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Pasen a ver el SIPCO

por 23 septiembre, 2012

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Probablemente la estabilización del precio de los combustibles es uno de los temas más aburridos sobre los que se puede escribir una columna. Así que podemos pensarlo de otras formas más atractivas, como redistribución de la riqueza o manipulación de la población que desconoce el tema.

Primero que todo, para discutir este tema deberíamos sentar algunas bases. La primera es que, aunque el precio del petróleo tiene ciclos anuales que hacen que suba en la primavera chilena, la tendencia general es, y siempre va a ser, al alza. ¿Por qué? Economía básica, el petróleo es cada vez más escaso y quienes lo venden se comportan como un cartel. Entonces, habría que preguntarse ¿Qué es sensato de esperar de un sistema de estabilización de precios? Eso mismo, que lo estabilice, que no suba una semana 30 pesos y baje 20 la próxima, sino que mantenga su tendencia al alza pero sin grandes vaivenes.

Sólo un puñado de gente sabe cómo opera este mecanismo. En resumidas cuentas, tal como sucedió con la reciente reforma tributaria, esta es una nueva ocasión en que el gobierno aduce ayudar a la clase media y termina creando beneficios para los más ricos.

Aquí viene entonces la pregunta central. ¿Por qué al gobierno le interesa tanto flexibilizar el SIPCO? La respuesta inmediata sería por la opinión pública. La gente reclama si la bencina sube semana a semana y gracias al SIPCO el gobierno puede subsidiar el alza manteniendo constante el precio para el público.

Sin embargo, el asunto es mucho más profundo que una simple medida comunicacional. A diferencia de los anteriores fondos de estabilización, como el FEPP o el FEPCO, el dinero del SIPCO no viene de un fondo, sino que se traduce en una reducción del impuesto específico y, en último término, viene directamente de las arcas fiscales. Un fondo consiste en una cantidad determinada de dinero destinada, en este caso, a la estabilización de precios. Si el sistema está bien diseñado, el fondo no debería perder ni ganar dinero, ya que hay un precio de tendencia establecido. Así, cuando el precio se escapa del límite superior de la banda el sistema inyecta dinero, pero cuando el precio baja mucho, lo recupera. Si el dinero de un fondo se acaba, habría que crear un nuevo fondo.

En tal caso, sería necesario pasar por nuevas discusiones en el Congreso, donde habría que dar explicaciones de por qué se acabó, cómo se gastó el dinero y si es una buena idea seguir inyectando dinero a los combustibles. Como el SIPCO no es un fondo, el dinero destinado para este fin nunca se puede acabar (a no ser que el Estado mismo se quede sin ni un peso) y, por lo mismo, no pasa por un mayor control por parte del poder legislativo. Además, mientras más flexible sea el sistema, más posibilidades hay de utilizarlo como un sistema de subsidio en vez de un sistema de estabilización de precios. Esto, porque el gobierno tiene especial cuidado en que el precio no suba, pero la preocupación no es la misma cuando baja.

En el SIPCO ya existían muchas formas de manipular el precio “de tendencia” y con el proyecto que se aprobó el miércoles 12 de septiembre ahora hay aún más formas. Como el dinero del SIPCO viene directamente de tesorería, puede reducir el impuesto específico y, en casos extremos, podría incluso cancelarlo. ¿Cuál es el problema? Hace bastante tiempo que se tantea la posibilidad de eliminar el impuesto específico a la bencina “¡Genial! ¡Pagamos menos!”, piensa la gente, pero quienes realmente pagan menos son quienes poseen automóviles. Hay quienes argumentan que la clase media también posee automóviles o que el transporte público también se encarece con las alzas a la bencina. De acuerdo a la vilipendiada Casen, el ingreso per cápita de una familia de clase media se ubica entre $90.553 y $243.535. No sé si les alcance para un auto, y si les alcanza no llegan a tener varios, como es el caso de los más ricos. El caso del transporte público es aún más simple, ellos utilizan diesel.

El impuesto específico es un impuesto progresivo, pues está aplicado a los más ricos y, de la forma que se utiliza el SIPCO, está rebajando el impuesto específico, o sea, esta subsidiando a quienes más dinero tienen en nuestro país. Con esto, no es necesario debatir sobre si queremos o no eliminar dicho impuesto, pues ya encontraron una forma de aminorarlo. Lo peor de todo es que incluso si la prensa anuncia lo que está pasando, nadie puede reaccionar, porque nadie entiende cuál es realmente el problema. Sólo un puñado de gente sabe cómo opera este mecanismo.

En resumidas cuentas, tal como sucedió con la reciente reforma tributaria, esta es una nueva ocasión en que el gobierno aduce ayudar a la clase media y termina creando beneficios para los más ricos.

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