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Partidización en la academia: réplica a García y Verdugo

por 20 agosto, 2012

Para alguien que reconozca la imposibilidad de la neutralidad en la teoría social, es algo perfectamente legítimo y aceptable. El punto es que un reconocimiento tal les impediría a García y Verdugo denunciar la politización del INDH sin advertir la partidización de la academia operada por ellos mismos.
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Mis colegas José Francisco García (Libertad y Desarrollo) y Sergio Verdugo (Universidad del Desarrollo) han criticado recientemente al Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) de promover una “agenda sesgada” de derechos humanos (DD.HH). Como explicación de este ‘sesgo’ enarbolan contra el INDH la acusación, tan propia de la teoría de la public choice, de ser víctima de captura por parte de grupos de interés; en este caso, las agrupaciones de derechos humanos y los movimientos sociales. ¿Es esta una acusación que merezca nuestra alarma?

El problema con la acusación de García y Verdugo, a mi parecer, es que ella peca de poco jurídica. Es decir, ella resuelve renunciar a la reconstrucción racional de los principios de justicia política que animan al legislador y al órgano administrativo en cuestión, actividad que es labor propia de la ciencia jurídica. En ausencia de dicha reconstrucción, por supuesto que la labor del INDH aparece como el resultado de la acción de grupos de presión. Incluso más, y como lo evidencia la teoría crítica del derecho, desde esa perspectiva todo el Derecho y toda la acción del Estado se revelan como el producto de la presión de distintos grupos de interés; de los cuales, ciertamente, las agrupaciones de DDHH y los movimientos sociales no son precisamente los más poderosos ni influyentes.

Para alguien que reconozca la imposibilidad de la neutralidad en la teoría social, es algo perfectamente legítimo y aceptable. El punto es que un reconocimiento tal les impediría a García y Verdugo denunciar la politización del INDH sin advertir la partidización de la academia operada por ellos mismos.

En ausencia de dicha reconstrucción en la crítica de García y Verdugo, permítaseme formularla aquí. El INDH busca, a través de los mecanismos que le entrega la ley, cumplir la promesa constitucional de la igualdad de manera sensible a las estructuras de poder socialmente existentes. En efecto, nuestra Constitución declara la igual dignidad y derechos de todos los integrantes de la comunidad nacional; pero, como es evidente, dicha proclamación no es una afirmación de carácter descriptivo sino prescriptivo, que impone al Estado el deber de actuar para hacerla realidad.

En consecuencia, el Estado debe contribuir a crear cierto conjunto de “condiciones sociales”, como dice el Artículo 1º de la Constitución, que permitan a todos y a cada uno de los integrantes de la comunidad nacional su mayor realización espiritual y material posible. Y si ciertos grupos sociales se encuentran estructuralmente desaventajados en la búsqueda de tal realización debido a razones culturales, geográficas, económicas e históricas, el INDH no hace sino interpretar correctamente su mandato constitucional y legal al defenderlos y promoverlos. Esa, y no otra, es la lógica que subyace a la agenda de DDHH. Cabe señalar que la recientemente promulgada Ley Antidiscriminación está inspirada por la misma racionalidad, por los mismos principios de justicia política aquí delineados.

Ahora bien, la crítica de García y Verdugo me parece indiciaria de otro problema. Ellos acusan desde espacios académicos la politización de un organismo estatal mediante una aplicación selectiva del instrumental crítico de las ciencias sociales contemporáneas. ¿Qué hay detrás de dicha selectividad? No resulta muy difícil intuirlo, tomando en cuenta las instituciones desde las cuales hablan. Lo que subyace a dicha crítica es la agenda política de la derecha liberal-conservadora chilena. Eso, para alguien que reconozca la imposibilidad de la neutralidad en la teoría social, es algo perfectamente legítimo y aceptable. El punto es que un reconocimiento tal les impediría a García y Verdugo denunciar la politización del INDH sin advertir la partidización de la academia operada por ellos mismos. Mal que mal, como dice el Evangelio, no es aceptable ver la paja en el ojo ajeno sin advertir la viga en el propio.

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