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Toronto 2015: Los que cumplieron, los que faltaron, los que sobraron…

por 27 julio, 2015

Toronto 2015: Los que cumplieron, los que faltaron, los que sobraron…
El balance panamericano es positivo solamente en la cantidad de medallas de oro en comparación con Guadalajara. El resto debe, y mucho.
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Estamos tan lejos, que Isidora Jiménez batió récords chilenos en 100 y 200 metros y ni siquiera clasificó para las finales de ninguna de sus dos pruebas. No es culpa de ella, pues cumplió con las expectativas. Porque en los deportes en que la brecha entre nosotros y las potencias es tan notoria, lo mínimo que se exige es que los nacionales, en roce con los mejores, se superen.

Ganar, imposible, pero sí establecer sus mejores marcas. Y varios lo hicieron.

Vamos a los números en frío. En los Panamericanos de Toronto, Chile consiguió 29 preseas: cinco de oro, seis de plata y 18 de bronce. En Guadalajara 2011 se consiguieron tres de oro, 16 de plata y 24 de bronce, para totalizar 43.

Los dirigentes nacionales históricamente han privilegiado las marcas, resultados y total de preseas por sobre la cantidad de medallas de oro. Esta vez, sin embargo, destacan los primeros lugares. “Nuestra meta era mejorar lo que hicimos en Guadalajara, tanto en oros como en podios”, dijo Neven Ilic, presidente del Comité Olímpico de Chile (COCH).

La delegación chilena sólo consiguió lo primero. Las 14 medallas menos pueden explicarse por la gran presentación, por diversos motivos, de Estados Unidos y Canadá, que opacaron a potencias como Brasil y, especialmente, Cuba.

Los locales, en cuatro años, subieron de 30 a 78 oros (totales de 119 y 217). Estados Unidos llegó a 103 doradas y 265 en total (contra 92 y 236 en Guadalajara). Y Brasil, organizador de los próximos Juegos Olímpicos, bajó de 48 de oro en México a 41 en Toronto, y mantuvo su total de preseas: 141.

Lo de Cuba fue más elocuente. Los caribeños fueron segundos en Guadalajara, con 58-35-43, para un total de 136. Ahora consiguieron solamente 97 (36-27-34).

Pero eso no puede explicarlo todo. Chile tuvo deportistas que se superaron, pero otros que apenas cumplieron o que estuvieron lejos de lo que se espera de ellos.

La merma en medallas es un indicio de que varios no repitieron lo realizado en Guadalajara 2011, aunque tampoco ese debe ser el parámetro necesario, pues la mayoría de las veces los deportistas no son los mismos. O están más viejos, como en el caso de Erika Olivera o Karen Gallardo.

Entre los que cumplieron con las expectativas cifradas -e incluso más- se encuentra el vóleibol playa (los primos Grimalt estuvieron a un punto de obtener bronce), las mellizas de 18 años Melita y Antonia Abraham, en el remo; los luchadores Cristóbal Torres y Andrés Ayub y, por supuesto, Bárbara Riveros en el triatlón y Felipe Miranda, en esquí acuático.

Sólo el hándbol, el esquí náutico y el remo fueron las disciplinas que prácticamente repitieron sus logros. Los dos últimos, además, fueron los que más medallas aportaron: dos oros, dos platas y cuatro bronces.

Y de este hecho surge la siguiente interrogante: ¿Valen lo mismo todas las medallas? ¿Es lo mismo conseguir el oro en los 100 metros planos que en los 200 metros contrarreloj del patinaje? ¿Hay deportes más importantes que otros?

Las estadísticas no otorgan puntaje a cada presea, por lo que la respuesta debería ser sí, que valen lo mismo.

Pero no es así. De otra manera, pregúntele a Hans Podlipnik si en lugar de ganar el oro en los dobles no habría preferido ganar en los singles.

Hay deportes que, por masivos, tienen mayor importancia. Y quien no quiera reconocer esto, es que no entiende el deporte competitivo.
En ese sentido, habrá que convenir, por ejemplo, que el bronce de la sanfelipeña Natalia Duco en el lanzamiento de la bala o el de Víctor Aravena en los 5.000 metros tienen mayor “peso específico” que el oro de Felipe Miranda o el de Emanuelle Silva.

Por otro lado, está claro que todos tienen derecho de participar, de jugar, de divertirse. Pero cuando se trata de entrar en competencia (la que sea: Odesur, Panamericanos, Juegos Olímpicos), hay que llevar lo mejor y tratar de ganar. O de foguear a promesas (como en el caso de la muchacha Jiménez o del mediofondista Carlos Díaz o del clavadista Donato Neglia y algunos más).

El gran ausente fue Tomás González, hoy por hoy nuestro único deportista capaz de disputar una medalla en los próximos Juegos Olímpicos.

El gimnasta prefirió cuidarse de una dolencia para llegar en forma al torneo que le dará casi con seguridad su acceso a Río de Janeiro.

Pero se le extrañó, y mucho.

Otro que se extrañó fue el decatleta Gonzalo Barroilhet, quien desistió a último minuto debido a una lesión en el tendón de Aquiles y que podría haber batido su récord.

Pero lo que no se explica es la presencia de otros deportistas que ni se superaron ni tienen proyección. Como las damas de los bolos (una de ellas de 27 años, la otra de 43), últimas en todas las pruebas, individuales y por equipos. Y para qué hablar de Carlos Oyarzún y Cristopher Guajardo, nuestros dos dopajes.

Al menos los representantes de la arquería, aunque no estuvieron cerca, son jóvenes y pueden aprender del fracaso.

No fueron las únicas decepciones. En el tenis, por ejemplo, por ranking, experiencia y sus buenos resultados previos, Podlipnik debió disputar la medalla de oro. Lo mismo que Kristel Kobrich en las aguas abiertas (aunque luego se reivindicó con una excelente y emocionante carrera en los 800 metros estilo libre).

También pudieron y debieron hacer más Felipe Aguilar en el golf y Francisca Crovetto en el tiro skeet. Ambos eran favoritos y no respondieron. El golfista lo asumió con hidalguía y amor propio.

O los ciclistas, especialmente en la rama masculina, quienes retornan sin siquiera oler de lejos una medalla, en ninguna de las pruebas en que participaron.

En el plano de la decepción también hay que agregar a atletas que estuvieron lejos de sus mejores marcas, como Daniel Pineda (salto largo), la ya nombrada Karen Gallardo (disco), los marchistas (¿cuándo no serán descalificados?), Humberto Mansilla (martillo) y Macarena Reyes (salto largo).

Otros fiascos: esgrima, equitación (aunque Samuel Parot estuvo cerca, al final cayó estrepitosamente y no clasificó a la final), bádminton, judo, pentathlon, tenis de mesa, rugby seven, racquetball y squash.
Todos demostraron que estamos lejos, muy lejos de las potencias.

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