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Las facetas de Piñera

por Ramón Briones y Hernán Bosselin 26 enero, 2012

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Señor Director:

A dos años de la fecha en la que el actual Presidente de la República obtuvo el derecho a gobernar el país  resulta interesante hacer un análisis respecto de ciertas afirmaciones, que ya por repetidas, han ido consolidando una imagen presidencial, que quizás  no corresponde a la realidad.

En efecto,  se  ha elaborado una teoría en el sentido que el Presidente no ha estado en sus actuaciones cotidianas a la altura del cargo  que ha sido investido, atendido  a que efectúa demasiadas apariciones en los medios de comunicación, maneja  helicópteros públicos y privados,  bucea, juega  futbol y practica  otras actividades que son comunes al resto de los ciudadanos.

Asimismo se ha conformado un lugar común el decir que él aparece  sobreactuando sobre sus ministros, tomando demasiadas decisiones  directamente e incluso contradiciéndolos, siendo el ejemplo más  comentado  el ocurrido con su abrupta decisión de tener una interlocución directa con los  estudiantes movilizados hace unos meses.  Otras veces aparece distante de los partidos de la alianza, dejándolos en una aparente gran libertad de acción.

También se ha ido consolidando la idea de que él de pronto efectúa afirmaciones que pareciera no haber meditado, en sus efectos tanto en su propia coalición como  en el país, como es el caso de lo ocurrido a propósito de su exigencia perentoria de que el cambio del sistema electoral y el tributario deben ser objeto de consensos amplios de las  fuerzas políticas que hoy están representadas en el Congreso Nacional.

Junto a lo anterior se admite por la mayoría de los comentarios que el Presidente posee una gran capacidad de  trabajo, una preparación que nadie pone en duda y que sus actuaciones responden a la de una persona incuestionablemente inteligente. Esta, por cierto  también comete errores propios de su naturaleza humana o que encuentran su origen en su tan particular visión de la realidad nacional.

Se produce así una aparente paradoja sobre la que quisiéramos decir sólo que debe considerarse para el debido análisis de la cuestión que es altamente probable que las conductas que se critican del Presidente sean esas precisamente las que él ha decidido para construir su auténtica imagen pública. Queremos decir que cuando él se comporta en su vida cotidiana o en el ejercicio del cargo en determinada forma, no es precisamente por arrebatos emocionales, sino que se trata de decisiones altamente estudiadas por una persona que fue reconocida en su vida privada  precisamente por la velocidad y oportunidad de sus acciones, por lo cual lo lógico es pensar que sus conductas corresponden a las que él desea tener en el ejercicio del cargo de Presidente de  la República.

Resultarán así muy equivocados los análisis de editoriales y comentaristas  en orden a considerar  el actuar del Presidente como producto de actitudes pocos meditadas o  frívolas, sino consideramos que es altamente posible que se trate de todo lo contrario y como aún quedan dos años de su mandato, que serán los más difíciles, por tener que interactuar con procesos electorales complejos y en una sociedad bajo un creciente y complejo cambio, será mejor tener también presente esta óptica que podría ser la correcta. Más aún si consideramos, desde otra perspectiva, que el actuar a veces muy emocional del primer Magistrado de la República podría estar demostrando una sana inteligencia emocional que será muy necesaria en una época de grandes tensiones sociales que no pueden ser canalizadas exclusivamente con criterios tecnocráticos.

Ramón Briones Espinosa,
Hernán  Bosselin Correa
Abogados.

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