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Calentamiento social

por 7 septiembre, 2012

La incipiente aparición de nuevos movimientos ciudadanos con cara de partidos políticos, como Red Liberal o Revolución Democrática, me parece que se orientan en el camino correcto, donde ciertamente el sistema binominal hace el camino más difícil, pero no por eso no transitable.
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El artículo publicado por Financial Times el lunes recién pasado, que hace mención a los hechos ocurridos en Chile durante las últimas semanas, que cuenta de la utilización de los resultados de la encuesta Casen 2011 y que la compara con el discutido manejo de cifras por parte del Banco Central argentino, es un ejemplo más de la crisis de legitimidad en que se encuentra nuestro sistema político. A este hecho, es posible agregar —entre otros— la ausencia de varios diputados de oposición al votar el informe del lucro, la aprobación del salario mínimo luego de mucho hablar y poco avanzar, el mantenimiento de un sistema binominal que juega al empate permanentemente y mantiene un equilibrio que día a día parece ser menos deseado.

Lamentablemente las señales que se ven en el horizonte no soy muy auspiciosas, al menos para quienes quieren cambios de orden estructural. Una evidencia clara es el potencial regreso de Michelle Bachelet para ser la candidata de la Concertación y que según las encuestas no tiene rival que siquiera la haga sombra por el momento. Las opciones —sin riesgo de amenaza aún— son el actual ministro Golborne, quien representa una opción similar y quizás más cercana a la UDI que el gobierno actual, de carisma simpático que saltó a la fama tras un hecho fortuito y que revela las condiciones en que trabajan nuestros trabajadores; Andrés Velasco, el ex ministro de Hacienda de Bachelet que no logra entusiasmar, quizás por su carácter frío asociado a un perfil tecnócrata; Franco Parisi, un outsider carismático y oportunista que aprovecha sus conocimientos económicos, para posicionarse en algunas encuestas, entre otros candidatos con menor figuración.

Lo contradictorio de todo esto es que la ex Presidenta Bachelet, reconocida por su carisma y cercanía con la ciudadanía, en caso de ser electa gobernará muy probablemente con quienes la sociedad critica y reprueba, tanto así que por más de un año han figurado con un nivel de aprobación menor al 20% en las diversas encuestas: la Concertación. ¿Qué hay detrás de todo esto? Quizás la demagogia impulsada principalmente por sectores de centro derecha y adoptada por algunos sectores de centro izquierda, que señalan que “la gente vota por las personas”, como si existiera una suerte de trono milagroso en que la autoridad electa hace lo que ella quiere sin importar partidos políticos y la institucionalidad, lo cual sería más bien equivalente a una dictadura.

Ahora bien, ¿hay una ciudadanía que exige cambios? Me parece que sí. ¿Nuestra institucionalidad se hace cargo de esa exigencia? Me parece que no, pero ¿al menos hace un esfuerzo? Me parece que muy pequeño si es que lo hace. En general nuestro Congreso se ha encargado de demostrarnos que ellos ven los problemas de otra manera, visualizan otro país, lo cual se traduce en una falta de sintonía o derechamente una crisis de representatividad y por lo tanto de legitimidad. El ejecutivo, por su parte, trata de derivar los problemas al parlamento porque es bien poco probable que algo ahí ocurra mientras exista el sistema binominal como telón de fondo.

Todo esto hace que la idea del calentamiento global tenga un símil en nuestro sistema político: el calentamiento social. El principal efecto que causa el calentamiento global es el efecto invernadero, situación deseada, pero que en los niveles actuales de concentración de gases en la atmósfera provoca una aceleración del proceso no deseada, impidiendo la salida de parte de la radiación que emite el suelo y aumentando la temperatura del planeta.

Pues bien, en el terreno político cabe preguntarse, ¿quiénes serían los gases que impiden los cambios y hacen que aumente la temperatura de la ciudadanía? Claramente, lo son nuestros parlamentarios, autoridades de gobierno, presidentes y autoridades de partidos políticos que administran el poder con un nivel de concentración mayor al requerido y que hace que esto sea visto como una especie de secuestro de los ideales. Entiéndase bien esto: no abogo por su desaparición, son necesarios, pero también lo es la participación y que los deseos de cambio sean representados.

Esta misma escasez de participación es la que se puede observar al interior de los partidos políticos de la Concertación y de gobierno, donde los militantes en su mayoría no son escuchados por sus propios dirigentes. Si estos militantes no son escuchados, ¿qué se puede esperar para el resto de la ciudadanía no militante?

La incipiente aparición de nuevos movimientos ciudadanos con cara de partidos políticos, como Red Liberal o Revolución Democrática, me parece que se orientan en el camino correcto, donde ciertamente el sistema binominal hace el camino más difícil, pero no por eso no transitable. Es precisamente así como creo se debe enfrentar este calentamiento social, actuando más allá de la tomas, que si bien cumplen un efecto mediático no contribuyen mayormente en la construcción de la sociedad que queremos. Es hora de actuar, a la democracia cuesta recuperarla como para no intentar oxigenarla ahora.

(*) Texto publicado en El Quinto Poder.cl

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