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Reconstrucción: una tercera opinión está faltando

por 28 febrero, 2012

Si el día de mañana nuestra zona o terruño sufre de una implacable sequía, crisis económica, o una epidemia, debemos tener claro si después de dos años del 27 de febrero aumentamos o no nuestras capacidades de adaptación, de coordinación y de colaboración para enfrentar otra amenaza de envergadura.
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Entre el fuego cruzado del gobierno y la oposición por las cifras de cuánto se ha reconstruido, hace falta sin duda una tercera opinión. Me refiero a voces que tengan otro punto de vista en esta necesaria evaluación a dos años de la catástrofe del 27 de Febrero.

Las organizaciones sociales, los mismos damnificados, el ciudadano de a pie, no tiene en general un canal de expresión propio que levante sus prioridades al momento de hacer un juicio de lo que ha significado reconstruir.

Y quizá en esta línea no hemos reparado suficientemente de qué estamos hablando cuando pensamos en este concepto.

Porque reconstruir un territorio no solo pasa por reponer la infraestructura vial y la vivienda, sino también en considerar cómo se rearma un complejo sistema de vida. Cómo se reconstruye el tejido social y productivo, cómo se reconstruyen los planes de vida familiares, cómo cambian los sentidos y confianzas de una comunidad golpeada.

Si el día de mañana nuestra zona o terruño sufre de una implacable sequía, crisis económica, o una epidemia, debemos tener claro si después de dos años del 27 de febrero aumentamos o no nuestras capacidades de adaptación, de coordinación y de colaboración para enfrentar otra amenaza de envergadura.

Y lo que nos debiera interesar es mirar si como nación y pueblo estábamos suficientemente preparados, y si teníamos o no las capacidades suficientes para hacerle frente con éxito a un evento traumático como el que vivimos hace justo dos años. Y no hablo exclusivamente de un terremoto o tsunami, sino de cualquier otra catástrofe que pueda golpear nuestros formas y estilos de vida.

Si el día de mañana nuestra zona o terruño sufre de una implacable sequía, crisis económica, o una epidemia, debemos tener claro si después de dos años del 27 de febrero aumentamos o no nuestras capacidades de adaptación, de coordinación y de colaboración para enfrentar otra amenaza de envergadura.

En este sentido, creo que actualmente, hacer solo una evaluación de las obras realizadas en vivienda e infraestructura urbana es necesario, pero altamente insuficiente, y requerimos un enfoque más amplio para evaluar nuestro avance como país en materia de catástrofes y crisis futuras.

Entonces, y para complementar los juicios del gobierno y oposición respecto de avances, ritmo y pertinencia de las políticas públicas en materia de reconstrucción, debemos mirar la evaluación ciudadana de sus propios procesos de reconstrucción personal, social y cultural. Un aporte a ello, es la Consulta Nacional sobre Reconstrucción que esta semana están realizando más de 100 organizaciones funcionales y territoriales, y que entregará un punto de vista nuevo y alternativo del que hacen y difunden con amplia tribuna el gobierno y la oposición política.

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