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Opinión: la mejor generación de la historia

por 8 julio, 2015

Opinión: la mejor generación de la historia
Comparando jugador por jugador y puesto por puesto, siete jugadores del plantel de Sampoli quedan inscritos -por el momento- como los más destacados dentro de la extensa bitácora del fútbol chileno.
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Ahora que se apagan los ecos de la Copa América, vuelve el tema: ¿es ésta la mejor generación del fútbol chileno?
Si me preguntan, respondo que sí.

Veo fútbol en cancha desde 1947, cuando tenía cuatro años y mi papá me llevó al Estadio Nacional a ver un partido de la Copa de Campeones: Vasco da Gama-River Plate. Desde ese momento la pelota se me metió en la sangre y la seguí como si fuera una religión. Y desde ese día que estaba soñando con una estrella como la que Chile consiguió el sábado último.

Lloré cuando la Roja perdió el título en el Sudamericano de 1955, la noche de la tragedia afuera, con siete muertos, y el silencio adentro, con el gol de Michelli. Había visto el gol de Jaime Ramírez a Perú, el del 5-4, y no podía imaginar que Chile no fuera campeón… Ya tenía 12 años de edad.

Me entusiasmó la planificada preparación del seleccionado nacional para el Mundial de 1962 y aún conservo las estadísticas que llevaba en un cuaderno, y que después pasé a máquina, de cada uno de los partidos previos. Y cada detalle de los encuentros mundialistas… Ya había cumplido 19.

A los 23 ya era periodista, y desde entonces escondí mis emociones cuando jugaba la selección. Ni siquiera salté con el segundo gol de Salas en el Mundial de Francia, cuando mis colegas se volvieron locos y hasta el relator de la televisión alemana (en cuyo sector vi el partido) gritaba “¡Aleluya!” como si se hubiese acabado el mundo.

¿No vio el gol?, me preguntó uno que me observó impávido… Lo que pasa es que mientras ellos saltaban y se abrazaban, yo anotaba detalles: la persecución de Zamorano, los gestos de Acosta, el abrazo de los defensores con Nelson Tapia.

Me dolió la goleada de Brasil en ese campeonato, pero no lo trasunté.

Me escoció el gol de Bengoechea en Buenos Aires, en la final de 1987, y escribí calladito. Todavía me estremece el cabezazo de Patricio Yáñez que dio en el palo en la definición con Uruguay en 1979, pero escribí sin rencores.

Y así...

Puedo asegurar que vi a todas las selecciones desde ese 1947 en adelante. Y nunca hubo un grupo como el de ahora. Esa generación que tuvo como papá a José Sulantay contó con el desarrollo adecuado. Seguramente hubo otras de similar calidad, como la de Orlando Aravena en el Sudamericano Juvenil de Montevideo, en 1975, pero no cuajaron de la misma forma.

Hoy se puede decir que nunca tantos se juntaron al mismo tiempo para conseguir lo mejor. Por lo general, de los procesos formativos llegaban dos a tres a la gran instancia internacional.

En el Mundial de 1962, la base fue el equipo de Universidad de Chile que pronto se convertiría en el Ballet Azul, que aportó cuatro titulares: Luis Eyzaguirre, Carlos Contreras, Sergio Navarro y Leonel Sánchez. Los suplentes azules eran de generaciones anteriores (Braulio Musso, Jaime Ramírez) o posteriores (Manuel Astorga). Sólo Carlos Campos, que jugó un partido, era del grupo que formó Luis Álamos. En el equipo habitual no había más contemporáneos y tampoco hubo campeonatos en los que midieran sus capacidades. Todo se hizo a base de giras y partidos amistosos.

Acá hubo varios que empezaron en la Sub-17, pasaron a la Sub-20, compartieron en la Sub-23 y ahora están en la Adulta. Y varios de ellos empapan camisetas de los mejores equipos del mundo.

¿Claudio Bravo, Sergio Livingstone o Roberto Rojas?: Bravo. Ya los superó en presencias y en efectividad (menos goles en contra por partido) y es titular en el mejor equipo del planeta.

¿Mauricio Isla, Luis Eyzaguirre o Mario Galindo? Aquí está más difícil: el “Huaso” ha respondido en todas las instancias, el “Fifo” fue seleccionado mundial y Mario Galindo fue el mejor lateral derecho de América durante varios años… Me quedo con Eyzaguirre, porque fue moderno antes de que llegara la modernidad a su puesto.

¿Gary Medel, Alberto Quintano o René Valenzuela? El “Pitbull”, de todas maneras. Sin la estatura de los otros dos, gana tantos o más balones aéreos que ellos porque anticipa mejor, salta más y utiliza bien sus recursos (que algunos llaman mañas). Y porque, además, se desempeña con la misma eficiencia como volante.

¿Gonzalo Jara, Elías Figueroa o Raúl Sánchez? Aquí no hay collera. “Don Elías” les da cancha, tiro y lado no solo a los nombrados sino a todos los centrales de todas las épocas en el fútbol chileno. Si Franz Beckenbauer dijo que le envidiaba la fiereza, la técnica y la frialdad para salir jugando, ¿qué más se puede decir? Hasta parece falta de respeto poner a Jara a su lado, pero se justifica nada más porque fue titular, hasta su desaguisado, en el equipo que ganó la Copa América y porque es de la generación gloriosa.

¿Eugenio Mena, Sergio Navarro o Antonio Arias? Mena queda afuera en esta discusión. Y entre los restantes, me inclino por el capitán de la Selección del 62, fundamentalmente por el logro. El “Chino” tuvo una carrera más prolongada, pero sus éxitos mayores llegaron en su club, Unión Española, más que en la selección.

¿Arturo Vidal, Jorge Toro o Enrique Hormazábal? Aquí hay tres monstruos del fútbol chileno. “Cuacuá” era técnica, desenfado, pase largo y remate. “Il Signore”, casi lo mismo: menos picardía, pero más disciplina. Y “el Rey”, menos disciplina todavía, pero todo lo de los otros y un poco más: cabezazo y despliegue, de partida.

¿Marcelo Díaz, Eladio Rojas o Jaime Pizarro? Elijo a Marcelo Díaz porque es el jugador que le dice al equipo cómo hay que jugar. Es el técnico que todos los entrenadores quieren en cancha: silenciosa e inadvertidamente cambia los ritmos, los tiempos y los modos de encarar el partido. Ni “el Kaiser” ni Eladio tuvieron tanta influencia en el equipo como el “Car’ePato”.

¿Charles Aránguiz, Carlos Rivas, Jaime Ramírez? Aquí hay tres de distintos estilos y de similar rendimiento. Rivas era seco en la entrega y en el remate; Jaime, correcaminos e inteligente; el puentealtino, solidario, quitador, buen acompañante de ataque, gran cumplidor de tareas específicas. Elijo al “Príncipe” por su proyección. Tiene que atropellarlo un bus para que no integre un gran equipo europeo.

¿Jorge Valdivia, Francisco Valdés o Manuel Rojas? Tres talentosos para crear y con buena capacidad de gol. En este último aspecto gana “Chamaco”. En habilidad pura e inteligencia, Manolito. En genialidad, Valdivia. Y por eso lo pongo en mi equipo ideal. Ve lo que otros no ven, hace pasar la pelota por donde otros no imaginan.

¿Eduardo Vargas, Iván Zamorano o Marcelo Salas? Hay que sacarse el sombrero ante los tres. El “Edu” puede andar muy mal en sus clubes y con la Roja se transforma en un goleador temible, el más certero de la era Sampaoli. “Bam-Bam” perforó redes en todas partes, fue “Pichichi” español y es el gran cabeceador sudamericano en los últimos tiempos. Pero el mejor es el “Matador”: habilidoso y certero, es el goleador histórico de la Selección Chilena y fue campeón con cuanta camiseta se puso en Chile, Argentina e Italia.

¿Alexis Sánchez, Pedro Araya o Leonel Sánchez? Al “Chico” le faltó ir a un medio superior; dejó pasar una oferta del Santos de Pelé y se fue a México. Leonel, casi lo mismo: pasó una prueba en el Milan, y prefirió ser cabeza de ratón en Santiago. Alexis, en cambio, no tiene límite: Cobreloa, Colo Colo, River Plate, Udinese, Barcelona, Arsenal. Y tiene cuerda para rato.

Entonces, aunque no me la pidan, mi selección de todos los tiempos es la siguiente: Claudio Bravo; Luis Eyzaguirre, Gary Medel, Elías Figueroa, Sergio Navarro; Arturo Vidal, Marcelo Díaz, Charles Aránguiz; Jorge Valdivia; Alexis Sánchez y Marcelo Salas.

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