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Alza de impuestos y molestias PS-PPD

por 28 junio, 2003

La postura de la DC no sólo puede reducirse a un problema de lealtad, como se desprende de las reacciones del bloque progresista de la alianza gobernante. Su oposición ha puesto en fuerte tensión la supervivencia de dicha alianza, ya que ha roto otra vez las confianzas recíprocas entre sus integrantes.
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La aprobación de la propuesta tributaria que presentó el Presidente Lagos, provocó una vez más fuertes recriminaciones al interior del bloque oficialista, lo que empañó una jornada que habría permitido al Gobierno lograr la aprobación del aumento del IVA y los tributos al diesel, al alcohol y al tabaco.



El tributo de los alcoholes se cayó, pese a las afiebradas negociaciones del Ministro de Hacienda y otros personeros gubernamentales para quebrar la defensa corporativa que el senador democratacristiano Jorge Pizarro ya había anunciado, en defensa de los pisqueros del Valle del Elqui.



A pesar de la aparente compresión del titular de Hacienda, con relación a que la Concertación es una alianza diversa y, por lo mismo, no siempre llegará a un consenso del cien por ciento, lo cierto es que este rechazo al incremento del impuesto a los alcoholes ha reabierto las molestias del PS y PPD con la tienda que encabeza el senador Adolfo Zaldívar. En efecto, los partidos Socialista y Por la Democracia han señalado su profundo rechazo a la actitud de la falange, amenazando con ser una gota más que rebalse, nuevamente, la ya repleta olla de odiosidades al interior de la coalición de Gobierno.



Aparece ante la opinión informada como una seria contradicción al menos que, a pesar del apoyo públicamente prometido por la dirigencia DC al paquete de impuestos del Gobierno, el resultado práctico fuera que el bloque PS-PPD quedara como insensible a las peticiones de "los pequeños productores de uva y pisco", para que no se concretara el alza tributaria planteada, porque se ponía en serio riesgo su supervivencia.



Sin embargo, el tema de fondo es que los partidos del Presidente Lagos se tragaron un sapo de proporciones colosales, pues no obstante que Gonzalo Martner y Guido Girardi pensaban que un alza del IVA y otros impuestos no eran los mejores instrumentos, vieron que no había otra alternativa viable en lo inmediato para financiar la agenda social del Gobierno.



La segunda etapa que ahondará el capítulo de molestias PS-PPD con la DC se escribirá la próxima semana en la Cámara Alta, cuando el Presidente Lagos reponga el tributo al alcohol. Se dice que esta es una señal de advertencia del Gobierno hacia la DC por su negativa a aprobar los impuestos en la Cámara de Diputados.



Para nadie es un misterio la molestia que produjo en el Primer Mandatario el referido rechazo y las consecuencias de éste en los planes sociales, tales como el Plan AUGE y Chile Solidario. El Presidente, al anunciar la reposición del impuesto de alcoholes en el Senado, advirtió que el que quiere votar en contra, que vote en contra, dando a entender que quienes así lo hagan tendrán que responder ante el electorado.



Esta determinación del Presidente Lagos resulta ser bastante dudosa, no por su necesidad, sino porque indica que carece de los votos requeridos para su aprobación. Todo conduce a pensar que los senadores DC votarán como lo hicieron sus colegas en la Cámara Baja. Si a este escenario sumamos la oposición que votará cerradamente en contra, a los senadores institucionales que son una incógnita y al díscolo Nelson Avila, lo que espera al Gobierno no es precisamente un lecho de rosas.



Muchos analistas políticos se preguntarán por qué se llegó a este impasse entre el Gobierno y uno de los partidos más importantes de la coalición gobernante. Las respuestas pueden variar, pero queda claro que por lo menos faltó pericia política por parte del Gobierno para prevenir este resultado y lealtad de la DC con el Gobierno.



Desgraciadamente, la postura de la DC no sólo puede reducirse a un problema de lealtad, como se desprende de las reacciones del bloque progresista de la alianza gobernante. Su oposición ha puesto en fuerte tensión la supervivencia de dicha alianza, ya que ha roto otra vez las confianzas recíprocas entre sus integrantes, lo que más que un triunfo de la DC por haber impuesto sus planteamientos, debe interpretarse como un debilitamiento de la coalición para enfrentar los futuros desafíos electorales como conglomerado, sobre todo en momentos en que el liderazgo político del Presidente Lagos se ha fortalecido ante el país y la Concertación. Jugar con fuego, puede no ser una buena estrategia.



(*) Analista Político.



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