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Allende y la izquierda del mañana

por 29 mayo, 2012

Allende y la izquierda del mañana
Durante la Unidad Popular, efectivamente ocurre en parte lo indicado por Aylwin. Más allá de la presencia de una derecha que buscaba su término a cualquier precio y de un apoyo norteamericano hacia éstos esfuerzos (a los cuales se encontraban sumados sectores de la DC) Allende no fue capaz de generar la debida unidad de criterios al interior de su coalición. Partiendo por su propio partido. Buena parte de la izquierda era más “UP” que allendista. Efectivamente, en ese escenario careció de las herramientas de liderazgo político para haber generado un escenario distinto.
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El ex Presidente Salvador Allende se cuenta, qué duda cabe, entre las figuras más relevantes de nuestra historia. Es por eso que las declaraciones del ex mandatario Patricio Aylwin sobre su legado merecen una consideración respecto de la evaluación de éste.

Parece pertinente separar la figura de Allende de la Unidad Popular. La segunda corresponde a un proyecto colectivo de las fuerzas de izquierda de la época. Por el contrario, Allende excede como actor político ese momento.

Su historia puede ser dividida en tres períodos. El primero como dirigente socialista y parlamentario donde se configuran en él un ideario socialista alejado de la socialdemocracia europea (como le señaló a Bruno Kreisky, los consideraría un grupo de burgueses) y por otro, si bien admira los procesos políticos de países como Vietnam, Cuba y la experiencia del Che, considerará que el camino chileno al socialismo pasa por una vía distinta. Por nuestra tradición parlamentaria, no podían ser modelos a seguir. Es así como en su etapa anterior a la UP, Allende madura un proyecto de socialismo, pero por una vía distinta hacia él. En él convivirán su admiración por los procesos revolucionarios, pero su respeto a la tradición institucional en la cual se formó.

La izquierda chilena se debatirá en los próximos años entre una consolidación socialdemócrata y quienes buscan nuevas formas interpretativas de la democracia vía proyectos más radicales como los experimentados por el Evismo y el Kirchnerismo. En eso, su disyuntiva transitará entre “razón populista” o “democracia representativa”.

Durante la Unidad Popular, efectivamente ocurre en parte lo indicado por Aylwin. Más allá de la presencia de una derecha que buscaba su término a cualquier precio y de un apoyo norteamericano hacia éstos esfuerzos (a los cuales se encontraban sumados sectores de la DC) Allende no fue capaz de generar la debida unidad de criterios al interior de su coalición. Partiendo por su propio partido. Buena parte de la izquierda era más “UP” que allendista. Efectivamente, en ese escenario careció de las herramientas de liderazgo político para haber generado un escenario distinto. El socialismo de “vino tinto y empanadas” fue más  un “deseo” que un programa articulado. Sumado a un manejo económico desastroso.

Por último, Allende logra en su día final que reaparezca el político de su época parlamentaria y logra transformar ese minuto de derrota en su propio éxito. En eso es una figura trágica. Su destino violento determina su paso a la historia. Se transforma en  una figura mítica de la izquierda internacional.

Sin esa comprensión de su impacto y resonancia, la derecha nunca ha logrado dimensionar que parte del rechazo a Pinochet se debió al prestigio, previo a su gobierno, que el mismo Allende ya tenía. El derrocamiento violento de lo que significaba produjo un impacto mundial. Las violaciones a los  derechos humanos, agudizaron el desprestigio de la Dictadura.

Como todo pensamiento político, el proyecto allendista no puede ser disociado de su época. Por eso es imposible pensar, con o sin DC, una reedición de éste.

Las fuerzas de izquierda, luego de una fuerte autocrítica de lo obrado en esa experiencia, tendrán un segundo momento fundacional con su construcción de un proyecto socialdemócrata en los gobiernos de la Concertación. En eso, Lagos representó un ideario postallendista.

La Concertación, si llegase a izquierdizarse, no estará dada por el ingreso del PC. Este último sufrirá todas las tensiones que han experimentado los partidos de igual signo que han llegado, en coalición con fuerzas de izquierda democrática, al poder. Si su peso específico es menor, tienden a mimetizarse con la mayoría y se transforman en una fuerza más del establishment socialdemócrata. Basta ver lo que ocurrió con el PC francés en la coalición de Jospin.

La izquierda chilena se debatirá en los próximos años entre una consolidación socialdemócrata y quienes buscan nuevas formas interpretativas de la democracia vía proyectos más radicales como los experimentados por el Evismo y el Kirchnerismo. En eso, su disyuntiva transitará entre “razón populista” o “democracia representativa”. Los actores que marcarán la diferencia serán los movimientos sociales. De cómo respondan las fuerzas de la izquierda progresista a ellas, dependerá el rumbo que tomen.

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