primera vista ya no hubo. No hubo en Concepción, por ejemplo, el arrebato pasional entre Deportes y Unión Temuco, donde la guerra estuvo declarada entre sus hinchas y dirigentes, al extremo de que el conflicto sólo pudo ser terminado con la reunificación de los adversarios en una sola matriz.

En la cancha, orden y buen ojo

Si hijos sensatos son fruto de buenos ejemplos paternos, los habituales tranquilizadores rendimientos de la U penquista en estos 21 años repiten esa máxima: el buen criterio administrativo desemboca en una sabia conformación de los planteles. Un ejemplo de ese ojo lúcido es la llegada en sus dos primeros años en Primera División de bisoñas promesas como Valdivia, Beausejour, Paredes, Droguett y Luis Pedro Figueroa, todos veinteañeros de grandes campañas posteriores en el extranjero y en la selección nacional.

Y lo mismo rige para la banca. Se han sentado en ella Fernando Díaz y Jorge Pellicer, ante todo tipos tranquilos para ver el fútbol. Parecidos a Pablo “Vitamina” Sánchez, que estuvo hasta el torneo pasado, y Ronald Fuentes, el actual estratega. Una excepción fue el emocional Marcelo Barticiotto, que llevó al equipo a aquella recordada final contra el club de sus amores, cuando terminaba 2007.

Los dirigidos por Ronald Fuentes lo repiten a diario. “La clave está en que llevamos más de dos años con el mismo grupo”, afirma Gabriel Vargas, el goleador formado justamente en Deportes Concepción, pero que hace varias temporadas la rompe en El Campanil.

Y no solo se trata de grupos duraderos, sino que también de cualidades similares. Por ejemplo, la extrema rapidez de sus delanteros, expertos contragolpeadores que hicieron sufrir lo indecible a Colo Colo en los últimos cuatro años provocando hasta el despido de entrenadores. José Luis Jiménez, Pablo González, Pedro Muñoz y Aníbal Carvallo, todos velocistas que nunca se cansaron de zarandear a las defensas albas.

A falta de los dos primeros, este año Ronald Fuentes subió a la posición de extremo izquierdo a Hans Salinas, que en Cobresal hizo casi toda su campaña como lateral, pero que es tan veloz como un puntero clásico.

En el resto de las líneas hay, por sobre todo, disciplina y orden táctico fruto del largo conocimiento de la mayoría. El “Tigre” Muñoz en el arco, Héctor Berríos y Esteban Flores cubriendo los laterales, y Diego Díaz y Felipe Muñoz, ambos nacidos en Pedrero, haciéndose fuertes en el centro de la defensa, ahora con el respaldo de Sebastián Rocco.

En la zona posterior hay que poner atención también a otro ex albo, Jorge Troncoso, que de prometedor goleador en Macul junto a Diego Rubio y Juan Delgado, ha pasado a ser un volante externo con llegada. El mediocampo combina trajín y buen fútbol con Fernando Manríquez, Francisco Portillo y Marcelo Aguirre.

En definitiva, se trata de una oncena que repite la fórmula de hace varias temporadas. Orden defensivo, despliegue en el medio y explosión arriba. Nada extraño en equipos de su nivel, solo que en su caso parece estar ejecutado por los intérpretes apropiados.

Hasta ahora, nadie en el club habla del título. Fieles a su historia, internamente todos prefieren la mesura. Desde afuera, los amantes de los procesos anhelan que esta vez la “U de Conce” les dé la razón.

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