martes, 26 de enero de 2021 Actualizado a las 22:03

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Universidades, lucro, diálogo y descalificaciones

La mayoría de los entendidos ha puesto durante muchos años el acento en la importancia de la educación como la forma ideal, aunque a largo plazo, para lograr mayor igualdad de oportunidades y un camino cierto para corregir la desigualdad entre los más ricos y los más pobres. Si el señor Beyer, ministro de Educación, dice lo contrario, el asunto tiene que ver con algo más que el lucro, aunque posiblemente el exceso de lucro es una de las causas de que ciertas universidades no entreguen una educación realmente de calidad que sirva para corregir las desigualdades en las oportunidades.
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Siempre hemos pensado que para dialogar se requieren al menos dos actitudes. Una dosis de sinceridad en lo que se promueve con el diálogo y un mínimo reconocimiento a lo que representa nuestro ocasional interlocutor.

El tema educacional universitario está sin duda en el centro de uno de los aspectos que requieren diálogo en Chile. Veamos algunas opiniones importantes.

El señor Ministro de Educación en entrevista del día sábado 23 de junio de 2012 en el diario La Tercera, preguntado sobre el tema del lucro en la educación universitaria privada, señala que esa cuestión primitivamente no se vio como un problema y que el mundo político cuando no ve grandes problemas no reacciona y continúa que todos estábamos contentos con el aumento de la cobertura. Expresaba finalmente que “se pensaba que el acceso a la educación superior era el camino para corregir la desigualdad”.

La mayoría de los entendidos ha puesto durante muchos años el acento en la importancia de la educación como la forma ideal, aunque a largo plazo, para lograr mayor igualdad de oportunidades y un camino cierto para corregir la desigualdad entre los más ricos y los más pobres. Si el señor Beyer, ministro de Educación, dice lo contrario, el asunto tiene que ver con algo más que el lucro, aunque posiblemente el exceso de lucro es una de las causas de que ciertas universidades no entreguen una educación realmente de calidad que sirva para corregir las desigualdades en las oportunidades.

Otro personero, Presidente del Consejo Nacional de Televisión actual, dice que el lucro existía,  aunque él lo llama intercambio de dinero, utilizando una forma eufemística.

El rector de la Universidad del Desarrollo refiriéndose a un informe de la Cámara de Diputados dice que sería sesgado y que solo miraría las fallas o errores en las universidades privadas y se olvidaría de lo que ocurre en el sector universitario estatal.

Miembros destacados de la Concertación atacan desde el punto de vista jurídico constitucional el trabajo de los diputados y otros personeros defienden las universidades privadas en que participan señalando que educan a personas de poca calificación y escasos recursos y que eso es un mérito.

Es difícil si uno mira el contexto de estas opiniones buscar un diálogo, pero es incuestionable que esas opiniones clarifican enormemente el problema, en cuanto reconocen un lucro ilegal que ha afectado los sectores universitarios privados y públicos, que se ha materializado bajo diversos subterfugios; no se discute seriamente que todo ello ha desarrollado un poderoso sector privado universitario que sirve de sostén ideológico a una visión política ideológica de derecha, y que además cumple algunas finalidades incuestionables en la formación de la juventud chilena.

Sin embargo, estos acuerdos básicos debemos confrontarlos con las palabras del señor Ministro. Si todo lo que se hizo en educación superior se pensó que serviría para disminuir la desigualdad y después de 25 años o más  se nos dice que eso fue un espejismo, el asunto adquiere una gravedad mayúscula.

La mayoría de los entendidos ha puesto durante muchos años el acento en la importancia de la educación como la forma ideal, aunque a largo plazo, para lograr mayor igualdad de oportunidades y un camino cierto para corregir la desigualdad entre los más ricos y los más pobres. Si el señor Beyer, ministro de Educación, dice lo contrario, el asunto tiene que ver  con algo más que el lucro, aunque posiblemente el exceso de lucro es una de las causas de que ciertas universidades no entreguen una educación realmente de calidad que sirva para corregir las desigualdades en las oportunidades.

A nuestro juicio, sin embargo, tal visión no es suficiente ya que estamos ante un problema estructural de la sociedad chilena que dice relación con una gran concentración económica en los mercados que ha entregado la suficiente arquitectura y medios operativos para mantener la desigualdad en la distribución  del progreso. Por ello ni la pura educación de buena calidad, eventualmente aún sin lucro en su estrato superior, otorgará los medios necesarios para corregir el mal de fondo señalado. Por el contrario es altamente probable que lo que se produzca sea una mayor frustración en personas jóvenes con algunos mayores grados de preparación intelectual, que verán como los sueños que cultivaron en la universidad con fines de lucro, como lo son casi todas, no quedarán más que en sueños y en rabias que irán creciendo.

La educación aún de calidad no hará un Chile distinto, sino se corrigen otras graves distorsiones como la concentración económica.

Pareciera, así, que no existe, salvo en los discursos, bases para un diálogo constructivo y efectivo en educación. Los otros diálogos políticos son, desde esta perspectiva, de poca monta.

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